Scream
¡Bienvenidos pasajeros! Ayer comentábamos sobre un cuento que es cómico en su núcleo, pero que juega con elementos de terror. Como complemento, en nuestra sección de cine presentamos la relación inversa: una película que pertenece definitivamente al género del terror, pero que tiene innegables elementos cómicos, el inicio de una franquicia que, hasta un lamentable estreno este año, no tenía una sola película que yo considerara mala, prácticamente un milagro considerando el género.
Estrenada en 1996, tras un largo proceso de desarrollo, la cinta fue escrita por Kevin Williamson y dirigida por Wes Craven, el creativo detrás de Pesadilla en la Calle del Infierno. Protagonizada por Neve Campbell (Sidney Prescott), David Arquette (Dewey Riley), Courtney Cox (Gale Weathers), Rose McGowan (Tatum Riley), Skeet Ulrich (Billy Loomis), Matthew Lillard (Stu Macher), Jamie Kennedy (Randy Meeks), W. Earl Brown (Kenny), Drew Barrymore (Casey Becker) y Henry Winkler (director Himbry), con cameos de Wes Craven, Liev Schreiber y Linda Blair, así como Roger L. Jackson como la voz de Ghostface. Recibiendo críticas en su mayor parte positivas, fue una de las películas más taquilleras de ese año, y se consolidó como un clásico moderno del terror.
Perteneciente al subgénero del slasher (de hecho, se le da crédito por resucitarlo tras haber perdido popularidad), la película sigue a un grupo de estudiantes de bachillerato en un pueblo pequeño, que comienzan a convertirse en víctimas de un asesino enmascarado obsesionado con las películas de terror. Por lo tanto, la película no sólo funciona como un terror bastante efectivo (tanto que tuvo que ser reditada nueve veces para complacer a los censores de la época), sino como un misterio muy sólido, en el sentido de que las respuestas parecen obvias en retrospectiva pero fueron un shock para los espectadores neófitos. Aunque no diré explícitamente el nombre de la identidad de Ghostface, creo que la película es lo bastante antigua y famosa para que me atreva a dar detalles, pues creo que será importante en el análisis.
El primer elemento que quiero señalar es la dirección, pues el talento de Wes Craven me parece infravalorado fuera del género de terror: todas las secuencias son dinámicas, en particular las excelentes persecuciones; logran que las muertes (que en su mayoría son simples acuchilladas, con dos memorables excepciones) sean no sólo creativas en su concepción, sino brutales en su ejecución; consigue un muy complicado balance tonal entre momentos de mucha tensión y ligereza cómica; y aprovecha las ventajas de un excelente diseño de producción, sobre todo en la utilización de locaciones. El ritmo es impecable, y aunque fue una decisión arriesgada que el tercer acto tomara más de cuarenta minutos de una película de menos de dos horas (desafiando la estructura tradicional de una película), el resultado habla por sí mismo, resultando en uno de los clímax más satisfactorios de los noventas, gracias a una estructura interna (a su vez en tres actos) que resuelve lo introducido previamente y funciona casi como un cortometraje en sí mismo, con múltiples piezas en movimiento.
En lo que es extremadamente raro para el terror, sobre todo el slasher, el elemento que es más alabado de forma consistente es el guion, pues es uno de los más famosos ejemplos de metaficción en el cine: no sólo está la película consciente de las convenciones y clichés del género, que comenta o deconstruye con ingeniosos resultados, sino que los propios personajes están familiarizados con el cine de terror, los que le permite establecer paralelos con lo que están viviendo (la ya icónica escena de las "reglas" la más clara muestra). Sin embargo, Scream no desciende al nivel de parodia, sino que las muertes son tratadas con la seriedad que ameritan, y si bien la fisicalidad de Ghostface en esta primera película puede ser un tanto boba (lógica, considerando que no se trata de un asesino experimentado), aún así la película logra convertirlo en una amenaza creíble, sobre todo gracias al impecable trabajo vocal de Jackson y un muy buen diseño de vestuario (mi anécdota favorita de producción es que la máscara fue encontrada por casualidad buscando locaciones, y cuando los intentos por replicarla fallaron el equipo pasó meses rastreando a los fabricantes originales para pedir su autorización para usarla). No me detendré mucho en las innumerables referencias a películas de terror en la película (que es una carta de humor al género a la vez que se mofa de sus clichés), y que oscilan entre referencias visuales (el dulce cameo de Craven), los nombres de los personajes (Billy Loomis es nombrado en honor al psiquiatra de Halloween, por ejemplo) y menciones directas; pero sin duda el referente más cercano es Psicosis, que influye en la motivación del villano, el subtexto psicosexual de la violencia (agregando un subtexto homo erótico a la caracterización) y sobre todo en la icónica escena inicial, que homenajea al clásico de Hitchcock en la decisión de matar inesperadamente al miembro más famoso del elenco y aparente protagonista de la historia, secreto explotado por el marketing.
El elemento de misterio está muy bien escrito, creo que situar la ola de asesinatos en el contexto del aniversario de un homicidio anterior fue una gran manera de generar intriga, pues da indicios de una conexión más grande entre la protagonista y el caso, intuyendo siempre una motivación más profunda que la simple locura. Al ser limitado el número de sospechosos, la película juega con la incertidumbre y la paranoia de los mismos, y logra subvertir las expectativas de la audiencia de una forma muy inteligente: no miente al espectador, sino que tanto la escritura como las actuaciones señalan de inmediato quienes serían los sospechosos más lógicos, pero encuentra maneras de exonerarlos, lo que aumenta la confusión de la audiencia. Por desgracia, el giro de que son dos asesinos es uno que ya conocía la primera vez que vi la película, pero debió ser una gran sorpresa al momento del estreno, y creo que logró el objetivo de ser inesperado a la vez que valida las sospechas que los espectadores han tenido durante todo el metraje.
Quien ve una película de Scream normalmente se siente atraído ya sea por el misterio (Ghostface se distingue de otros monstruos icónicos en el sentido de que es una identidad asumida por un asesino misterioso) o por la violencia (repito, tiene las dos muertes más icónicas de los años noventa), pero también tienen algo que decir: la primera película en particular tiene una profundidad temática por la que no se le da el suficiente crédito, pues ofrece un comentario sobre el trauma, el ciclo de violencia y sobre todo la explotación de la tragedia por parte de los medios; una tendencia que se ha vuelto cada vez más frecuente con la proliferación de asesinatos y tiroteos. Este comentario es fortalecido por el que es probablemente el mejor elenco en la historia del slasher. Por mencionar a unos cuantos, Campbell y Cox son excelentes protagonistas femeninas, una deconstrucción genial de la final girl al mostrar heroínas empoderadas y complejas, pero también con momentos muy claros de ambigüedad moral; Lillard y Kennedy son hilarantes con interpretaciones hiperbólicas que logran encajar a la perfección con el tono de la película y David Arquette fue una revelación como Dewey, mi personaje favorito de la cinta pues logra ser entrañable, divertido e inspirador a la vez que es casi el exacto opuesto del prototípico héroe hiper masculino de acción.
Scream nunca me dio miedo, ni siquiera más joven, pero sí logró divertirme, intrigarme y sorprenderme. Funciona como película de terror, pero también tiene excelentes momentos de humor, y un misterio que me convirtió en fanático de la franquicia (única saga del género de la que puedo afirmar eso); resultando en una película que trasciende el terror y se convierte en una experiencia más completa, y por eso mismo, una de mis favoritas absolutas, incluso en mi género menos preferido.
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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