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El crimen de lord Arthur Savile

¡Bienvenidos pasajeros! Si revisamos las historias típicas alrededor de la figura del héroe, las motivaciones siempre son una de dos, muchas veces ambas: el "amor" y el "deber". Revisando la bibliografía de Oscar Wilde, pues es un autor clásico del que estoy casi seguro que nunca he hablado en este espacio, recordé una historia breve que sirve como una excelente sátira de ambos conceptos.


Situado en la era victoriana, el relato corto sigue a un aristócrata, a punto de contraer matrimonio, quien en un evento social tiene un encuentro con un lector de palmas que le vaticina que su destino es convertirse en asesino. Creyendo sin cuestionar en la palabra del hombre, atormentado por la idea de no poder disfrutar de la mujer a la que profesa amor con una nube negra en el horizonte, decide retrasar los esponsales con la determinación de cometer el homicidio antes del matrimonio.


El relato es corto, poco más de veinticinco páginas en mi edición, pero Wilde es metódico en su estructura, que le da un ritmo perfecto para convertirlo en una lectura muy ágil, pese a una cantidad impresionante de personajes y adjetivos: seis capítulos, que giran en torno a puntos de trama muy claros: la introducción, tres intentos de asesinato de Arthur y la angustia durante la espera de noticias.


Desde el primer capítulo Wilde deja en claro el tono que busca lograr con su historia: una sátira mordaz a la sociedad victoriana, decidiendo comenzar su narración en una de las fiestas más absurdas de la literatura, marcada por la frivolidad y la ingenuidad, un grupo de personajes crédulos, fácilmente engañados, de naturaleza que es simultáneamente voluble a caprichos banales y férrea en su propósito de encadenarse a sí mismos a convenciones y prejuicios sociales. Si el relato fuera un poco más largo, hubiera sido fascinante continuar con la exploración de los invitados a la lectura de manos, pero creo que en la naturaleza de las predicciones y las interrupciones de la anfitriona se esconde de forma sutil el giro final de la historia.


El narrador es uno que se puede describir casi como picaresco, interrumpiendo la historia, a veces para traducir las expresiones en francés, a veces para expandir algunas ideas. pero en lugar de sentirse intrusivo, esta acción vuelve el discurso más interesante, pasando al primer plano las evidentes contradicciones de sus personajes, y por lo tanto el mundo de Wilde (el mismo, que en este cuento escribe con un desprecio absoluto de las pseudociencias, poco después caería víctima de ellas). El humor negro es la gran fortaleza del texto, y es una maravillosa experiencia lectora el ver a los personajes tomarse extremadamente en serio una situación que es evidentemente absurda.


Si todos los personajes acaban contradiciendo en mayor o menor medida la primera afirmación que se hace de ellos, no hay mejor ejemplo que Arthur Savile, quien es quizá el protagonista más infravalorado de Oscar Wilde: presentado como el arquetipo del héroe victoriano, su angustia al enterarse de la predicción es una excelente sátira del monólogo del protagonista trágico que dominó la literatura de la época. Como los héroes de antaño, Arthur se siente atado de manos por el destino, pero el autor es explícito en que todas las decisiones de su protagonista son deliberadas, ninguna impuesta, por mucho que él se quiera convencer de lo contrario. Lord Arthur se llama a sí mismo un hombre pragmático, en el que domina el nada común "sentido común" pero sus acciones rozan el delirio: por amor retrasa su matrimonio, sumando en la tristeza a una prometida a la que ni siquiera le tiene suficiente consideración para darle explicaciones convincentes; y pasa todo el relato planeando homicidios de parientes, no por pasión o interés (de hecho, se vanagloria de lo metódico de la selección de sus víctimas), sino por un sentido del deber. Para el personaje, cometer un homicidio premeditado es la decisión más moral que puede tomar, y esa es una ironía oscura que no pasa desapercibida por el autor, la contradicción es su tesis central.


La historia como se ha planteado hasta el momento suena muy seria, pero la realidad es que es posiblemente el texto más divertido de Wilde. Prefiero no entrar en detalles, para que nuevos lectores los descubran, me limitaré a decir que en este texto se presenta una versión muy interesante del concepto del destino, casi como un personaje con voz propia: la forma en la que falla su primer intento de asesinato es una burla muy bien lograda del arquetipo del "crimen perfecto", y el segundo intento es una hilarante mezcla de incompetencia y suerte. En ese último segmento es donde se introduce al que en mi opinión es el mejor personaje del relato, otro ejemplo de la maestría del autor para la contradicción: un anarquista alemán que es la persona más cálida y servicial de la historia, un terrorista carismático y divertido, un hombre que pronuncia el diálogo más divertido del cuento, al explicar por qué matar policías va contra su código personal.


La prometida de Arthur se llama Sybil, algo que me parece intencional, pues remite a los oráculos de la tradición grecorromana. Como en esos mitos de los que Lord Arthur parece anhelar formar parte, el clímax parece ser un gran ejemplo de una profecía autocumplida, y en ese sentido es satisfactorio como un gran ejemplo de justicia poética, pero el comentario viaja a un nivel superior en los últimos párrafos, que eliminan cualquier creencia que el lector pueda retener de un destino manifiesto. En ese sentido, la historia se convierte en una inesperada fábula sobre el poder de la sugestión, y lo ridículo que la sociedad "honorable" puede llegar a ser.



  • Título original: Lord Arthur Savile's Crime: A story of chireomancy

  • Autor: Oscar Wilde

  • Año de publicación: 1887





Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío

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