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Navegante del Clío
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En la asamblea popular
Atenas, 380 antes de Cristo —Maestro, no pretendo ofenderlo, pero nunca he entendido su aversión a la democracia. ¿Acaso no es justo que todos tengamos voz en las decisiones que afectan nuestras vidas? —Imagina muchacho, que estás en un barco que se dirige a una tempestad; y en lugar de capitán, los marinos ignorantes comienzan a pelear de quien entre ellos, miopes y sordos, debe manejar el timón... —No, maestro, no más metáforas. A veces creo que sólo la odia, por que fue un
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hace 2 días6 Min. de lectura
Las dos estatuas
En algún lugar de la India No importa que tan atrás remonte su memoria, desde que obtuvo consciencia de sí mismo, el muchacho siempre tuvo un miedo terrible de entrar al templo de su abuelo. Creía en los dioses, podía recitar pasajes enteros de los libros sagrados, seguía todos los preceptos. A ninguno menospreciaba, y no le incomodaba pronunciar sus nombres, ni siquiera el de ella; pero en aquel templo había algo que helaba su sangre. Dentro moraban las estatuas, y uno de lo
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13 mar6 Min. de lectura
El rostro de la sultán
A unas millas de Deli, 1236. Perdóname Alá, por los pensamientos dentro de mí; pero si he de condenarme por cobardía, me rehúso a pecar también de deshonesto. No temo a la muerte, pero al escuchar al enemigo aproximarse entre los árboles, mi corazón rehúye el campo de batalla, pues me cuesta aceptar que daré mi vida por alguien cuyo rostro nunca he visto, ni siquiera he podido imaginar. Y sé que no es su culpa, que la ley dice que nadie fuera de palacio verá jamás aquellas fa
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6 mar5 Min. de lectura
La confesión de Odiseo
Ítaca —Padre, siempre dices que no hay hombre perfecto, pero yo no conozco mejor guerrero, mejor sabio, mejor rey que tú. ¿Cuál ha sido tu mayor error? —preguntó Telémaco, dos semanas después del regreso de su padre. Odiseo tardó unos instantes en contestar, no porque desconociera la respuesta, sino porque no sabía qué tanto cambiaría la imagen que su hijo, al que apenas comenzaba a conocer, tenía de él. Contempló el mar, y a Penélope durmiendo en un lecho sobre la arena. No,
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27 feb10 Min. de lectura
Un templo sobre el río Kwai
Tailandia, finales de 1945 Lo último que vez antes de salir del cuarto donde te permiten dormir es la vieja espada de tu padre; y por un instante, la tentación se asoma en tu interior. Tus superiores lo hicieron, muchos de tus colegas. Es doloroso, pero no tanto como la alternativa: pues ¿es comparable media hora de agonía con otra jornada confrontando las secuelas de tus acciones? Mas la tentación se queda en eso, pues te repites las razones por las que continuas aquí: que n
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20 feb8 Min. de lectura
La venganza del tunkuluchú
De joven no había nada que amara más que el canto de las aves, la melodía natural me seducía más que el fuego o el grano de cacao; y no había locura que pareciera excesiva si se trataba de escuchar la música. Tal era mi obsesión que, aunque ahora me veas acabado y olvidado, hubo una época en que fui famoso, por ser el único mortal que asistió a la fiesta de la corte de las aves. Fue el momento más feliz de mi existencia, pero también el principio de mi desgracia, pues ahora e
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13 feb8 Min. de lectura
La última línea
Stratford Upon Avon, 25 marzo de 1516 El cisne había visto morir a sus padres, a casi todos sus hermanos, a su hijo; demasiado de cerca para ser ahora ingenuo. Sabía que estaba próximo a cantar su última canción. Tendido, sudoroso y tembloroso, en la cama del cuarto de invitados de su propia casa, pues no podía ya subir escaleras, sentía que aún le faltaba algo por hacer. No había día que no añorara al niño que le fue arrebatado, pero la vida le había regalado otro, el hombr
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6 feb10 Min. de lectura
Tres fantasmas y un poeta
Tesalia, alrededor del 514 antes de Cristo Quien haya dicho alguna vez que los espectros del pasado buscan solo el mal es porque nunca ha visto uno, pues ¿que placer podría traerle el mal a un ser que ya no podría obtener beneficio alguno de tal crueldad? "Es por eso", me contestan los incrédulos, "los muertos están más allá de cualquier miedo al castigo, pues nada se les puede arrebatar ya". Pero yo, Simónides, que conozco a los fantasmas como ningún otro en toda Grecia, ent
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30 ene9 Min. de lectura
Anónimo entre gigantes
Edimburgo, julio de 1819 En una biblioteca más vieja que la mansión misma, moraban tres mortales y una centena de fantasmas. Aquel tesoro, que ni el rey poseía, no tenía igual en todas las islas británicas, puede que en el mundo. Sólo ahí Marco Aurelia debatía retórica con Platón, Aquiles luchaba a brazo partido con Gilgamesh, Robin Hood disparaba flechas desde lo alto de las pirámides de Egipto, Suetonio y Tucídides intercambiaban lecciones de historia. Todos en lo alto de l
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23 ene7 Min. de lectura
Amanecer sobre el Capitolio, anochecer bajo la roca
Roma El dios sin padres no sabía qué hacer para ganar la devoción de los suyos. No entendía porque no era el más adorado de los dioses, cuando sólo de él se podía decir que no había amado a otro pueblo que el de los romanos, mientras que los olímpicos habían llegado de la extraña Grecia. Él, dios de los inicios, nunca engendrado pues existía al principio; ¿por qué debía arrodillarse ante Júpiter, Marte o Minerva, que nacieron cuando ya era anciano? Él, dios de las decisiones,
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16 ene8 Min. de lectura
Una nueva constelación para un nuevo César
En los primeros meses del reinado del emperador Augusto El poeta de joven había disfrutado el dejarse dormir viendo los astros, pero tras las últimas semanas, podría jurar que sería feliz si moría sin jamás volver a ver una estrella. Los astrónomos que otrora trabajan en los restos humeantes de Alejandría, ahora sudaban en la villa del romano sobre viejas cartas celestes e hileras de rollos es escritos en lenguas de Oriente y Occidente, cada vez más angustiados. Habían acudid
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9 ene4 Min. de lectura
La niña de cartón
París, a principios de 1896 Alice era bienvenida en todas partes, pero no sentía que perteneciera a ninguna. Pretendientes no le faltaban, pese a su evidente pobreza, pues era de sonrisa fácil y rostro amable. Mas en su corazón, aún estaba en la búsqueda desesperada de un hogar. La única francesa entre cuatro hermanos chilenos. La única dejada atrás, para criarse con una abuela suiza, mientras el resto migraba de vuelta a Sudamérica, y aunque después la mandaron llamar, una p
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2 ene6 Min. de lectura
El roble y el abeto
En algún lugar cerca de Hesse, año 724 Germanos de todas las tribus se reunieron aquella tarde tormentosa en la arboleda sagrada, pues el monje loco le había declarado la guerra a Thor. El extraño, que se llamaba a sí mismo Bonifacio, predicando una fe traída de Roma, y más allá, era viejo, con el cabello cubriéndole los ojos y la barba gris ondeando cual estandarte de guerra. No portaba escudo o armadura, sus únicas armas un amuleto en forma de cruz que colgaba de su cuello,
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18 dic 20254 Min. de lectura
Sólo un lector es suficiente
Oxford, abril de 1944 “El águila y el niño” estaba casi vacío aquel mediodía de martes. La cerveza escaseaba entre más se alargaba la guerra, y en las últimas semanas el pub mantenía sus puertas cerradas muchos más días de los que las abría. Con la mayoría de los jóvenes peleando más allá del canal de la mancha, o trabajando jornadas extras en las fábricas; aquellos lugares de ocio quedaban reservados sólo para los rezagados: los viejos, los enfermos, los débiles. Aparte de u
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12 dic 20257 Min. de lectura
El tesoro bajo el arroz
En algún lugar de China Cerca de un lago oculto por los árboles vivía un granjero de mal corazón. Avaro y rencoroso, nunca se supo de él que compartiera lo suyo con sus vecinos, y los desamparados preferían pasar frío que tocar a su puerta. Sólo una cosa anhelaba aquel hombre, y era tener una esposa, pero las mujeres rehuían su presencia. ¿Cambió su actitud el granjero, intentó probar con un poco de amabilidad? No, se convenció a sí mismo que las doncellas del pueblo lo odiab
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5 dic 20257 Min. de lectura
Todos los caminos llevan a Oz
Aún no saben que están destinados a encontrarse, pues hay entre ellos quienes aún no han nacido. Mucho los une, las alegrías, las penas, hasta el estado de nacimiento, pero aún les quedan muchos dolores por delante, mucha soledad. Son cuatro soñadores de Kansas, esperando el momento en que un tornado los lleve a casa. En el sur, julio de 1909 Un niño pequeño corre de regreso a su escondite, en el segundo piso del granero. No llora, pues hace mucho que las lágrimas se le seca
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28 nov 20259 Min. de lectura
No por mí, sino por Roma
Año 458 a.c. He corrido hasta perder el aliento, y cerca he estado de morir a manos de mi propia toga, pues pocas veces se ha visto a tantos esclavos despertar a sus amos antes del alba, pues hay una sesión de urgencia en la Curia Hostilia. Mi único consuelo es que no soy el único que se arriesga al ridículo, pues al tomar asiento noto como la mayoría exhala sudoroso, un puñado aún no termina de arreglarse y todos tienen la perplejidad y la confusión grabadas a fuego en el r
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21 nov 20259 Min. de lectura
La última bandera de Castilla
San Juan de Ulúa, 23 de noviembre de 1825 Una llovizna ligera hace que mis lágrimas se disimulen, y mi acalorado cuerpo sienta alivio por primera vez en dos años. El viento hace ondear la bandera roja y dorada en lo alto de la torre; pero no sé si lloro de tristeza al saber que será la última vez, o de alivio porque pronto yo también abandonaré esta tierra ingrata. Dicen que la Nueva España, aún me resisto a llamarla México, ama estar en guerra consigo misma, e incluso a un s
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14 nov 20257 Min. de lectura
Con sólo tres gotas
Gwion revolvía y revolvía el caldero negro, como lo había hecho incesantemente noche y día, veinte horas; por cada cuatro de descanso, por tantos meses que había perdido ya la cuenta. Pero aquel día sería en el que finalmente sería libre, pues tras un año de trabajo, la poción de su señora quedaría lista. Durante gran parte de su ingrata tarea, la hechicera ni siquiera le concedió el poder saber para que era tal brebaje, pero hace un par de semanas, el sirviente había escucha
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7 nov 20255 Min. de lectura
Caucho, cabeza, calabaza
En las tierras de los mayas, antes de los días de los hombres de maíz Hay muchos portales a la tierra de los muertos, pero ninguno más antiguo, más cercano, más sagrado que la cancha del juego de pelota. Un pasillo de tierra, flanqueado de altos muros y dos aros de piedra, es todo lo que se necesita para honrar a los dioses, o incurrir en su ira. ¿Quién lo inventó? Nadie lo sabe, pero para comprender el eterno ciclo de la vida, la transformación y la muerte, basta con mirar l
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31 oct 20255 Min. de lectura
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