La ventana abierta
¡Bienvenidos pasajeros! Estuve tentado a escribir sobre un relato de horror esta semana, considerando la cercanía de las festividades; pero hablamos de uno hace menos de un mes; y cometí el error de escribir sobre la mayoría de mis favoritos en los primeros dos años de este blog. Sin embargo, si quiero hablar aunque sea un poco del miedo hoy, y me pregunto ¿por qué es un género que fascina tanto al artista como al consumidor de dicho arte? ¿Qué tiene que esa emoción primigenia que es probablemente el género más antiguo en la Historia de la humanidad? Dentro del cuento del día de hoy, quizá se esconda la respuesta.
Estas últimas semanas, me he concentrado mucho en la exploración del relato corto, y la complejidad que implica la tarea de contar una historia completa en un espacio limitado (cuatro páginas en mi edición de este cuento). Aunque es un estilo narrativo que hemos explorado sobre todo en la lengua hispana, también ha tenido mucho éxito en inglés, y por segunda ocasión hablamos en este blog de Saki, considerado el maestro británico de la ficción corta.
Un relato con varios niveles diegéticos, el protagonista es Framton Nuttel, un viajero que por una crisis personal se ve obligado a viajar al campo y hablar con extraños. En una de esas casas, conoce a una muchacha de quince años, Vera; quien le cuenta una historia de porque la ventana de la casa está abierta en pleno octubre. De esta manera, salvo un par de oraciones, que funcionan más como acotaciones teatrales que verdaderos párrafos, la primera mitad del relato está construida casi exclusivamente con diálogos entre Nuttel y Vera, en la que se construyen en paralelo los dos niveles de la historia. La segunda mitad, marcada por la entrada a la historia de Sappleton, tía de Vera, es más descriptiva con un resultado muy satisfactorio en el primer giro de trama; pero no pierde su cualidad casi oral pues entremezcla la acción con dos relatos más.
El trasfondo de Nuttel permanece vago; salvo la existencia de una hermana aparentemente cercana se dan pistas casi nulas del origen de su crisis nerviosa; pero la falta de exposición beneficia al relato: con muy pocos detalles el protagonista recibe profundidad psicológica, que el lector complementa con su propia imaginación: antes del giro final del cuento, esta caracterización parece un homenaje al clásico personaje atormentado y paranoico de los relatos de terror del siglo XIX (Poe, Wilde, etc.); pero después del giro, se reinterpreta como una explicación del efecto que tiene en él el relato de Vera, y un comentario del propio lector que se presta voluntariamente (sea consciente o inconscientemente) a la manipulación emocional al comprometerse emocionalmente con las historias que escucha o lee.
Por otro lado, los otros dos personajes; Vera y Sappleton, me parecen bien definidos pese al poco tiempo que reciben en el texto. De la segunda casi no se dan detalles, pero es una manifestación del poder de la perspectiva, pues sus acciones se leen completamente distinto si se conoce el giro o no. Vera por otro lado, es una excelente representación del arquetipo del contador de historias, que Saki explora en gran parte de su bibliografía: sus reacciones son clave para que Nuttel (y a través de él, el lector), conecten con la historia, mucho más importante que lo que se narra en sí mismo, pero en relectura, se vuelve evidente con detalles sutiles que se trata por mucho del personaje más inteligente del relato, capaz de una gran atención al detalle y total dominio de su pequeño mundo; con la última línea dedicada a ella y un excelente resumen del espíritu de una mente creativa.
Resulta extremadamente difícil hablar de la segunda parte del relato sin revelar el último giro de trama, que de verdad no quiero arruinar; pero me limitaré a decir que es uno de mis finales favoritos para un cuento que jamás he leído. Ingenioso sin que sea a expensas de la dignidad de sus personajes, replantea todo lo previo sin cambiar una sola palabra, demostrando que la naturaleza de los relatos, y quizá del mundo mismo, es enteramente una cuestión de perspectiva. El final es cerrado, pero al mismo tiempo introduce una cierta naturaleza cíclica, interminable, en el arte de contar historias.
¿Es el cuento de Saki uno de terror o de comedia? Creo que la magia de su composición es que, aunque la respuesta es definitiva una vez terminado, paradójicamente funciona como ambos: el escritor construye una atmósfera de tensión con maestría, requiriendo apenas un par de imágenes y la descripción de la reacción de los personajes; por lo que funcionaría como una muy efectiva historia de miedo, pues se construye con terrores inherentes al ser humano: la pérdida, la locura y la añoranza. Pero también es indudable que me hace reír cada vez que lo vuelvo a leer, pues el desenlace se enriquece de una picardía bastante grata, que no es del todo inofensiva pero tampoco llega a la crueldad.
Así, volviendo a la pregunta inicial, podemos encontrar porque el terror nos parece tan fascinante: se encuentra en el borde delgado entre la fantasía y el realismo: le permite al lector soñar, pero construye esa imaginación con aquellos terrores más cercanos a la imaginación. Hay una complicidad inherente entre narrador y escucha, que difícilmente se da de forma más íntima en otro género; en el que la disposición de quien se expone a ser asustado de convertirse en víctima realza el poder que en verdad tiene un contador de historias para construir nuevos mundos, y de esta manera, transformar el real.
Título original: The open window
Autor: Hector Hugh Munro (Saki)
Año de publicación: 1911
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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