El globo rojo
- raulgr98
- hace 1 día
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¡Bienvenidos pasajeros! Desde hace mucho tiempo quería cubrir en este espacio otra película corta en formato live-action, mucho menos difundido que la animación, pero me debatía entre algunos ganadores relativamente recientes, como el primero del que hablamos hace ya un par de años, o alguno de los viejos clásicos. Inclinándome por la segunda opción, opté por un cortometraje que de forma sutil ha sido referenciado por muchas de las películas más famosas de la historia del cine.
Escrita y dirigida por Albert Lamorisse, la película corta de 1956 (dura treinta y cuatro minutos) es protagonizada por su hijo Pascal en el rol del niño y tuvo buena recepción tanto en festivales como en televisión, llegando a ganar el Oscar a mejor guion original. Es, hasta donde sé, el único cortometraje que ha logrado este hito, pese a la casi total ausencia de diálogos, en uno de los mejores argumentos en contra de la suposición simplista que asocia el guion con el diálogo, pues involucra muchos otros elementos como estructura, acciones y tema.
Una historia en apariencia sencilla, que toma su ritmo y estilo de un cuento infantil convertido en film, la película sigue a un niño pequeño que encuentra un globo rojo e inicia una amistad con este mientras recorren las calles de París. Ninguno de los personajes recibe nombre, y como mencioné antes el diálogo es mínimo, pero aún así se logra contar una historia completa, con múltiples interpretaciones.
Quiero empezar primero con un aspecto de producción, que es el trabajo en locaciones: aunque son variadas (un edificio de apartamentos, una panadería, callejones, baldíos, etc.), mostrando una ciudad polifacética, hay elementos comunes que toman distancia de otras representaciones comunes de París: situado en la posguerra, las locaciones muestran un estado de marginación y abandono que logran una respuesta emocional fuerte, sobre todo si se considera que pocos años después muchas de estas locaciones serían demolidas. En particular la secuencia del bazar, pese a su brevedad, me llenó de más melancolía de lo que esperaba, y creo que tienen mucho valor testimonial, con un par de elementos militares ayudando a contextualizar la época.
El tema principal de la cinta, es en mi opinión, la soledad que experimenta el personaje principal, incomprendido por los adultos que lo rodean (su cuidadora es grabada como fría, el director de la escuela llega a encerrarlo) y con dificultades para relacionarse con los personajes de su edad, quienes se mueven en bloque en contraposición con el niño, quien permanece aislado. Su relación con el globo puede interpretarse al inicio como un anhelo de compañía, quizá imaginario, que se corrobora con un plano sugerente del niño observando un cuadro en el bazar.
Y sin embargo, la relación entre niño y globo no es una imaginaria, pues se introduce un elemento fantástico a los nueve minutos de metraje que reinterpreta la historia y la catapultó a la fama; pero que el espectador acepta sin problemas por dos elementos: la dirección logró enfocarse en el movimiento del globo previo a que "tomara consciencia", y ninguno de los personajes cuestiona la autonomía del objeto, acercando la narrativa al realismo mágico latinoamericano. El globo no habla, evidentemente, ni toma elementos antropomórficos, pero la dirección es tan buena que logra dotarle de mucha personalidad (coqueto, pícaro, pero también leal y estoico en el clímax) con sólo la angulación, el movimiento y un efecto sorprendentemente bien logrado para la época.
La banda sonora a cargo de Maurice Le Roux es muy efectiva, sobre todo en las notas dulces del inicio, un final que me conmovió más de lo que esperaba (logro de la música más que de la dirección, único momento en el que creo que el ritmo falla un poco), y su utilización como golpe de efecto para realzar los momentos de humor, que conectaron conmigo pese a su simpleza. Sin embargo, esta película también es una demostración de la efectividad de los silencios, y creo que prescindir de banda sonora en el momento trágico de la historia fue la decisión correcta, pues le da más peso y evita caer en un melodrama absurdo al que fácilmente podría descender.
Sin embargo, el elemento más alabado de la película, que es el que más ha sido replicado posteriormente, es la excelente cinematografía de tomas amplias salvo un par de cortes rápidos, y en particular un gran contraste de colores, en el que la paleta de los fondos y vestuarios es gris y apagada, lo que hace que los globos; únicos elementos brillantes en todo el corto, resalten aún más, como una mancha de luz en un entorno que, como buen reflejo de la época, pasa por desolado y abandonado.
En un par de reseñas de la época que leí, muchos críticos interpretaron la historia como una metáfora católica, y aunque entiendo los argumentos, creo que es insuficiente para desglosar el corto. Entonces ¿Qué simboliza el globo? Al inicio creí que era una metáfora de la imaginación, razón por la cual es rechazado por los adultos, sobre todo en instituciones dogmáticas como la iglesia y la escuela; mientras que causa furor entre los personajes infantiles, que actúan casi poseídos. Sin embargo, esta interpretación no terminaría de explicar la actitud cruel de la turba de niños hacia el globo. Esta violencia nunca es explicada, y esa decisión lo acerca a un comentario sobre la guerra, que también carece de significado real. En ese sentido, al concluir el corto me inclino por una interpretación simplista, pero sólida en mi opinión: ya sea por el dolor de la posguerra o el que produce la soledad diaria, el globo rojo es la búsqueda de consuelo, la esperanza de un nuevo día, que se niega a morir pese a que el mundo intenta extinguirlo, e incluso cuando es destruida encuentra nuevas formas de volver.
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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