Discurso del contemplativo
- raulgr98
- 6 ene
- 3 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Voy a ser muy franco con ustedes, hoy fue para mí un día tan cansado que olvidé por completo planear una publicación. ¿En qué ha estado ocupada mi mente? Además de mucho trabajo, he dedicado mucho tiempo a pensar en Venezuela, y he hecho un esfuerzo en mi tiempo libre por comprender un poco más de su Historia, y sobre todo de su arte. Aunque el de hoy no será un análisis muy largo, siempre es interesante compartir con ustedes un texto que acabo de descubrir.
De Ramos Sucre, les comparto lo que, creo yo, es el primero para este espacio, un poema en prosa. Mucho menos rígido que el verso clásico al que tiendo a gravitar, el poema que les recomiendo hoy hace honor a su nombre, pues el ritmo pausado pero armónico refleja la naturaleza contemplativa, introspectiva e incluso narradora del poeta. Si bien los elementos mitológicos que impregnan su bibliografía están casi totalmente ausentes en esta pieza (salvo una breve referencia a una esfinge), y sus elementos surrealistas son sutiles o incluso inexistentes; sin embargo, incluye sus otras dos características fundamentales de la bibliografía del venezolano: una relación agridulce con la muerte y un carácter extremadamente narrativo, en esta ocasión con tintes autobiográficos.
Una alma desnuda mostrando sus anhelos, un ruego desesperado por paz, que el autor nunca alcanzaría, se los anexó a continuación:
Amo la paz y la soledad; aspiro a vivir en una casa espaciosa y antigua donde no haya otro ruido que el de una fuente, cuando yo quiera oír su chorro abundante. Ocupará el centro del patio, en medio de los árboles que, para salvar del sol y del viento el sueño de sus aguas, enlazarán las copas gemebundas. Recibiré la única visita de los pájaros que encontrarán descanso en mi refugio silencioso. Ellos divertirán mi sosiego con el vuelo arbitrario y su canto natural; su simpleza de inocentes criaturas disipará en el espíritu la desazón exasperante del rencor, aliviando mi frente el refrigerio del olvido.
La devoción y el estudio me ayudarán a cultivar la austeridad como un asceta, de modo que ni interés humano ni anhelo terrenal estorbará las alas de mi meditación, que en la cima solemne del éxtasis descansarán del sostenido vuelo; y desde allí divisará mi espíritu el ambiguo deslumbramiento de la verdad inalcanzable.
Las novedades y variaciones del mundo llegarán mitigadas al sitio de mi recogimiento, como si las hubiera amortecido una atmósfera pesada. No aceptaré sentimiento enfadoso ni impresión violenta: la luz llegará hasta mí después de perder su fuego en la espesa trama de los árboles; en la distancia acabará el ruido antes que invada mi apaciguado recinto; la oscuridad servirá de resguardo a mi quietud; las cortinas de la sombra circundarán el lago diáfano e imperturbable del silencio.
Yo opondré al vario curso del tiempo la serenidad de la esfinge ante el mar de las arenas africanas. No sacudirán mi equilibrio los días espléndidos de sol, que comunican su ventura de donceles rubios y festivos, ni los opacos días de lluvia que ostentan la ceniza de la penitencia. En esa disposición ecuánime esperaré el momento y afrontaré el misterio de la muerte.
Ella vendrá, en lo más callado de una noche, a sorprenderme junto a la muda fuente. Para aumentar la santidad de mi hora última, vibrará por el aire un beato rumor, como de alados serafines, y un transparente efluvio de consolación bajará del altar del encendido cielo. A mi cadáver sobrará por tardía la atención de los hombres; antes que ellos, habrán cumplido el mejor rito de mis sencillos funerales el beso virginal del aura despertada por la aurora y el revuelo de los pájaros amigos.
Quiero concluir desde el punto de vista de un introvertido que también valora mucho, aunque mis anhelos se encuentran en la búsqueda de conexión: hay que encontrar y valorar esos momentos de “no hacer nada”, pues a veces son los más productivos de nuestros días.
Título original: Discurso del contemplativo
Autor: José Antonio Ramos Sucre
Año se publicación: 1921
Hasta el próximo encuentro…
Navegante del Clío
Yo también quiero una casa así...