La isla del tesoro
- raulgr98
- hace 3 minutos
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¡Bienvenidos pasajeros! Como creo que mencioné ya alguna vez, yo crecí leyendo versiones abreviadas de los clásicos, destinados a un público juvenil; y cuando llegó el momento de pasar a las versiones originales, el primer autor que leí completo fue Robert Louis Stevenson, probablemente influenciado porque me marcaron las adaptaciones de algunas de sus novelas y relatos (sea la película del Planeta del Tesoro, la radionovela del diablo de la botella que escuchaba mi papá y muchas más). La semana pasada tuve la oportunidad de volver a adquirir algunos volúmenes que perdí hace años en una inundación, y entre ellos se incluye la que sigo creyendo que es la mejor novela de aventuras jamás escrita, que influenció el cine y la literatura posteriores a niveles que aún no se han analizado del todo.
Publicada por entregas y bajo pseudónimo como "El motín de la Hispaniola", la historia transcurre en el siglo XVIII y sigue a Jim Hawkins, el hijo de unos posaderos, quien por una serie de circunstancias encuentra el mapa hacia un tesoro oculto y se une a la expedición, ignorante del hecho que gran parte de la tripulación son piratas infiltrados.
Concebido originalmente como una historia infantil, de ahí el énfasis en la aventura, los recursos de trama cuasi fantásticos y los detalles mórbidos, la novela fue creciendo durante uno de los largos periodos de enfermedad del autor, en parte influenciado por la retroalimentación del padre del escritor. Tras su publicación, se convirtió en el primer éxito de ventas de Stevenson, lo que le permitió sostener el resto de su carrera.
Aunque rara vez hablo del contexto biográfico de los escritores, y esta no será la excepción, en relecturas es evidente que Stevenson imprimió en su manuscrito su amor por el viaje en lo general, y por el mar en particular (terminaría por acabar sus días en una isla), así como de un ansia de libertad que se respira en cada página. Sin embargo, el eje temático es también uno de advertencia sobre los riesgos de dicho espíritu aventurero, con el autor castigando tanto en héroes como en villanos la impulsividad, y recompensando la prudencia incluso durante la acción (por mencionar sólo un ejemplo, la razón por la que John Silver recibe más simpatía que los otros bucaneros, pese a sus obvios defectos morales, es que es el único capaz de contener el gasto y no despilfarrar los tesoros que obtiene, mostrando madurez y una rara clase de sabiduría).
Aunque la acción es emocionante, ágil sobre todo para estándares de la época, creo que la mayor virtud del escritor en este volumen es su talento para la descripción: los espacios son vívidos, y los personajes están muy bien delineados, con aspectos físicos que son un complemento perfecto a su psicología. La creación de imágenes por parte de Stevenson es clave para el éxito de la historia, pues el lector puede visualizar con total claridad los entornos principales (la posada, el barco, la isla), con ciertos pasajes, algunos ligeros, otros macabros, instantáneamente icónicos (el esqueleto en el tercer acto, por mencionar un ejemplo, es particularmente memorable).
En cuestión de estructura, la novela está integrado por treinta y cuatro capítulos, divididos en seis partes (compuestos de seis, seis, tres, seis, seis y siete). Que casi todas las partes tengan una duración similar, es clave para mantener el ritmo de la historia, y proporcionar puntos de descanso naturales que corresponden con el proceso de crecimiento de Jim (quien narra treinta y uno de los capítulos), desde un joven impulso e inmaduro a un héroe entrañable, que gana ingenio y sentido común conforme avanza la aventura. Asimismo, cada una de las seis partes podría ser casi una historia corta contenida en sí misma, lo que implica sutiles diferencias en tono y estilo. Por ejemplo, la primera parte, en la posada, está construida como un muy efectivo misterio alrededor de los enigmáticos huéspedes y visitantes, que genera una intriga que permanece por el resto de la novela. Contrario a otras historias de aventuras, el trayecto es relativamente corto, ocupando sólo una porción de la segunda parte, pero eso no significa que el aspecto marítimo quede abandonado, pues la recuperación del barco por parte de Jim en la quinta parte es su clímax como personaje, y uno de los momentos más emocionantes de la historia. Las otras tres partes, que suceden mayoritariamente en la isla, tiene cada una una identidad propia: una refleja el horror del motín y el asombro ante lo salvaje, otra mucho más compleja muestra las tensiones y negociaciones de la lucha en la empalizada, y la tercera, que versa sobre la búsqueda del tesoro, juega incluso con lo sobrenatural y es un desenlace más que satisfactorio.
Incluso más que la acción, lo que vuelve tan memorable la historia para mí es el excelente trabajo de personajes: ya hablé un poco de Jim, un excelente protagonista con virtudes que lo vuelven entrañables y defectos que vuelven su viaje interesante; mientras que John Silver, por su carisma y complejidad moral, es uno de los mejores villanos del siglo XIX, y el arquetipo del pirata que se popularizaría en la ficción, tanto en actitud como en aspecto físico, incluyendo la introducción de tropos como la pata de palo y el perico en el hombro. Hablando de la pata de palo, si juntas lo imponente que es Silver con el terror que provoca el ciego Pew en la primera parte como un antagonista menor, me parece interesante que Stevenson haya decidido que los dos piratas más astutos y peligrosos sufran alguna discapacidad. Más allá del protagonista y antagonista, la novela tiene uno de los mejores ensambles de personajes secundarios que he visto: por el lado de los villanos, creo que fue un acierto el diferenciar a los amotinados en lugar de volverlos una masa amorfa a las órdenes de Silver, con Israel Hands, George Marry y Dick Johnson siendo particularmente efectivos. Del lado de los marinos leales, creo que la presencia de personajes menores como los criados de Trewlaney es clave para que la situación de los protagonistas se sienta menos desesperanzadora; y aunque el náufrafo Ben Gunn nunca me ha parecido tan interesante como a otros lectores, el carpintero Abraham, pese a su rol menor, tiene un arco completo y es el personaje que, en mi opinión, tiene el final más satisfactorio.
En lo que concierne a los tres mentores de Jim durante el viaje (sin contar a Silver, aunque también cumple ese rol), el contraste entre ellos es evidente, y fuente de la mayoría de las tensiones de la parte media de la obra: Trelawney como patrocinador del viaje, es carismático por su carácter gallardo y bonachón, pero se revela como demasiado ingenuo; mientras que su extremo opuesto es el capitán Smollett, cauto a un extremo irascible (aunque no está exento de sus momentos impulsivos), lo que le gana el desprecio de Jim y el lector, aunque eventualmente llegarán a un entendimiento mutuo. Como equilibrio entre los dos se encuentra el doctor Livesey, prudente y racional pero también empático y cortés; es mi personaje favorito de la novela, por lo que la decisión de Stevenson de volverlo el narrador por tres capítulos intermedios es una que agradezco, pues su perspectiva de la empalizada ayuda a complementar el relato de Jim, volviendo la aventura y la descripción de los personajes más redonda.
Pese a que el tono es en su mayor parte optimista y abierto a la aventura, la historia no está exenta de momentos serios; hay muertes explícitas en casi todas las partes y los personajes se enfrentan a decisiones difíciles, lo que ayuda a que, en medio de la "diversión" del viaje, los personajes se sientan en un peligro real, lo que vuelve más satisfactorios sus triunfos. Pese a que hay ciertas referencias que permiten relacionar la aventura con ciertos momentos históricos, tanto el año exacto como la ubicación de la isla permanecen en la ambigüedad, y la focalización en extrema res (un Jim adulto poniendo por escrito el viaje, pero manteniendo ocultos los detalles, para "alejar a los lectores de la tentación") ayuda a darle un tono de crónica al relato ficticio.
Cierro con un breve comentario sobre el paradójico legado de la novela, sobre todo en la concepción que se tiene de la era de la piratería: más allá de las referencias a bucaneros reales, en las tácticas de motines y prácticas de tripulación es clara la exhaustiva investigación que hizo Stevenson, pues corresponde a noticias y leyendas a las que tuvo acceso; pero también aportó de su propia creatividad, y la Mancha Negra, que se ha consolidado como un elemento siempre presente de la mitología de la piratería, es invención de esta novela; mostrando que lo que inició como una recopilación de mitos y arquetipos con la misma facilidad puede construir los propios, y consolidar su impacto.
Título original: Treasure Island
Autor: Robert Louis Stevenson
Año de publicación: 1881-1882
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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