Buenas escenas en malas películas: la Orden del Fénix
¡Bienvenidos pasajeros! De todas las franquicias mainstream de fantasía, debo admitir que la que menos me gusta es Harry Potter. Disfruto todos los libros en mayor o menor medida, pero creo que las películas sufrieron un grave descenso de calidad después de la tercera entrega, no sólo como adaptaciones, sino como obras cinematográficas.
En algún lugar de este blog está mi ranking de dichas cintas, no tengo intención de repetirme mucho, pero debo reiterar que hay un hombre al que responsabilizo de mi desilusión más que a ningún otro: David Yates, que creo que hizo un daño irreparable a la franquicia no sólo con un estilo directorial plano, el único director del Mundo Mágico que no eleva un guion que siempre tuvo problemas, sino con un deficiente trabajo en los spin-off, incapaz de imponerse a los peores impulsos de la autora/guionista.
Cuando la gente habla de Harry Potter, la primera palabra que utilizan es "mágico", con lo que quieren decir en realidad inmersivo, y aunque no niego que las cintas tienen mucho mérito, sobre todo en cuanto a lo que concierne a diseño de producción, la construcción de mundo siempre me dejó un poco insatisfecho.
No fue hasta hace poco que descubrí un primer indicio de esa sensación, y fue cuando leí en una novela de fantasía un duelo de hechiceros. Eso, en paralelo con excelentes coreografías que he visto, sobre todo en animación, me permitió expresar con palabras lo que siempre habia intuido: los duelos en Harry Potter me parecen en extremo aburridos, incluso los mejor montados de ellos a nivel técnico, pues no veo sino un lamentable desperdicio de creatividad en limitar los combates a, en el mejor de los casos, hacer conectar dos haces de luz hasta que uno se impone al otro.
Hay una excepción a esta decepcionante guerra, e increíblemente viene de la era Yates de la franquicia. La orden del Fénix no es la peor, de hecho es de las mejorcitas en la segunda mitad de la franquicia, pero comparte muchos de los defectos de sus sucesoras. Aún así, se las ingenió para mostrarle a la audiencia el que es el mejor duelo de las películas basadas en la obra de Rowling, y son dos minutos que son con diferencia los mejores del Harry Potter post- prisionero de Azkaban.
En efecto, me leyeron bien, dos minutos. Yo tampoco lo podía creer cuando revisité la escena para escribir esta publicación, pero habla muy bien del ritmo que en un tiempo tan corto se pudiera construir una secuencia con estructura propia y más de un encantamiento, sin parecer sobrecargado.
La escena no es perfecta, hay un par de tomas reacciones que me parecen bastante burdas; pero también entiendo que esta pelea en particular cargaba con un gran peso: por ya cinco peliculas, a la audiencia se le ha repetido hasta el cansancio que Voldemort (Ralph Fiennes) y Dumbledore (Michael Gambon) son los dos magos vivos más poderosos, y había mucha anticipación por la primera vez que se enfrentaran en pantalla.
El duelo inicia de la forma tradicional, con el choque de dos hechizos, pero hay dos factores que lo separan de los otros de la franquicia: el primero son dos tomas amplias muy bien logradas, que no sólo cambian de forma interesante la perspectiva, sino que permiten apreciar el poder del choque. El otro factor es un detalle de los artistas de efectos visuales, que no recuerdo en ningún otro duelo de Harry Potter: los hechizos son mucho más caóticos, no son lanzados en línea recta sino que se desdoblan y resquebrajan, incluso (en un toque que me parece genial), lanzando relámpagos que despedazan el entorno alrededor del duelo. Con una peor ejecución, esa energía volátil haría parecer a los duelistas inexpertos, pero en el resultado final la lectura es la contraria: la magia de los personajes es tan poderosa, que incluso siendo expertos les cuesta controlarla.
De esta manera, el inicio del duelo es efectivo, pero lo que lo vuelve especial es la sección siguiente, donde Dumbledore y Voldemort demuestran que lo que los hace grandes hechiceros no es tanto la energia bruta (que la tienen), si no la creatividad y versatilidad. Tras romper la conexión, ambos duelistas recurren a conjuros especializados que no se ven en ningún otro duelo, en su mayor parte muy bien logrados por el equipo de efectos especiales. Esta diversidad funciona a nivel visual, pues lo vuelve mucho más interesante, pero es aún mas efectivo a nivel de construcción de personaje, pues los contrasta de forma evidente: Voldemort usa fuego, sombra y cristales rotos; Dumbledore, agua, luz y arena, opuestos en enfoque e intención: uno es agresivo, y aunque talentoso, un poco obvio, mientras que el otro es considerablemente más imaginativo.
Por desgracia, el duelo termina y, como es costumbre para estas películas, la narrativa se cae con un montaje melodramático con grandes problemas de edición y quizá el peor uso de Photoshop que he visto en una película de Hollywood, pero mientras duró, fue un destello de genialidad en una franquicia que, pese a haber inventado cientos de hechizos, eligió limitarse a tres o cuatro en la inmensa mayoría de sus secuencias de acción.
Otro problema de la secuencia es la banda sonora, que en mi opinión no está a la altura del montaje, pero esta falla se compensa con una casi total falta de diálogo, que eleva la seriedad de la secuencia. En la película, los duelistas sólo tienen un diálogo cada uno, muy bien escogidos para los personajes: el de Voldemort redobla la arrogancia que define al personaje, el de Dumbledore, aunque sereno, es enunciado casi con condescendencia, permitiendo que se asome una faceta más imponente de quien fue introducido como un bondadoso, y quizá un poco loco, profesor. Una vez iniciada la pelea, tanto Gambon como Fiennes brillan en el lenguaje no verbal, que se modifica con cada paso del duelo, y que expresan mejor que cualquier diálogo dos verdades: que Dumbledore es el único mago al que Voldemort temió, y que el primero probablemente podría ganar el duelo con facilidad si no gastara la mitad de su energía en proteger a Harry Potter (Radcliffe).
Como se darán cuenta, en ningún momento he hablado de la escena como adaptación, y es que creo que sería injusto, pues un libro tiene a su favor tanto un presupuesto ilimitado como el recurso de la descripción vaga para que el lector complemente con su imaginación. Si bien el duelo literario es más largo y complejo, y en general un mejor reflejo del talento de los personajes (en particular una muy buena inclusión del fénix Fawkes), también tiene elementos que habría sido muy difícil adaptar de forma seria. En conclusión, creo que la versión fílmica tiene suficientes elementos de la novela para satisfacer a los lectores y, lo que es más importante, se sostiene por su propio peso en un discurso cinematográfico, siendo en una franquicia quizá sobrevalorada, lo único que se acerca al esplendor de la magia que imagino en otras historias de fantasía.
Hasta el próximo encuentro…
Navegante del Clío
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