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Jesucristo Superestrella

¡Bienvenidos pasajeros! Al contrario del año pasado, no pienso hacer un especial completo dedicado a la semana santa; pero puesto que el musical de este mes coincidió con el domingo de ramos, no pude perder la oportunidad de tocar la que es probablemente la obra con temas bíblicos más famosa de la historia.


Normalmente no empiezo con la música, pero si quieren comprender la naturaleza de este musical, recomiendo escuchar la apertura orquestal, pues resume en cuatro minutos el espíritu de Jesucristo Superestrella, que es, en una palabra: anacrónico; pues los instrumentos electrónicos y las claras influencias del hard rock contrastan de forma inmediata con la narrativa, que es una adaptación de los últimos días de Jesús de Nazaret, desde poco antes de la entrada a Jerusalén hasta la resurrección. De hecho, el origen de la obra fue lo que se conoce como álbum conceptual, y tras adaptarse al escenario el guion incorporó elementos del mundo contemporáneo, tanto en expresiones populares como en referencias políticas y sociales, en una decisión intencional de emplear un juego de contrastes entre el montaje y la narrativa.


Una de las obras más icónicas de la carrera temprana de lord Andrew Lloyd Webber, y uno de sus musicales más exitosos y longevos en taquilla, desde su estreno estuvo plagado de polémicas, lo que podría explicar porque la producción original sólo recibió cinco nominaciones al Tony, de las cuales ganó ninguno. Sin embargo, montajes posteriores, sobre todo en el West End, han gozado de una mejor recepción. Puesto que, al contrario de otras producciones, Jesucristo Superestrella es una historia muy poco monolítica, que permite a los directores más libertad creativa, hablaré poco de los elementos de producción; pero hay tres constantes que siempre permanecen: un muy buen diseño de iluminación, que acerca un montaje tradicional a la estética de un concierto de rock; un diseño de escenografía que complementa las contradicciones de la banda sonora, combinando elementos contemporáneos con aquellos clásicos de la ficción histórica; y un diseño de vestuario que en su mayor parte se inclina por la tradicionalidad, pero incorpora elementos de cantantes de gospel de los setentas.


Algo que me parece muy interesante de la obra es que, peso a que hubo intentos de censura de la producción original, el musical ha probado ser popular en países de mayoría católica (incluyendo cinco versiones mexicanas), y la iglesia católica ha dado su visto bueno a varias de ellas sin exigir cambios al libreto. Para propósitos de esta reseña, primero hablaré de la obra como narrativa, y sólo al final haré un breve comentario sobre mi perspectiva de la producción como católico.


La primera publicación que escribí para este blog fue sobre Hamilton, y recordando Jesucristo Super estrella me sorprendieron las muchas similitudes que tienen: ambos son musicales sing-through, es decir, todas las escenas son cantadas (aunque la de Lloyd Webber es considerablemente más corta), ambas causaron escándalo por la contratación de un elenco diverso (Judas ha sido históricamente interpretado por un afroamericano, tradición que se ha expandido a otros roles), utilizando música poco convencional para la época (rock y hip hop respectivamente); y la estructura incorpora al antagonista, representado como una figura trágica, como una suerte de narrador.


Al pertenecer la obra al subgénero de la ópera rock, todos los personajes pueden describirse como "más grandes que el mundo", para estar a la altura de la exuberancia de la música; y el efecto es una obra con un ritmo excelente, en el que incluso las canciones de conspiraciones y tragedia tienen un tempo acelerado, que da muchas oportunidades interesantes de coreografía. Sin embargo, la mayoría de los personajes carecen de una identidad musical individual, siendo por el contrario agrupados en colectivos (los enemigos de Jesús: Anás, Caifás y Herodes; los discípulos, y el colectivo que oscila entre amor y desprecio por el líder espiritual). De hecho, sólo cuatro personajes reciben caracterización individual: Poncio Pilato en un rol menor, y los tres grandes protagonistas de la historia: Jesús, Judas y María Magdalena. Estos tres personajes, en quienes se concentran la mayoría de los temas, me parecen muy bien construidos y psicológicamente complejos.


Analizado como una narrativa de ficción, Judas Iscariote es un gran antagonista, con motivaciones complejas cuyos momentos de dudas; honestidad intelectual y evidentes fallas de carácter permiten a la audiencia empatizar con él y creer, contra todo pronóstico, que tiene una oportunidad de redención; y es en muchos sentidos el motor que mueve el primer acto. En oposición al traidor surge Jesús, quien aunque desde su introducción recibe una caracterización rica, virtuosa pero solitaria, abrumado por el peso de su destino, una de las versiones más humanas del mesías; y al tomar más protagonismo en el segundo acto, construye algunas de las escenas más dramáticas de todo el teatro musical. María, considerablemente menos atormentada que los otros dos, pero con su propio conflicto interno, se consolida como prácticamente la voz del espectador, representando el aspecto más empático de la fe.


A nivel temático, la obra está muy poco preocupada por asuntos teológicos, que ignora casi por completo (aunque hay una crítica a la Iglesia, representada en los apóstoles, caracterizados como bienintencionados pero ignorantes, incapaces de comprender de verdad a Jesús). Por el contrario, las reflexiones de la obra se concentran en la realidad, y la posición de Jesús como líder social y figura política. ¿Cuál es la forma correcta de lograr un cambio? es la pregunta principal de la narrativa, con algunos personajes deseando una revuelta contra los romanos y Judas la principal voz abogando por mesura y contención para no causar conflicto. De esta manera, la obra se aleja de la interpretación tradicional de los fariseos por una más compleja, en la que su ambición personal es complementada por miedo al cambio y preocupación genuina por las consecuencias del activismo de Jesús. Un desenlace mucho más sombrío que otras historias con bases religiosas, todos los líderes políticos, sean retratados de forma relativamente positiva (Pilato) o ambiciosa (Caifás, Herodes) son representados como cobardes, indecisos y al final, inefectivo; mientras que la sociedad es mostrada de una forma muy cruel como abiertamente voluble y manipulable. La obra se niega a responder sus múltiples interrogantes, dejando a la audiencia la responsabilidad de buscar respuestas, por lo que la conclusión es agridulce, por momentos desesperanzadora, y en muchos sentidos abierta.


Mi conclusión de la obra como narrativa: creo que necesitaba ser más larga, para expandir a sus personajes secundarios, pero el trabajo con los tres protagonistas es excepcional, y como espectáculo visual y sonoro es excelente. Como adaptación de textos religiosos, tengo más problemas: la caracterización de Judas (preocupado por los pobres, cuando en los evangelios roba de la bolsa común), si bien lo hace un personaje más interesante, no está respaldada por las escrituras; y tengo serios problemas con la decisión de omitir la resurrección, pero no me parece blasfema ni un insulto a la religión, y de hecho considero que la representación de Jesús (aunque enfocada mucho más al lado humano que al lado divino) es respetuosa, y al poner casi todo el escepticismo en boca de Judas, logra "salirse con la suya" con sus cuestionamientos. No soy alguien que se ofenda fácilmente con interpretaciones libres de temas delicados, pues creo en la libertad de expresión, y debo decir que pese a mis problemas disfruto mucho de la obra, en parte porque Rice y Lloyd Webber fueron responsables al dejar claro desde un inicio que la obra no debía ser tomada como una adaptación libre: como ejemplo y dato curioso, me llama mucho la atención que, de los doce apóstoles, sólo tres aparecen como personajes, Judas, Pedro y de forma sorprendente, Simón el zelote, un claro posicionamiento de que la discusión será más política que espiritual.


Cierro, como es costumbre, con mi opinión sobre las canciones, aunque en esta ocasión ya hablé del ritmo y la instrumentación. A nivel de composición, los leitmotif están muy bien incorporados, y cada canción tiene al menos un elemento memorable, permitiendo que brillen las similitudes y contrastes entre los tipos de voz. No puedo hablar de todas, pero entre mis favoritas se encuentran "Everything's alright" (quizá la mejor demostración del contraste musical entre el rock de Judas y la balada de María), "Damned for all time/Blood Money" (un excelente final para el primer acto, y el momento mejor construido de Judas como personaje), "Could we start again, please?" (una de las representaciones más sinceras, pese a su sencillez, de una crisis de fe), "Judas' death" (en particular el breve reprise del tema de amor del primer acto) y "Superstar" (quizá la canción más famosa y temáticamente rica de la obra); pero los dos mejores números, que considero de las mejores jamás compuestas por Lloyd Webber: "I don't know how to love him", una muy bella balada de amor, que se aleja del cliché de la pasión no correspondida y "Gethsemane", el impresionante solo de Jesús, sobre sus dudas la noche antes de su arresto, y para mí el clímax emocional de la obra.


  • Año de estreno: 1971 (Broadway)

  • Música: Andrew Lloyd Webber

  • Letra: Tim Rice

  • Libreto: Tim Rice

  • Dirección: Tom O'Horgan

  • Elenco original:

    • Jeff Fenholt (Jesús)

    • Ben Vereen (Judas)

    • Yvonne Elliman (María Magdalena)

    • Barry Dennen (Pilato)

    • Bob Bingham (Caifás)

    • Phil Jethro (Anás)

    • Michael Jason (Pedro)

    • Dennis Buckley (Simón)

    • Paul Ainsley (Herodes)



Hasta el próximo encuentro...


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