De joven no había nada que amara más que el canto de las aves, la melodía natural me seducía más que el fuego o el grano de cacao; y no había locura que pareciera excesiva si se trataba de escuchar la música. Tal era mi obsesión que, aunque ahora me veas acabado y olvidado, hubo una época en que fui famoso, por ser el único mortal que asistió a la fiesta de la corte de las aves. Fue el momento más feliz de mi existencia, pero también el principio de mi desgracia, pues ahora e
¡Bienvenidos pasajeros! Después de tres semanas seguidas de tocar literatura en esta sección, me encuentro dubitativo respecto a de que escribir el día de hoy. Oscilando entre la indecisión y desmotivacion, peligrosamente cerca de la apatía, mi mente optó por la nostalgia, y recordé una época en la que la mayor ilusión de mi vida era la paleontología, camino que no tomé, pero una afición que nunca me abandonó del todo. Aunque inusual, no es la primera vez que toco el tema en
¡Bienvenidos pasajeros! A estas alturas es muy raro que yo vea televisión por cable, pero quiso una coincidencia que hace un par de días me topará con un especial de películas románticas, y alcancé a ver el final de un clásico que fue una presencia constante en mi casa cuando era niño (es de las favoritas de mi madre), y que aprecio un poco más cada vez que la vuelvo a ver. Escrita por Bruce Joel Rubin y dirigida por Jerry Zucker, la cinta de 1990 está dirigida por Patrick Sw