top of page

Los que se alejan de Omelas

hace 2 minutos
4 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! Buscando inspiración para la publicación de hoy, busqué en internet los considerados mejores cuentos de ciencia ficción. La mayoría eran creaciones de los sospechosos usuales: Asimov, Clarke, Bradbury, Dick; pero una publicación de Le Guin, que yo jamás había considerado sci-fi, también se repetía una y otra vez. Y hoy, esa autora me llamó la atención en particular, pues llevo dos meses leyendo su saga de fantasía Terramar, en una bellísima edición ilustrada. Tenía mucho que no leía el cuento que recomiendo hoy, y el ejercicio de redescubrimiento fue muy interesante.


Lo más fascinante de esta composición, es que ni siquiera estoy seguro de que sea correcto llamarlo cuento: ganó premios Locus y Hugo en la categoría de relato corto, y lo he visto impreso en dos antologías: uno en efecto lo llama cuento, pero lo otro lo denomina simplemente como "texto descriptivo". Desafía convenciones, pero si me preguntaran a mí, quizá el término más apropiado sería ficción ensayística. Todo eso, Le Guin lo logra en un espacio extremadamente breve, siendo quizá el más corto de los relatos que he presentado en este espacio (con la excepción de las micro ficciones), con sólo cuatro páginas en mi edición.


Aunque Le Guin es una reconocida escritora de ciencia ficción, y una fuerte influencia en Star Trek, sobre todo a través del "Ciclo Hainish"; salvo breves especulaciones sobre tecnología hay muy poco para ubicar geográfica o temporalmente la ciudad de Omelas, decisión intencional, pues permite que la alegoría funcione.


El ejercicio creativo es difícil de clasificar por la falta de trama: no sigue la estructura básica, ni ninguno de los personajes tienen nombre, y prácticamente no hay acción. Un narrador anónimo, no confiable, sitúa su escritura en la realización de un festival en la aparentemente perfecta ciudad de Omelas, y el resto del relato oscila entre una lección de historia y viñetas sobre personas disfrutando la fiesta.


La autora logra en este relato una doble relación que es en apariencia contradictoria, lo que realza su complejidad: por un lado, es una de las descripciones mejor logradas que he visto en ficción corta, con imágenes vívidas diseñadas para crear tanto asombro como familiaridad. Por el otro lado, parte de la riqueza en la narrativa se encuentra en la ambigüedad, reconoce en diálogo desconocer muchas cosas del funcionamiento de Omelas y la gente que la habita, sobre todo en lo que concierne a leyes y gobierno, mientras que sus reflexiones sobre tecnología y transporte son especulaciones suyas. De esta manera, se construye un doble discurso en el que la voz narrativa parece por momentos habitante de la ciudad, y tan forastero como el lector, construyendo de esta manera una atmósfera irreal, especulativa, casi etérea.


Lo mejor de la construcción de mundo, bien lograda pese a la brevedad del texto, es que no es la utopía típica criticada por ingenua tanto en la literatura como en la ciencia política: de hecho, una de las pocas cosas que el narrador afirma con certeza absoluta es que los habitantes no son simplones, sino cultos e inteligentes, maduros pero capaces de pasión; en el que es uno de los párrafos mejor logrados del texto, esta descripción sirve a Le Guin como plataforma para aportar su propia visión de la naturaleza del bien y el mal, que parte de la capacidad de describir la felicidad, que según la autora nosotros somos poco capaces, pues encontramos más interesante (como artistas y personas) el dolor y el mal. En ese mismo sentido, sobre la importancia de saber describir, el texto es uno verdaderamente interactivo, en el que el narrador ofrece múltiples oportunidades al lector de aportar su propia imaginación a la construcción de Omelas, agregando a su gusto sexualidad, religiosidad y la existencia de drogas; de tal manera que la ciudad perfecta sea distinta para cada lector.


Que cada uno de nosotros construya su propia versión de Omelas es clave para la efectividad del final, y esta es la rara ocasión en la que los spoilers son necesarios. Una vez que el lector a convertido a esta ciudad en su constructo ideal, la autora convierte ese ensueño en una incomodidad automática con la revelación: toda la felicidad de la ciudad depende de mantener a un solo niño en un sótano, en la más absoluta de las miserias. El texto nunca proporciona una explicación a por qué esto es necesario, pues tanto el narrador como los personajes lo aceptan, dando un significado más oscuro a la afirmación previa de que "los habitantes de Omelas no conocen la culpa". Lo más inteligente de esta revelación es que todos los personajes conocen el secreto detrás de su felicidad, y por lo tanto son cómplices activos.


De esta manera, Le Guin hace una interesante metáfora de la naturaleza humana: la reacción inicial de los habitantes de Omelas es el horror, pero en la inmensa mayoría de los casos, el utilitarismo social termina por primar sobre la conciencia, racionalizando la necesidad de perpetuar ciclos negativos. Incluso los que deciden abandonar la ciudad, si bien toman la decisión activa de dejar de ser partícipes del abuso, es más para remediar sus propias consciencias, pues al salir de la ciudad no cambian de verdad el sistema, sólo se niegan a tomar responsabilidad directa o indirecta por él.


El texto, en ese sentido, funciona como un espejo incómodo a nuestra sociedad, que política, económica e incluso culturalmente ha buscado siempre el "bien mayor", sin consideración a los que quedan atrás en esa persecución. ¿Somos los habitantes de Omelas, los que la abandonan, o incluso el niño solitario? ¿Huida o complicidad son acaso nuestras únicas opciones ante un sistema defectuoso? ¿Es en verdad posible ser plenamente feliz, sabiendo el sufrimiento que nos rodea? Son preguntas a las que este texto, con carices filosóficos y existencialistas no ofrece respuesta, porque no existen de forma definitiva, y en eso consiste su riqueza, pues a más de cincuenta años de su composición, se siguen publicando respuestas para mantener el debate vivo.




  • Título original: The ones who walk away from Omelas

  • Autora: Ursula K. Le Guin

  • Año de publicación: 1973


Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío

Entradas recientes

Ver todo
El guardagujas

¡Bienvenidos pasajeros! El día de hoy no habrá análisis elaborado, y no queda otra mas que una admisión de culpa: mi plan original era dedicar esta semana en recomendar algo del ganador o ganadora del

 
 
 
El guardavías

¡Bienvenidos pasajeros! Siempre he dicho que no me gusta el terror, pero eso no siempre fue cierto. Hubo un breve instante, a finales de la primaria, cuando leí dos antologías de cuentos de horror sim

 
 
 
Dos poemas para recibir el otoño

¡Bienvenidos pasajeros! En muchos años, he tenido realmente pocos puntos de desacuerdo con mi papá, al menos casi ninguno de verdadera seriedad; pero una de nuestras discusiones recurrentes, que se ha

 
 
 

Comentarios


bottom of page