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Navegante del Clío
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La dignidad de una reina: primer interludio
Ítaca, diecisiete años después de la partida de Odiseo Era hija de un rey y una ninfa de los ríos. Helena, la mujer más hermosa del mundo, era su prima, y la única mortal que tuvo más pretendientes; y por casi veinte años, ella había traído prosperidad a su isla, mientras los hombres peleaban guerras sin sentido. Desde su balcón, veía a Telémaco en las costas de Ítaca, practicando retórica y espada bajo la mirada del anciano Mentor, como todas las mañanas por los últimos siet
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hace 2 días10 min de lectura
Cuestión de nombres
A la mañana siguiente —Eres un muy mal invitado, forastero, pues aún no me has dicho tu nombre —me dijo el cíclope, aún triturando los restos de hueso y bronce de dos nuevos infortunados. —En mi tierra, la costumbre dicta que sea el anfitrión el primero en presentarse. —Bien, bien. Nadie me acusará de ser descortés, ni siquiera con la comida. Soy Polifemo, hijo predilecto de mi padre y mayor de los cíclopes de esta isla. Palidecí ante la confirmación de mis peores temores, qu
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12 jun8 min de lectura
Banquete en la casa del pastor
Varias semanas después Contemplé la hermosura de otra isla en el horizonte, y tras escapar de la trampa del olvido, no hubiera deseado otra cosa más que alejarme de esta nueva tentación, pero quiso mi mala fortuna que avistáramos tierra el día que se acabaron nuestros últimos alimentos. Aun quedaba agua para una semana, y los odres de Marón, pero sabía que los hombres no me perdonarían si los privaba de una esperanza, aunque fuera una falsa. Apenas atracamos, vimos un prado a
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5 jun6 min de lectura
La peor condena
Nueve días después Vi playas infestadas de cadáveres, vi a las olas teñirse de rojo con la sangre de los míos, vi ciudades arder y a los inocentes llorar; pero sólo una vez un escalofrío recorriendo mi columna logró paralizarme, cuando la tempestad que nos persiguió desde que huimos de los cicones nos arrojó a la isla más lejana, la más bella, la más peligrosa. Reunidos alrededor de un modesto fuego, mis hombres por primera vez se atrevían a sonreír. Nuestros hermanos perdido
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28 may9 min de lectura
Una última victoria
Unos días después de la caída de Troya Los dioses son testigos de que no gozo con los actos de violencia, pero no seríamos mortales si careciéramos de defectos; y el día que zarpamos de los restos humeantes de Illión, no podía predecir todas las calamidades que me traería mi lengua. Pues, a mí, Odiseo, no me bastaba con ser el hombre más astuto de la liga aquea. No, fuera por arrogancia, orgullo, o el simple miedo a no serlo, necesitaba además que todo el mundo lo supiera, má
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22 may8 min de lectura
Las lágrimas del mudo
Esqueria, diez años después de la caída de Troya Muchos regalos traía el mar a Nausica, bisnieta de Poseidón. Algunos bellos, otros temibles, pero ninguno tan cautivador como el hombre desnudo. Era cierto que la princesa de los feacios no tenía intención de bañarse en el Egeo aquella mañana, pero todo había cambiado la noche anterior, durante su sueño. Pues la doncella en sueños se había visto ante las doradas puertas del palacio de su padre, el de las paredes de bronce y umb
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15 may7 min de lectura
Perdón y esperanza
Tres años después, en algún puerto de Egipto. El rey de Esparta aún no se acostumbraba a tener a su esposa de nuevo a su lado, tal vez porque la sentía más lejana que nunca. Durante diez años pensó en lo que le diría cuando la viera de nuevo, si la repudiaría una vez recuperado el amor perdido, si la asesinaria como le permitían las reglas del deber, o si acaso podría recuperar la felicidad perdida. En cuanto contemplo sus largos cabellos, su forma sinuosa y sobre todo sus oj
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8 may7 min de lectura
La nieta de Hermes y el hijo de Poseidón
Las costas de Ítaca, diez años después de la partida de Odiseo Eones llevando mensajes para los dioses, y ahora, cuando más necesitaba palabras, se atoraban en su garganta. Paralizado en la arena, demasiado temeroso de desobedecer una orden de Zeus, no podía sino ver el navío de velas negras, transportando a un semidiós de corazón negro, decidido a destruir una vida. Hermes sabía lo que murmuraban de él en el Olimpo: mientras que de las entrañas de Zeus, Poseidón y Apolo habí
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1 may7 min de lectura
La primera historia
Vivo en la era donde sólo existe el hoy; antes del tiempo y la memoria. ¿Qué sentido tiene pensar en el ayer, cuando siempre se vive igual? Siempre la misma cacería, el mismo amanecer, la misma espera a la inevitable muerte. Pero en este que debería ser mi momento más cínico, atrapado por la nieve en esta cueva, con las últimas llamas agonizando y el frío extendiendo su dominio, me sorprendo pensando por primera vez en el mañana, aunque sólo sea uno soñado. ¿Por qué el cambio
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24 abr6 min de lectura
El constituyente y el arquitecto maldito
Ciudad de México, 05 de febrero de 1857 Aun faltaban un par de horas para el alba; y la que antaño se llamara Plaza de Armas de la Nueva España estaba desierta. Rodeada en sus cuatro lados, la luz de las farolas era tan tenue que ni la imponente catedral proyectaba sombras sobre aquella inmensidad. Al doblar la esquina para entrar a la plaza, Valentín Gómez Farías pensó que en aquel paseo, presa de la ansiedad, sólo sería acompañado por el ulular del búho; pero grande fue su
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17 abr6 min de lectura
El águila y la sandalia
Náucratis, siglo VI antes de Cristo Solo una fuente de alegría le quedaba a la doncella robada, y era sentir el agua correr alrededor de su piel desnuda, bajo el sol de la mañana. Apenas y recordaba Samos, la ciudad donde la habían vendido tantos años atrás; y Tracia, el lugar que la vio nacer, no era más que una tenue sombra en sus sueños más difusos. Por dieciséis años, no había conocido otro hogar que aquel puerto, donde el Mediterráneo se entrelaza con el Nilo; una ciudad
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10 abr7 min de lectura
J'acusse...!
Domingo 23 de febrero de 1913 —Soy médico, Luis Manuel, no político. Los artículos que publiqué en años pasados, eran mi deber patriótico; pero yo no estoy hecho para las intrigas. —Eres senador, Belisario. —Suplente. Te recuerdo que sólo accedí participar en las elecciones si Leopoldo era el titular. —Gout está en una cama de hospital, y perdona mi frialdad, pero no le queda mucho en este mundo. Han arrestado a muchos de los nuestros, Belisario. Necesitamos toda la ayuda pos
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3 abr9 min de lectura
Sacrificios ante la hoguera
Durante la terrible guerra entre dioses y titanes, sólo una de las contendientes derramó lágrimas por los mortales perdidos en la devastación. Como sus hermanos, Hestia desafió la voluntad de su padre, y aunque tuvo sus proezas en batalla que el tiempo olvidó, pronto se alejó del combate para cumplir una tarea que pocos le agradecieron: encender un fuego, en la cima del Olimpo, y ser la fuente de calor que tanto mortales como inmortales necesitaban con urgencia. Para el hombr
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27 mar6 min de lectura
En la asamblea popular
Atenas, 380 antes de Cristo —Maestro, no pretendo ofenderlo, pero nunca he entendido su aversión a la democracia. ¿Acaso no es justo que todos tengamos voz en las decisiones que afectan nuestras vidas? —Imagina muchacho, que estás en un barco que se dirige a una tempestad; y en lugar de capitán, los marinos ignorantes comienzan a pelear de quien entre ellos, miopes y sordos, debe manejar el timón... —No, maestro, no más metáforas. A veces creo que sólo la odia, por que fue un
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20 mar6 min de lectura
Las dos estatuas
En algún lugar de la India No importa que tan atrás remonte su memoria, desde que obtuvo consciencia de sí mismo, el muchacho siempre tuvo un miedo terrible de entrar al templo de su abuelo. Creía en los dioses, podía recitar pasajes enteros de los libros sagrados, seguía todos los preceptos. A ninguno menospreciaba, y no le incomodaba pronunciar sus nombres, ni siquiera el de ella; pero en aquel templo había algo que helaba su sangre. Dentro moraban las estatuas, y uno de lo
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13 mar6 min de lectura
El rostro de la sultán
A unas millas de Deli, 1236. Perdóname Alá, por los pensamientos dentro de mí; pero si he de condenarme por cobardía, me rehúso a pecar también de deshonesto. No temo a la muerte, pero al escuchar al enemigo aproximarse entre los árboles, mi corazón rehúye el campo de batalla, pues me cuesta aceptar que daré mi vida por alguien cuyo rostro nunca he visto, ni siquiera he podido imaginar. Y sé que no es su culpa, que la ley dice que nadie fuera de palacio verá jamás aquellas fa
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6 mar5 min de lectura
La confesión de Odiseo
Ítaca —Padre, siempre dices que no hay hombre perfecto, pero yo no conozco mejor guerrero, mejor sabio, mejor rey que tú. ¿Cuál ha sido tu mayor error? —preguntó Telémaco, dos semanas después del regreso de su padre. Odiseo tardó unos instantes en contestar, no porque desconociera la respuesta, sino porque no sabía qué tanto cambiaría la imagen que su hijo, al que apenas comenzaba a conocer, tenía de él. Contempló el mar, y a Penélope durmiendo en un lecho sobre la arena. No,
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27 feb10 min de lectura
Un templo sobre el río Kwai
Tailandia, finales de 1945 Lo último que vez antes de salir del cuarto donde te permiten dormir es la vieja espada de tu padre; y por un instante, la tentación se asoma en tu interior. Tus superiores lo hicieron, muchos de tus colegas. Es doloroso, pero no tanto como la alternativa: pues ¿es comparable media hora de agonía con otra jornada confrontando las secuelas de tus acciones? Mas la tentación se queda en eso, pues te repites las razones por las que continuas aquí: que n
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20 feb8 min de lectura
La venganza del tunkuluchú
De joven no había nada que amara más que el canto de las aves, la melodía natural me seducía más que el fuego o el grano de cacao; y no había locura que pareciera excesiva si se trataba de escuchar la música. Tal era mi obsesión que, aunque ahora me veas acabado y olvidado, hubo una época en que fui famoso, por ser el único mortal que asistió a la fiesta de la corte de las aves. Fue el momento más feliz de mi existencia, pero también el principio de mi desgracia, pues ahora e
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13 feb8 min de lectura
La última línea
Stratford Upon Avon, 25 marzo de 1516 El cisne había visto morir a sus padres, a casi todos sus hermanos, a su hijo; demasiado de cerca para ser ahora ingenuo. Sabía que estaba próximo a cantar su última canción. Tendido, sudoroso y tembloroso, en la cama del cuarto de invitados de su propia casa, pues no podía ya subir escaleras, sentía que aún le faltaba algo por hacer. No había día que no añorara al niño que le fue arrebatado, pero la vida le había regalado otro, el hombr
raulgr98
6 feb10 min de lectura
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