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Hook

10 jun
5 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! Tardé mucho en decidir cual sería la recomendación del día de hoy, pues tenía múltiples ideas: una parte de mi quería regresar a Spielberg, dado el estreno de su nueva película, otra parte quería abordar la fantasía, mi género favorito, y otra más se sentía nostálgica por las películas de mi infancia. Estoy un poco avergonzado de lo mucho que tardé en darme cuenta, pero existe una película que reúne las tres características, y que me cuesta un poco creer es de las películas de las que su director más se avergüenza, aunque casi toda mi generación la ama.


Dirigida por Steven Spielberg y escrita por Jim V. Hart y Malia Scotch Marmo, la cinta de 1991 es protagonizada por Robin Williams (Peter Banning), Dustin Hoffman (Capitán Garfio), Julia Roberts (Campanita), Bob Hoskins (William Smee), Charlie Korsmo (Jack Banning), Amber Scott (Maggie Banning), Dante Basco (Rufio), Raushan Hammond (Thud Butt), Caroline Goodall (Moira Banning) y Maggie Smith (Wendy). Pese a recibir críticas en su mayor parte negativas tras su estreno, fue un éxito en taquilla e incluso recibió cinco nominaciones a los premios Oscar, ganando con los años un seguimiento de culto.


Transcurriendo muchas décadas después de la historia original de Peter Pan, la historia encuentra al protagonista convertido en adulto, un padre ausente obsesionado con su trabajo. Cuando sus hijos son secuestrados por su viejo enemigo, Peter debe regresar al País de Nunca Jamás y redescubrir sus memorias e identidad para salvar a su familia.


Si bien creo que la reacción crítica fue desproporcionada, no soy ciego hacia los defectos de la cinta: de casi dos horas y media de duración, es más larga de lo necesario y la edición pudo haber sido mucho más firme, en aras de mejorar el ritmo. Asimismo, creo que el tono de Nunca Jamás y del primer acto en el mundo real pertenecen a dos películas distintas casi por completo, lo que puede causar disonancia inicial, por más que esta haya sido una decisión creativa intencional. El proceso de desarrollo y producción de la cinta fue uno turbulento, y eso se nota en el montaje de algunas escenas, sobre todo en el segundo acto, pero sostengo lo que yo siempre he dicho que una película problemática de Spielberg (salvo un par de deshonrosas excepciones) sigue siendo mejor que gran parte del catálogo que Hollywood tiene para ofrecer.


Para compartir con ustedes que vuelve a esta película tan especial para mí, incluso desprendiéndome de la nostalgia, dividiré el resto de la publicación en varios apartados, comenzando con su rol como adaptación. Quizá uno de los factores determinantes es que, de todos los cuentos clásicos, Peter Pan nunca fue uno de mis favoritos, lo cual me hace receptivo a reinterpretaciones si tienen algo que ofrecer. Hook es uno de estos ejemplos, y creo que logra un buen balance entre ser original, y sostenerse como su propia versión de la historia, a la vez que respeta los temas originales del relato, incluyendo varios guiños tanto a la obra de teatro como a la película animada.


A un nivel temático, me parece que la película es uno de los más claros ejemplos de los tintes autobiográficos que Spielberg impregna en su filmografía: las dificultades para relacionarse con una figura paterna ausente son el núcleo del desarrollo temático de la cinta, pero al contrario de otras cintas del director donde el énfasis está en el hijo, aquí noto una madurez de mostrar empatía por el padre que vuelve más redondo el conflicto. Pese a su tono que puede parecer infantil creo que hay mucha solidez temática en el desarrollo de personaje, y aporta una reflexión balanceada e importante sobre el pasado: Peter debe conectar con su niño interior para triunfar, abrazando el lado más inocente y fantástico de su personalidad (equiparada en el guion a los sueños), pero también es importante seguir moviéndose hacia adelante, pues lo que define a Garfio como antagonista, y la razón de su derrota, es su incapacidad de dejar ir el pasado; una reflexión muy madura sobre el verdadero significado de crecer: soltar sin olvidar.


A un nivel técnico, la película es impresionante, y creo que ha envejecido bien: pese a estar rodada casi en su totalidad en sets, eso no demerita el valor artístico del departamento de arte, por el contrario, creo que lo eleva: la escenografía y decorados son preciosos, una combinación de maquetas y acuarelas, con múltiples niveles de complejidad y una exquisita atención al detalle, logrando el diseño de producción construir la que es por mucho mi versión favorita de Nunca Jamás que he visto en cine o televisión, teatral y exagerada pero de una manera que parece producto de la imaginación de un niño, no de la artificialidad de un estudio. El trabajo de cinematografía es mejor de lo que se le da crédito en muchas reseñas y análisis, con varias tomas absolutamente espectaculares; y la dirección de Spielberg es una buena combinación de energía frenética (en secuencias como el partido de beisbol y la pelea de comida) con pausas emocionales muy efectivas y una excelente construcción del villano central en el primer acto; pero incluso más que lo visual, el triunfo de la película radica en el sonido, pues la banda sonora es quizá el trabajo más infravalorado de John Williams, con facilidad una de sus cinco mejores orquestaciones en mi opinión.


El sentido del humor, una combinación de chistes físicos que rozan lo absurdo con diálogos ingeniosos, es uno que resuena mucho conmigo, elevado en pantalla por el que considero la tercera y última razón detrás del éxito de Hook, cuya reputación ha mejorado con el tiempo: su excelente elenco. Pese a su relativamente poca caracterización, los Niños Perdidos están muy bien presentados, tanto de forma individual como en su dinámica grupal, y son clave para muchos momentos emocionales, sobre todo los interpretados por Raushan Hammond e Isaiah Robinson. Amber Scott y Arthur Malet (Tootles) dejan una muy buena impresión en papeles secundarios, mientras que Julia Roberts ofrece una interesante reinterpretación de Campanita, considerando que es un personaje tradicionalmente mudo, celoso o ambas. La película está llena de cameos (incluyendo pero no limitándose a Phil Collins, George Lucas, Carrie Fisher y Glenn Close), pero aún así, creo que hay suficiente tiempo para que todos los jugadores centrales brillen, incluyendo una excelente Maggie Smith, de cuya versión de Wendy casi no se habla pero es la principal fortaleza del primer acto. Robin Williams como un Peter Pan adulto es prácticamente la definición de diccionario de un casting perfecto, brillando con su energía y sentido del humor, pero la primera mitad de la cinta, antes de redescubrirse, le permite diversificar su rango actoral (como la parte seria en la mayoría de los chistes) y teniendo grandes momentos dramáticos. Sin embargo, indiscutiblemente, los mejores miembros de un excelente elenco son Hoffman y Hoskins como Garfio y Smee, su rutina cómica es excelente, construyendo dos de las mejores versiones de los emblemáticos piratas, y aunque el guion no lo hace explícito, la decisión de los actores de interpretar su dinámica como si se tratara de una pareja fue una gran idea, que le da frescura a los personajes sin caricaturizarlos.


Hook es muy especial para mí, y por eso me duele un poco cerrar esta publicación hablando de oportunidades desperdiciadas, pero no fue sino hasta recientemente que descubrí que la cinta fue planeada como un musical (Williams escribió ocho canciones originales con Leslie Bricusse, de las cuales sólo dos sobrevivieron), antes de que Spielberg y el estudio cambiaran de idea. Una vez sabiendo esto, muchas de las decisiones involucradas en el diseño de sets y vestuario, así como el propio ritmo de la película, cobran más sentido: un musical es el medio perfecto para dar sentido a la teatralidad e hipérbole fantástica del Nunca Jamás de Spielberg, y de haber seguido adelante con el concepto original, no tengo dudas de que sería un clásico aún más icónico de lo que ya es.




Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío



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