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Navegante del Clío
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Reencuentros, segunda parte
A la mañana siguiente En su corazón sabía que, al encarar al hijo que apenas conocía, ya había superado el más arduo de los desafíos que le esperaban, pero aún así, no se atrevía a volver a ver a Penélope, al menos no todavía. Por eso mandó a Telémaco por delante suyo, tras compartir con él los detalles de la que esperaba fuera su última artimaña, mientras él esperaba el regreso del porquero ciego. —Los dioses te bendigan, Eumeo; por tu hospitalidad a un extraño. ¿El príncipe
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hace 4 horas13 min de lectura
Reencuentros, primera parte
Ítaca Años después, a Odiseo aún le costaría recordar las primeras horas que pasó en su patria; aún afectado por los años de penuria y añoranza, por la magia que afectó su razón, sólo volverían a él pequeños destellos, como rayos de sol asomándose entre las nubes de tempestad. Se recordaría a sí mismo despertando en la más espesa de las neblinas, su cuerpo tocando una arena que no reconocía, y el barco de sus amigos hace mucho perdido en el horizonte. —Falsos amigos —recordar
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18 sept8 min de lectura
Negociaciones
Veinte años después de la partida de Odiseo Desde el salón de los doce tronos se podía ver la totalidad del cosmos, pero la diosa solo tenía ojos para el hombre que lloraba en la playa, añorando algo que no recordaba. Y ese ritual se había repetido por incontables amaneceres; pasar el día contemplando el horizonte, en infinita tristeza, sólo para volver a olvidar su nombre en el ocaso, y caminar de regreso al palacio de coral a pasar la noche al lado de su captora de voz bond
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11 sept7 min de lectura
La desesperación de una madre: segundo interludio
Ítaca, veinte años después de la partida de Odiseo En el amanecer del día que se cumplieron veinte años exactos de la partida de su marido, la solitaria reina de Ítaca despertó viendo las olas que tanto le habían arrebatado, sin más compañía que la de un perro viejo y ciego. Sentía nostalgia por el ayer, y angustia por el mañana, pero los deberes del hoy estaban por encima de todo; en honor a eso, y a las lágrimas que se había negado a derramar en años, que que llamó a las do
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4 sept10 min de lectura
Tres espejos para el bardo
Solías ser el más cauto de los seis, el que pensaba cada palabra antes de decirla, el que sin desenfundar sus armas había escapado de la muerte decenas de veces, el que prefería ser acusado de cobarde a tomar riesgos innecesarios, sin importar la recompensa prometida. Pero al ver sobre el pedestal del coloe del mar la lira de plata, seduciéndote bajo la luz de la luna, no pudiste resistirlo. La tocaste, y las columnas se agrietaron, los pasillos se movieron; el templo de cris
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28 ago8 min de lectura
Augurio inevitable
Tres semanas después La primera noche pedí soñar con el ayer, con mi madre, Polites y Perimedes, Antífo, Elpenor y el resto de los caídos; la segunda pedí soñar con el hoy, con Atenea y Hermes proveyéndome de guía; la tercera noche pedí soñar con el mañana, con el rostro aún desconocido de mi hijo, la lealtad del sabueso Argos y la sonrisa radiante de Penélope. Pero mis peticiones no fueron cumplidas, y las noches eran tan vacías y solitarias como habían sido mis días, que ta
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21 ago11 min de lectura
Entre Escila y Caribdis
Nueve días después Sólo un hombre sabía el único secreto que aún guardaba a mi tripulación, y en una noche que compartimos guardia, un día antes de llegar al estrecho maldito, se atrevió a preguntarme: — ¿Tomaste ya tu decisión Odiseo? —No puedo, querido Polites. Ya es difícil guiarlos en la incertidumbre de la guerra, pero tomar un camino en el que sé que morirán, es demasiado. Si les digo la verdad, se negarán a seguir, pero tampoco deseo ya engañarlos. —Todos escucharon tu
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14 ago8 min de lectura
La última tentación
Seis semanas después Dentro de mí se libraba una guerra entre dos Odiseos: uno que aún se aferraba a la soberbia de creerse hecho de una madera especial, y otro que se sabía tan débil como el más pequeño de los mortales. El recuerdo del inframundo aún extendía su larga sombra sobre mi corazón, y no pronuncié palabra hasta regresar a la isla de Circe. Fue sólo entonces, mientras celebrábamos los funerales del joven Que Elpenor, fue que le dije a mis hombres de las advertencias
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7 ago8 min de lectura
El ciego, el rey y el héroe; la vergüenza y el dolor
Tres semanas después En los confines del mundo, fue Perimedes el que sostuvo los carneros negros de Circe para que Euríloco les cortara el cuyo. Euríbates quien cantó las negras evocaciones mientras Polites llenaba los odres, otrora repletos de dulce vino, de la oscura sangre de los sacrificados. Pero fui sólo yo quien descendió al reino de Hades, sin espada, arco o escudo, pues lo único que hay que temer de los muertos es lo que reflejen en los vivos. En aquella tierra de et
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31 jul10 min de lectura
El regreso de los dioses
Tres días después La noche que nos quedamos sin agua, una voz vino a mi en sueños, una tan antigua como poderosa, que pensaba que me había abandonado por completo: "Largas son las pruebas que te esperan, pero hay en el Olimpo fuerzas que no te han olvidado. No temas descansar la próxima vez que toques tierra, pues aunque uno de los que te acompañan jamás saldrá de ahí, obtendrás la fuerza y las respuestas que necesitas para volver a tu hogar". Desperté aún en un barco que ape
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9 jul12 min de lectura
La venganza del señor de las mareas
Tres semanas después "Dioses, sí así hablaba yo, en verdad merecía no volver a casa", pensaba mientras escuchaba incrédulo la petición de Euríloco. —Por meses, desde que abandonamos Troya, no has hecho más que señalar hasta el menor de mis errores ¿y pretendes ahora mi venia para cometer los mismos? —No hables con tanta autoridad sobre mí, Odiseo; pues si estamos perdidos es por causa tuya. De haberme dicho la naturaleza del regalo de Eolo... —Habrías abierto el odre de igual
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3 jul7 min de lectura
Tan cerca, tan lejos
Casi dos meses después del escape de Polifemo Durante más de diez años tuve hazañas, victorias y elogios, pero nunca la felicidad; y eso no lo comprendí hasta que Elpenor, trepado en la cima del mástil, gritó dos palabras: —Veo casa. Dos palabras tan sencillas, pero tan llenas de significado. Desde que escapamos de la isla de los cíclopes había dejado de sentirme como un héroe, como un rey, ya ni siquiera me veía a mí mismo como Odiseo, pero ahora, mientras a través de la bru
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26 jun8 min de lectura
La dignidad de una reina: primer interludio
Ítaca, diecisiete años después de la partida de Odiseo Era hija de un rey y una ninfa de los ríos. Helena, la mujer más hermosa del mundo, era su prima, y la única mortal que tuvo más pretendientes; y por casi veinte años, ella había traído prosperidad a su isla, mientras los hombres peleaban guerras sin sentido. Desde su balcón, veía a Telémaco en las costas de Ítaca, practicando retórica y espada bajo la mirada del anciano Mentor, como todas las mañanas por los últimos siet
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19 jun10 min de lectura
Cuestión de nombres
A la mañana siguiente —Eres un muy mal invitado, forastero, pues aún no me has dicho tu nombre —me dijo el cíclope, aún triturando los restos de hueso y bronce de dos nuevos infortunados. —En mi tierra, la costumbre dicta que sea el anfitrión el primero en presentarse. —Bien, bien. Nadie me acusará de ser descortés, ni siquiera con la comida. Soy Polifemo, hijo predilecto de mi padre y mayor de los cíclopes de esta isla. Palidecí ante la confirmación de mis peores temores, qu
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12 jun8 min de lectura
Banquete en la casa del pastor
Varias semanas después Contemplé la hermosura de otra isla en el horizonte, y tras escapar de la trampa del olvido, no hubiera deseado otra cosa más que alejarme de esta nueva tentación, pero quiso mi mala fortuna que avistáramos tierra el día que se acabaron nuestros últimos alimentos. Aun quedaba agua para una semana, y los odres de Marón, pero sabía que los hombres no me perdonarían si los privaba de una esperanza, aunque fuera una falsa. Apenas atracamos, vimos un prado a
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5 jun6 min de lectura
La peor condena
Nueve días después Vi playas infestadas de cadáveres, vi a las olas teñirse de rojo con la sangre de los míos, vi ciudades arder y a los inocentes llorar; pero sólo una vez un escalofrío recorriendo mi columna logró paralizarme, cuando la tempestad que nos persiguió desde que huimos de los cicones nos arrojó a la isla más lejana, la más bella, la más peligrosa. Reunidos alrededor de un modesto fuego, mis hombres por primera vez se atrevían a sonreír. Nuestros hermanos perdido
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28 may9 min de lectura
Una última victoria
Unos días después de la caída de Troya Los dioses son testigos de que no gozo con los actos de violencia, pero no seríamos mortales si careciéramos de defectos; y el día que zarpamos de los restos humeantes de Illión, no podía predecir todas las calamidades que me traería mi lengua. Pues, a mí, Odiseo, no me bastaba con ser el hombre más astuto de la liga aquea. No, fuera por arrogancia, orgullo, o el simple miedo a no serlo, necesitaba además que todo el mundo lo supiera, má
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22 may8 min de lectura
Las lágrimas del mudo
Esqueria, diez años después de la caída de Troya Muchos regalos traía el mar a Nausica, bisnieta de Poseidón. Algunos bellos, otros temibles, pero ninguno tan cautivador como el hombre desnudo. Era cierto que la princesa de los feacios no tenía intención de bañarse en el Egeo aquella mañana, pero todo había cambiado la noche anterior, durante su sueño. Pues la doncella en sueños se había visto ante las doradas puertas del palacio de su padre, el de las paredes de bronce y umb
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15 may7 min de lectura
Perdón y esperanza
Tres años después, en algún puerto de Egipto. El rey de Esparta aún no se acostumbraba a tener a su esposa de nuevo a su lado, tal vez porque la sentía más lejana que nunca. Durante diez años pensó en lo que le diría cuando la viera de nuevo, si la repudiaría una vez recuperado el amor perdido, si la asesinaria como le permitían las reglas del deber, o si acaso podría recuperar la felicidad perdida. En cuanto contemplo sus largos cabellos, su forma sinuosa y sobre todo sus oj
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8 may7 min de lectura
La nieta de Hermes y el hijo de Poseidón
Las costas de Ítaca, diez años después de la partida de Odiseo Eones llevando mensajes para los dioses, y ahora, cuando más necesitaba palabras, se atoraban en su garganta. Paralizado en la arena, demasiado temeroso de desobedecer una orden de Zeus, no podía sino ver el navío de velas negras, transportando a un semidiós de corazón negro, decidido a destruir una vida. Hermes sabía lo que murmuraban de él en el Olimpo: mientras que de las entrañas de Zeus, Poseidón y Apolo habí
raulgr98
1 may7 min de lectura
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