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Las tres manzanas

¡Bienvenidos pasajeros! Con la posible excepción de los poemas homéricos, me atrevería a decir que Las mil y una noches es la pieza literaria más influyente de la Historia, pues en esta recopilación del folklor y la tradición oral se experimenta con una variedad impresionante de tonos (algunos trágicos, otros cómicos), géneros (fábula, épica, fantasía, horror, etc.) y metáforas; y en un mundo que sigue dominado por el canon occidental, es bueno ver como un texto de Oriente ha tenido tanta influencia, sobre todo en los autores de ficción corta. Aunque muchos están familiarizados con Aladino, Ali Babá y Sinbad, hoy quiero recomendar uno de los cuentos más cortos, pero que creo que encapsula el equilibrio perfecto que logra la antología entre sencillez y complejidad.


Ubicado en las etapas tempranas del compendio, la mayoría de las ediciones la ubican en las noches diecinueve y veinte, con un epílogo en la veinticinco; la historia es considerada un relato de primer nivel, es decir, aquellas que dentro de la ficción son contadas por la propia Scherezada (para aquellos que no están familiarizados con la estructura de Las mil y una noches, la princesa que cuenta historias para retrasar su ejecución es el principal hilo conductor, pero lo que vuelve interesante la antología es que hay múltiples niveles de diégesis, una obra emblemática del estilo narrativo de "un cuento dentro de un cuento", resultando en hasta cuatro niveles de ficción).


Si leyeran una sinopsis de la historia, pensarían que se encontrarían ante un misterio clásico, como de los relatos cortos ingleses: un cofre es descubierto en el río, con los restos descuartizados de una mujer en su interior, y al protagonista se le ordena encontrar al asesino en un plazo de tiempo muy corto. De hecho, muchos críticos literarios creen que este cuento es uno de los "murder mysteries" más antiguos que se conservan, con un personaje central que hace las funciones de detective, un gancho intrigante, construcción experta de la tensión y múltiples giros de trama (de hecho, es de los primeros cuentos escritos en utilizar la sorpresa como técnica narrativa, estrategia que surgió en la oralidad). Por esa razón, me parece muy divertido pensar que lo que superficialmente podría ser considerado el texto primigenio del canon detectivesco sea una subversión del género, siglos antes que el género exista como tal.


¿A qué me refiero con esto? El personaje que cumple con el rol de investigador, el visir Jafar, no realiza en todo el cuento ni una sola averiguación, y no tiene el mayor interés en resolver el caso, no por ingenuidad sino por una resignación a su destino: su vida depende de encontrar al culpable, pero es una tarea que considera imposible. Si el objetivo final en un misterio tradicional es encontrar al asesino, en este relato el culpable confiesa a la mitad de la historia; y aunque eso en un brillante giro de trama desencadena una segunda investigación, una cuya respuesta sí es encontrada por Jafar, esta segunda resolución es totalmente producto del azar, no de la habilidad.


Con esto no quiero decir que el visir sea un personaje incompetente, tiene una gran habilidad que es relevante para los temas de la historia; pero sí le permitió al autor original del cuento jugar con un sensacional uso del humor negro y una nada sutil crítica al poder: la narración pretende presentar al califa como un gobernante bueno y noble, que descubre el cofre por querer apoyar a un pobre pescador; y reacciona con ira justiciera ante el descubrimiento del cuerpo; pero esa caracterización es eclipsada por una doble moral hacia la que todos los personajes parecen estar ciegos: la declaración de intenciones del monarca al averiguar si su pueblo sufre no es ayudarlos, sino castigar a los gobernadores a quienes responsabiliza de ello; y para satisfacer su aparente ser de justicia contra la mujer anónima, amenaza con una muerte terrible a su propia visir, y media centena de sus aún más inocentes parientes, si no se encuentra al culpable.


No contaré los detalles detrás de la motivación del asesino, pero creo que es una gran lección sobre el verdadero significado de la justicia: si el castigo por supuestos crímenes es la violencia, no es justicia; si se apresura el juicio sin escuchar la versión del acusado, creyendo en testimonios endebles sin dudar, el resultado será funesto, y no hay crimen más doloroso que el dejarse llevar por la ira y el orgullo. Que el califa decida no castigar al asesino (en algunas versiones incluso lo recompensa), puesto que la culpa migra a un esclavo, es un oscuro recordatorio de la facilidad con la que los poderosos, con argumentos legales y morales endebles (la defensa del honor, la constitución de la mujer como propiedad en el mundo del relato), logran salir impunes; y la trágica constatación que lo legal y lo ético rara vez van de la mano, y que el mundo real no siempre es justo, una nota cínica de un relato que sorprende por lo ligero de su tono.


En cuanto al esclavo, es cierto que su mentira tuvo trágicas consecuencias, pero hay un contexto sutil, pero creo que intencional por parte del autor o autora original: si bien el acto original de robar una manzana y golpear a un niño son reprobables, el posterior falso testimonio no es producto de malicia o crueldad, sino del instinto de supervivencia, pues era de conocimiento común en la época que el castigo a un esclavo por robo era severo, irónicamente mayor que el que un hombre libre afrontaría por matar a su esposa. Los motivos de Jafar para defender al esclavo son difusas, puede que sea conservar su propio honor, o una empatía silenciosa tras sobrevivir él mismo a dos condenas a muerte, pero independientemente de la razón, esa defensa es quizá el único acto de justicia de todo el relato, que junto con las circunstancias de la confesión inicial del asesino, dan un posicionamiento moral firme: salvar una vida siempre es noble.


Cierro con el que es el otro eje temático del relato, que podría ser la tesis de toda la antología: el poder persuasivo del arte, en particular la narración: es el oír a un pescador declamar un poema lo que lleva al califa al descubrir el cofre en primer lugar; y es el talento de Jafar para contar historias lo que salva la vida del esclavo (es por eso que el epílogo es hasta la noche veinticinco, pues la historia de Nur al-Din Alí y su hijo, considerada una de las más complejas de las Mil y una noches; es una historia en tercer nivel, contada por el propio Jafar, tratando de maravillar al califa y dirigirlo hacia la clemencia). Y en este aspecto, con el que cierro esta recomendación, es donde Las mil y una noches se consolida como una gran antología de relatos integrados, pues los distintos niveles de diégesis están en constante comunicación: si se leyera por sí mismo, el relato parecería ser incluso más cruel de lo que es: una mujer inocente asesinada por responsabilidad indirecta de un esclavo negro; pero si se lee como una historia de Scherezada, ningún detalle es arbitrario: la función del esclavo es la de recordar al marido de aquel que, en el primer nivel de ficción, detonó la ira inicial de aquel que mata a todas sus esposas; y al mostrar a la asesinada en el cuento como inequívocamente inocente, se reivindica a todas las predecesoras de la narradora.


El emir es un claro paralelo del marido de la cuenta cuentos, y por lo tanto el relato es un magistral ejercicio de manipulación: las palabras de la narración no lo describen sino como virtuoso, a fin de no ofenderlo, pero la descripción de las acciones son críticas, y una clara invitación a la templanza y la clemencia como características de un gobernante sabio; de esta forma se modifica lentamente su comportamiento sin atacarlo de forma directa. Si Las mil y una noches son múltiples niveles de ficción coexistiendo, en Las tres manzanas los personajes también rebasan los límites y se entremezclan: Scherezada es simultáneamente el esclavo a punto de perder la vida y el hábil visir Jafar que usa una historia para salvarlo; acusado y defensor, víctima y redentor, indefenso y en control; y en medio de todo, la imaginación como el arma más poderosa que existe.



  • Título original: Hikayat as-Sabiyya al-Maqtula

  • Autor: anónimo

  • Año de publicación: Alrededor del 850




Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío

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