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Amadeus

¡Bienvenidos pasajeros! Estamos a la mitad de la semana de Oscares, y revisando el catálogo de publicaciones, decenas de ganadoras a Mejor Película han sido reseñadas en estos tres años. Como preámbulo a la ceremonia, me tomé la tarea de revisar ganadoras previas y seleccionar la que considero que es la mejor película de la que no he hablado antes en este espacio, y debo decir, encontrar la película fue más fácil de lo que yo esperaba.


Estrenada en 1984, la cinta es dirigida por Milos Forman y escrita por Peter Shaffer (quien adapta su propia obra de teatro); con el elenco integrado por F. Murray Abraham (Antonio Salieri), Tom Hulce (Wolfang Amadeus Mozart), Roy Dotrice (Leopold Mozart), Elizabeth Berridge (Constanze Mozart), Jeffrey Jones (José II), Simon Callow (Emanuel Schikaneder), Christine Ebersole (Caterina Cavalieri) y Richard Frank (Vogler). Un éxito modesto en taquilla, gozó de excelente recepción crítica y fue nominada a once premios de la Academia, de los cuales ganó ocho, incluyendo Película, Director, Actor y Guion.


Situada en la corte vienesa del siglo XVIII la película sigue el descenso a la locura del compositor Antonio Salieri, quien desarrolla una profunda y cruel envidia hacia un joven prodigio de la época: Wolfgang Amadeus Mozart, incapaz de reconocer su propia mediocridad, una tragedia de dos personajes que tienden a la autodestrucción. Sin embargo, una mera sinopsis sería insuficiente para describir la experiencia, y por eso esta reseña contendrá algunos spoilers al final, pues creo que es de las películas donde la atmósfera y juego emocional es más importante que la misma trama.


La estructura es clave para comprender el éxito del guion, pues inicia en extrema res, con una confesión desesperada del envejecido Salieri; lo que cumple dos propósitos: por un lado, la película genera intriga pues la confesión codifica la película como un misterio, en específico del estilo "how done it" (es decir, la interrogante radica en el método del crimen, no en la identidad del responsable). El otro beneficio de este prólogo y epílogo como hilos conductores es que al lector le queda claro que está viendo un relato dentro de otro, y posiciona a Salieri como un narrador no confiable (es muy probable que detalles de la historia, e incluso importantes puntos de trama, sean imaginados), lo que es fundamental para que el espectador acepte con naturalidad los momentos más estrambóticos de la cinta, que rozan con la fantasía.


A nivel técnico, la película es excelente, una de las más impresionantes de la década de los ochenta. Grabada en locaciones, la mayoría de Praga, el excelente diseño de producción logra recrear la majestuosidad de Viena cuando esta era la capital cultural del mundo, pero sin minimizar los momentos más oscuros de aquella sociedad. Aunque algunos aspectos de maquillaje no han envejecido bien, el vestuario y peinado es impecable, con gran atención al detalle que informa sobre el estado psicológico de los personajes (el baile de máscaras, por ejemplo, es excepcional). La película oscila entre el drama, la comedia e incluso el terror (la escena en la que el réquiem es encargado me produjo pesadillas), y todo eso es logrado gracias a una memorable cinematografía, que es espectacular sobre todo en las secuencias de dirección musical.


Un último elemento técnico de la película, que merece mención aparte, es la música. Un raro ejemplo de una cinta que no tiene banda sonora original (aunque las piezas clásicas se re orquestaron para la película); la selección de sinfonías, óperas y otras composiciones es perfecta, vuelve la narrativa mucho más inmersiva y realza cada escena. El director describió su cinta como una fantasía musical, y la descripción me parece excelente, no se puede separar la experiencia visual sin su complemento sonoro.


A nivel temático, múltiples ensayos podrían escribirse, y se han escrito sobre la película, que es extremadamente rica sin llegar a abrumar al espectador. La muerte y la envidia son probablemente los dos grandes ejes temáticos, pero cada uno evoluciona de maneras complejas y se entremezcla con otros comentarios. Por ejemplo, la música es descrita en reiteradas ocasiones como un don divino, y la relación de Salieri con Dios es el núcleo de su identidad como protagonista; pero la música también tiene un lado más pasional, al que Salieri no tiene acceso, y su envidia al talento de Mozart tiene componentes sexuales muy interesantes. Finalmente, la última vez que vi la película encontré un elemento en la frustración de Mozart, y la propia depresión de Salieri, que creo que es una buena observación a la Historia del arte, sea esta música, cine, literatura o cualquier otra disciplina: las constantes tensiones entre el arte "popular" y el arte "consolidado", y las frustraciones de querer encontrar verdad y belleza en la primera, incluso entre las expectativas y prejuicios.


Aunque los actores de soporte hacen un gran trabajo con los personajes secundarios, que hacen más grande el mundo; la película descansa sobre los hombros de dos gigantes, pues toda la historia depende del duelo entre las que considero dos de las más grandes actuaciones de la Historia del cine, dos actores que basan sus interpretaciones en arquetipos, pero los llenan de complejidad y subversiones: Tom Hulce convierte a su Mozart en mucho más que el payaso simplista que parece al inicio: si bien su risa y manierismos son memorables, es en los momentos más callados es donde brilla su humanidad, y se convierte en una figura muy trágica para cuando llegamos a la resolución. Sería la mejor actuación de la película, de no ser por Abraham, quien construye con Salieri a uno de los mejores protagonistas de la historia, contradictorio, reprimido, paranoico y astuto, en una constante persecución de la belleza que él mismo aparta con sus acciones. Su conflicto interno, incapaz de reconciliar la admiración y el odio que siente de forma simultánea con su rival es poderoso, y el guion es muy inteligente en posicionar a los personajes como opuestos, tanto en los colores que usan como en las personalidades (uno es infantil y libertino, el otro serio y mojigato), pero la genialidad de la escritura radica en que los contrastes son tan evidentes, que los personajes (y a veces el espectador) permanece ciego ante las similitudes (más allá del amor a la música, ambos sufren de grandes presiones y tendencia a la depresión, que parte de fuertes conflictos con la figura paterna). Aunque el resentimiento es el principal sentimiento en la relación principal, eso hace que los breves momentos de conexión se sientan aún mas valiosos, en particular la última escena entre ambos, que es simplemente grandiosa. El último tercio de la película, que gira en torno a un plan de asesinato que oscila entre lo macabro y lo absurdo, sienta las bases de un clímax perfecto, que como historia griega tiene un fuerte componente de ironía trágica.


Debo decir que, hasta donde yo recuerdo, sólo he visto la versión extendida una vez, siempre prefiero la del cine. Creo que aunque los veinte minutos extras hacen mucho por dar más profundidad a los personajes secundarios, en particular los femeninos; también entorpecen el ritmo, mientras que la versión original, pese a durar casi tres horas, fluye sorprendentemente bien gracias al gran trabajo de focalización.


Concluyo el día de hoy con un comentario sobre la fidelidad histórica: de todas las historias "inspiradas en hechos reales", esta es por mucho la película que más libertades se toma con respecto a la Historia: por mencionar unos pocos, Mozart murió de una causa totalmente distinta, el Salieri real era casado y con una gran descendencia, y la evidencia de la relación entre ambos es inconclusa respecto a su naturaleza (los reales colaboraron, y se llamaron amigos; pero Salieri nunca ayudó financieramente a su colega, contrario a lo que hizo por otros compositores). Sin embargo, esas licencias sirven a contar un drama interpersonal en extremo poderoso, y son la prueba definitiva de que, cuando se trata de ficción histórica, talento para el primer término es más importante que devoción celosa al segundo.





Hasta el próximo encuentro...


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