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Las leyes de Asimov

hace 1 día
4 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! La publicación de hoy había sido planeada como una retrospectiva de la obra de Isaac Asimov (1920-1992), considerado uno de los pilares fundamentales de la ciencia ficción junto con Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke. Sin embargo, haciendo mi investigación descubrí que esta sería una tarea titánica, por no decir casi imposible, considerando que tiene más de quinientos títulos acreditados a su nombre, entre novelas, relatos cortos y ensayos, y sólo poco más de la mitad de ellos son relativos a la ciencia ficción, pues es un referente en múltiples géneros, incluyendo la fantasía y la no ficción.


Además, si me permiten ser franco con ustedes, no estoy en las condiciones más óptimas, llevo más de una semana sin dormir bien, y con un ligera gripe que aún así reduce más mis energías mentales. Por eso, quiero disculparme anticipadamente, pues es muy probable que mañana no tengan su relato de la semana, aunque haré lo posible para reestablecerme lo más pronto posible, o poder publicar el sábado. Por ese mismo motivo, la publicación de hoy será de la más breves de nuestra sección, pero espero que puedan aprender, o recordar, aunque sea un poco.


Si limitáramos el legado de Asimov a una sola cosa, por difícil que sea esa tarea, sería lo que el autor denominó como "Las tres leyes de la robótica", introducidas en el mundo real en el relato corto "Círculo vicioso" y publicado en 1941 (aunque el autor varios veces reconoció a su editor John W. Campbell como un colaborador en la redacción de las mismas); pero que en el universo ficticio de Asimov (retroactivamente integró a todos sus relatos sci-fi en la misma continuidad) fueron planteadas por primera vez en 2058.


Diseñadas, al menos en teoría, para desarrollar la robótica a sus límites superiores sin comprometer la seguridad y dominio de la especie humana, la redacción es la siguiente:

  1. Un robot no puede dañar a un ser humano, o por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

  2. Un robot debe obedecer cualquier orden dada por un ser humano excepto cuando esta entre en conflicto con la Primera Ley.

  3. Un robot debe proteger su propia existencia, excepto cuando dicha acción entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.


La simpleza de estos principios fue tan exitosa en la literatura, que múltiples autores las replicaron en subsecuentes historias, e incluso hoy en día películas y libros que no son adaptaciones directas de Asimov suelen seguir sus principios. El propio autor fue consciente del impacto de estas leyes, y solía bromear que él era responsable en parte del éxito de Star Wars (1977), pues había contribuido de forma clave a transicionar de un rechazo generalizado a la tecnología en la posguerra, al concepto de un "robot bueno" en la cinta de George Lucas (quien, claramente no sigue las reglas en su universo, pues la primera película incluye un droide torturador, y los droides de batalla serían pieza clave de las secuelas, aunque ausentes en la original).


Sin embargo, la aplicación más notable de las leyes en la ficción ha sido la subversión de las mismas, y muchas historias han girado alrededor de androides que sean capaces de ignorarlas, ya sea aparente o verdaderamente. El propio Asimov escribiría varias hitorias cuestionando su fiabilidad, siendo quizá la más famosa la introducción en 1985 de una "Ley Zero", que toma precddencia sobre las anteriores, y que en teoría, le permitiría a un robot dañar a un ser humano si es en "beneficio del bien común":

  1. Un robot no puede dañar a la Humanidad, o por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.


De hecho, es tan evidente que Asimov no pensaba que sus leyes fueran en verdad infalibles que incluso la historia en la que son introducidas muestra su falla, pues el robot protagonista entra en cortocircuito al no poder resolver una contradicción; y que los conceptos de "robot" y "ser humano" son ambiguos y pueden ser manipulados.


Si bien nunca abandonaron el discurso público, la discusión de las leyes ha tomado energías renovadas con el desarrollo de la inteligencia artificial, y la importancia de la ética en la investigación; demostrando la que es la principal falla lógica de su aplicación en el mundo real: los robots no tienen conocimiento intutitivo de ellas, un ser humano tendría que incluirlas de forma activa en su programación, y atentaría contra los intereses políticos y corporativos de los desarrolladores hacerlo (por ejemplo, no podría haber drones teledirigidos, que es una de las principales aplicaciones de los proyectos actuales de desarrollo de la robótica; o en una aplicación menos sombría, es probable que un droide médico no pudiera realizar cierto tipo de cirugías).


¿Qué les ofrezco como conclusión el día de hoy? La misma lección que probablemente Asimov quería que aprendieran de sus relatos: gracias a su obra, la de sus contemporáneos y sucesores, ahora la ficción está llena de entrañables personajes "no orgánicos", que inspiran y empatizan; pero ningún artificial, ni en un mundo ficticio ni en el real, podrá jamás resolver problemas, hacer el mal, o crear belleza y bien, como la creatividad humana.





Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío

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