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El amor en los tiempos del cólera, capítulo 1

¡Bienvenidos pasajeros! Como lo anuncié a principios de año, llegó el momento de hablar de una novela de forma serializada, como hicimos en 2025 con Cien años de soledad. En esta ocasión elegí otra novela de García Márquez, ahora para honrar a mi mamá, que es el amor en los tiempos del cólera.


Sin embargo, antes de comenzar debo hacer una aclaración importante, pues hay una diferencia fundamental entre este libro y todos los otros que he discutido en esta sección: es uno que nunca antes he leído, ni siquiera un poco; entonces durante las siguientes semanas, los martes se convertirán más que en una reseña tradicional, en un diario de lectura. Descubriremos el texto juntos y serán testigos de mis impresiones, por lo que me disculpo por adelantado si alguna de las cosas que escribo es una interpretación que el propio texto probará equivocada.


Comencé a leer el día primero de mes, siguiendo mi tradición de leer un nuevo libro cada mes; y por lo tanto al momento de escribir estas líneas voy a la mitad del segundo capítulo, pero para dotar de estructura a la sección me limitaré a hablar el día de hoy del primer capítulo, que en mi edición consiste en unas cincuenta y tres páginas. Y ahora puedo compartir con ustedes mi primera impresión, que es la estructura: consistiendo la totalidad de la novela en seis capítulos de larga extensión, la lectura puede resultar abrumadora en un inicio, pues hay muy pocas pausas naturales, pero el trabajo de focalización está bien logrado y permite mantener la cohesión, pues salvo un breve salto al final, todo el primer capítulo se sigue un solo punto de vista.


No sé como se desenvuelva el resto de la novela, y sería poco prudente de mi parte adelantar vísperas; pero si el propósito de la historia es que el lector conecte con el romance entre Florentino y Fermina, como parece indicar la conclusión del primer capítulo, la novela ya se topó con su primer obstáculo, y el único responsable es el talento del autor, pues Juvenal Urbino, nuestro primer protagonista, destinado a convertirse en el "tercero en discordia" me pareció excelentemente bien construido y temo que permanezca como mi favorito del trío. Orgulloso, prejuicioso y fatalista pero también filosófico, melancólico y por momentos incluso dulce, conecté con su sentido del humor y disfruté de leer sus múltiples contradicciones. El momento culmen de la novela es el accidente que le quita la vida, instantáneamente icónico, y aunque hay una buena dosis de humor negro en la acción (creo que el condenado loro es el personaje más divertido de la bibliografía del colombiano), los últimos pensamientos del doctor me resultaron más conmovedores de lo que esperaba, incluso la reacción de Fermina.


La novela inicia en extrema res, con los personajes ancianos, y las relaciones agotadas (una lleva años de matrimonio, la otra tienen décadas sin verse), y aunque eso inevitablemente llenará de una sensación agridulce el viaje al pasado que me espera, funciona de maravilla para generar intriga. Sólo dos cosas sabía de la trama antes de comenzar la lectura: que en algún momento habría una analepsis, y que un tesoro hundido jugaría una especie de rol en la historia. El resultado es que para mí los elementos de misterio presentes en el capítulo (en particular la negativa de Juvenal a compartir con el lector el contenido de la carta, y su reacción a la misma) hicieron maravillas por el ritmo, que encuentra un delicado balance entre seguir un estilo de hilo de pensamiento y tener un narrador externo que da pequeños vistazos del futuro al lector, pero se reserva mucho de la información. No sabía que de lo presentado podría ser una pista clave que sólo cobraría relevancia al conocer el pasado de los personajes, y eso ayudó no sólo a que leyera con más interés, sino que pusiera atención a los detalles, y aunque reconocí como importante la introducción al buque hundido, no sé que tantas otras de las anotaciones que tomé cobrarán nuevos significados.


La historia arranca en la escena de un suicidio, y el doctor dice que esta es la primera muerte por cianuro que no es por amor. De esta manera, con el apoyo del elemento recurrente del olor a almendras, el autor equipara al amor y la muerte desde la primera página, y esta unión de conceptos se mencionará una y otra vez en el capítulo, sobre todo cuando se habla del trasfondo de los personajes, en una redacción nada sutil. Sin embargo, García Márquez se niega, al menos por el momento, en reducir la trama a una visión simplista del amor, pues ya contrasta tres tipos distintos de relaciones: por un lado, me pareció fascinante el personaje de la mulata que acompañó al muerto Jeremiah y a través de la cual se explora el amor sin ataduras, devoto pero desprovisto de convenciones sociales; ella no recibe ni siquiera un nombre, pero al confesar que ayudó a su enamorado a planear su suicidio se corona como la contraparte perfecta de Juvenal. La segunda relación es la del propio doctor con su esposa Fermina, a la que se dedica gran parte de la segunda mitad del capítulo, y que me parece una bastante acertada descripción de muchos matrimonios: una relación larga, marcada por la rutina, en la que pequeños resentimientos y conflictos pasivo agresivos son frecuentes (sin embargo, el narrador recalca que en décadas de matrimonio, el del jabón fue el accidente más serio que tuvo, con lo que se libra por el momento, de lecturas tóxicas sobre la relación), pero donde el amor no se hace notar en las grandes demostraciones de afecto, sino en las pequeñas pero constantes muestras de solidaridad, como Fermina ayudando a Juvenal a vestirse, o el doctor permitiendo la presencia en su casa de animales que odia (¿el amor y la comodidad es lo mismo? es la pregunta central de esta relación, interrogante que la novela no contesta por ahora). El tercer amor es uno al que me imagino que no se le presta mucha atención, al no ser romántico, pero no por eso es menos significativo: la devoción de un perro por su amo al grado de que, pese a que es dejado con posibilidades de huir, prefiere morir junto a él.


Como mencioné antes, es un libro sorprendentemente humorístico, pero se nutre de extraer las situaciones graciosas de distintos estilos: si el loro es ácido, la descripción de la masacre de los animales es totalmente macabra, con imágenes crudas (es una lectura que no teme a mostrar la crueldad con los animales), y el incidente con los bomberos es absolutamente ridículo; y esa variedad en el estilo también es fundamental para la construcción de personajes, pues los contrastes entre uno y otros permite comprender a mayor profundidad su personalidad (por ejemplo, Juvenal es el prototipo del caballero conservador, Fermina es introducida con una pijama escotada; el doctor tiene como una de sus prioridades la asistencia a misa, su amigo suicidado es ateo declarado).


García Márquez hasta el momento no ha proporcionado grandes pistas geográficas de su ciudad protagónica, salvo su componente costero y su pertenencia a Colombia; pero la descripción de la misma está muy bien lograda, la narración del peregrinar de Urbino por distintos barrios se suma al juego de contrastes que es una característica del capítulo, y la descripción de la ciudad tras la visita a la mulata es poética, quizá los párrafos más románticos del capítulo. Sin embargo, temporalmente la historia es muy fácil de ubicar, la combinación de la mención del estreno de "Sin novedad en el frente" y del primer triunfo del Partido liberal la coloca de forma inequívoca en 1930.


El capítulo está repleto de algunos de los elementos narrativos y estéticos de otros libros de García Márquez, incluyendo la lluvia como motivo visual, la importancia de la memoria (en estos casos la pérdida de la misma por parte de Juvenal), la tristeza ante la vejez y la soledad, así como la ambigüedad moral en los personajes (la gran revelación es el pasado criminal de Jeremiah, y si eso debería afectar el recuerdo que Juvenal tiene de él). "La sabiduría llega cuando ya no nos sirve para nada" es la frase que más resonó conmigo del primer capítulo, una perspectiva bastante oscura de la vida, como lo es una metáfora sensacional que involucra una partida de ajedrez inconclusa.


En las últimas páginas tras la muerte de Juvenal es donde García Márquez saca a relucir su trasfondo periodístico al proporcionar más información sobre el personaje al estilo de semblanza, que también permite atisbar el verdadero carácter de Fermina durante la organización del funeral; y pese a que nunca se cruzaron en el primer capítulo, el final establece una última conexión entre los rivales de amores, pues Florentino atrapa al loro responsable de la muerte del funeral, y aunque vago, la descripción de este primer encuentro entre los antiguos enamorados cumplió su función de mantenerme intrigado por el pasado de una mujer que llora por un hombre, y piensa en otro.





  • Título original: El amor en los tiempos del cólera

  • Autor: Gabriel García Márquez

  • Año de publicación: 1985





Hasta el próximo encuentro...


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