Dos poemas para recibir el otoño
¡Bienvenidos pasajeros! En muchos años, he tenido realmente pocos puntos de desacuerdo con mi papá, al menos casi ninguno de verdadera seriedad; pero una de nuestras discusiones recurrentes, que se ha convertido en un divertido juego para nosotros, es que yo haga explícita una y otra vez mi reticencia a aprender francés. Mi primer acercamiento con tal lengua fue de su mano, cuando me enseñó a practicar para un papel de esa nacionalidad en una obra de teatro; y le di otra oportunidad en bachillerato, en parte para intentar satisfacerlo; pero encontré la experiencia frustrante, y terminé por abandonar al final del primer año. Lo entiendo más de lo que me gusta admitirlo, sobre todo escrito, pues no deja de ser una lengua romance, pero siempre odié lidiar con las pronunciaciones nasales. Él y yo tenemos muchas cosas en común, pero mucho me temo que nunca le tendré amor a su idioma favorito.
¿A qué viene a cuento esta introducción? A que preparo esta publicación la noche que estoy por ver la última película del tour de cine francés que veré este año, como una especie de homenaje al evento fílmico que me gustó mucho más de lo que esperaba, y a la persona que fue mi acompañante a la sala de proyecciones estas últimas semanas.
En un diplomado de tiempo atrás, dedicamos un semestre completo a Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y los otros poetas franceses; y regresé a mis viejos compendios para decidir de quien quería hablar hoy, pues creía que era tiempo de volver a recomendar un poema. Cerca estuve de hablar de Victor Hugo, quien tuvo una fuerte carrera poética paralela a su novela; pero al final, opté por dos obras de autores con los que no estoy tan familiarizado; la primera de la generación de los clásicos decimonónicos, el otro del siglo XX, con varias similitudes interesantes, sobre todo considerando esta época de principios de otoño, que siempre me ha parecido la más romántica de las cuatro estaciones.
¿Qué podemos analizar de estos dos poemas? Una ejecución excelente, que pese a tener una elección relativamente simple de palabras y una rima muy sencilla, logra un impacto emocional fuerte gracias a la facilidad para construir imágenes mentales (flores u hojas caídas el principal elemento en ambas), dejando el significado literal, profundamente nostálgico a la imaginación del lector. La otra pecularidad que ambos poemas tienen es una de las virtudes que yo debo, quizá a regañadientes, reconocerle al francés, y es que es una lengua extremadamente musical; ambos poemas parecieran casi rimas infantiles, y ambos han sido musicalizados con bastante éxito.
El primero de estos poemas, cuyo título es una referencia a Sa'di; quizá el poeta persa que más influyó en la literatura universal; es la publicación póstuma de la única mujer considerada como parte de los famosos "poetas malditos" y es probablemente el poema más corto que hemos revisado en los cuatro años de este blog; pero que tiene una métrica y estructura impecable (o quizá sólo lo digo porque el nueve es mi número favorito): tres tercetos en rima AAB, AAB, AAB.
El segundo por otro lado, es poco conocido en la lengua escrita, pero su conversión a canción, uno de los pilares fundacionales del jazz, ha sido traducido a múltiples idiomas; siendo su melancólica reflexión sobre el presente reinterpretada, entre otros, por Nat King Cole, Edith Piaf y Frank Sinatra. También de tres estrofas, tiene una estructura un poco más libre (doce, ocho y doce versos respectivamente).
Comparto ambos poemas tanto en el original como en la traducción, si alguno de mis lectores sabe francés, me interesaría mucho saber que tan bien logradas están.
Esta mañana vi rosas, quise traerlas; Pero tantas quería traer entre mi falda, Que entre todos sus nudos no pude contenerlas. Mas sus nudos se han roto y las rosas cayeron Al mar azul, llevadas por el soplo del viento. ¡Y por ese camino que no torna, se fueron! Y todo el mar estaba rojo, como incendiado Mis ropas aún estaban perfumadas de rosas Y sobre mí respira su recuerdo aromado. |
J’ai voulu ce matin te rapporter des roses;
Mais j’en avais tant pris dans mes ceintures closes
Que les noeuds trop serrés n’ont pu les contenir.
Les noeuds ont éclaté. Les roses envolées
Dans le vent, à la mer s’en sont toutes allées.
Elles ont suivi l’eau pour ne plus revenir;
La vague en a paru rouge et comme enflammée.
Ce soir, ma robe encore en est tout embaumée…
Respires-en sur moi l’odorant souvenir.
Ay, quisiera tanto que recuerdes
los días felices en que éramos amigos
En aquel tiempo la vida era más linda
y el Sol más brillante que hoy
Las hojas muertas se recogen de a montones
¿Viste que no me olvidé?
Las hojas muertas se recogen de a montones
los recuerdos y las penas también
y el viento del norte se las lleva
en la noche fría del olvido
¿Viste? No me olvidé
de la canción que me cantabas
Es una canción que nos iguala
Vos, que me amabas, yo que te amaba
Y vivíamos los dos juntos
Vos, que me amabas, yo que te amaba
Pero, levemente, la vida separa
a los que se aman sin hacer ruido
y el mar borra en la arena los pasos
de los amantes separados.
Las hojas muertas se recogen de a montones,
los recuerdos y las penas también
pero mi amor silencioso y fiel
sigue sonriendo y agradece a la vida
Te amaba tanto, eras tan hermosa
¿Cómo querés que te olvide?
En ese tiempo la vida era más bella
y el Sol más ardiente que hoy
Eras mi más dulce amiga
pero los lamentos no me aportan nada
y la canción que cantabas
siempre, siempre, la voy a escuchar
Oh! je voudrais tant que tu te souviennes
Des jours heureux où nous étions amis.
En ce temps-là la vie était plus belle,
Et le soleil plus brûlant qu’aujourd’hui.
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle
Tu vois, je n’ai pas oublié…
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
Les souvenirs et les regrets aussi.
Et le vent du nord les emporte
Dans la nuit froide de l’oubli.
Tu vois, je n’ai pas oublié
La chanson que tu me chantais.
C’est une chanson qui nous ressemble,
Toi, tu m’aimais et je t’aimais.
Et nous vivions tous deux ensemble,
Toi qui m’aimais, moi qui t’aimais.
Mais la vie sépare ceux qui s’aiment
Tout doucement, sans faire de bruit.
Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis.
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
Les souvenirs et les regrets aussi.
Mais mon amour silencieux et fidèle,
Sourit toujours et remercie la vie.
Je t’aimais tant, tu étais si jolie,
Comment veux-tu que je t’oublie?
En ce temps-là, la vie était plus belle
Et le soleil plus brûlant qu’aujourd’hui.
Tu étais ma plus douce amie
Mais je n’ai que faire des regrets.
Et la chanson que tu chantais
Toujours, toujours je l’entendrai!
Título original: Les roses de Saadi/Les Feuilles Mortes
Autor: Marceline Desbordes-Valmore/Jacques Prévert
Año: 1860/1945
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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