Encantada
- raulgr98
- hace 17 horas
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¡Bienvenidos pasajeros! Como bien saben, los musicales son una de mis grandes pasiones, pero cuando era niño, pensaba que sólo existían en el escenario o en la animación, por alguna razón, no vi las películas clásicas hasta poco antes de entrar a la secundaria. Aunque el día del niño es mañana, quiero adelantar un poco la celebración del niño anterior con el primer musical live-action que recuerdo haber visto en el cine, y que posiblemente es la última buena película live-action de Disney (sin contar sus subsidiarias), antes de mover su énfasis comercial a franquicias.
Dirigida por Kevin Lima y escrita por Bill Kelly, la cinta de 2007 es protagonizada por Amy Adams (Giselle), Patrick Dempsey (Robert), Rachel Covey (Morgan), James Marsden (Edward), Idina Menzel (Nancy), Timothy Spall (Nathaniel), Jeff Bennett (Pip) y Susan Sarandon (Narissa). Un éxito en taquilla, aunque modesto para las expectativas del estudio, y recibió críticas abrumadoramente positivas. En los premios Oscar de ese año, recibió tres de las cinco nominaciones a Mejor canción original, y aunque perdió el premio (en parte por voto dividido), la discusión en prensa llevó a una reforma que limitaba el máximo de canciones nominadas por película a dos.
Concebida quizá como la respuesta del estudio a Shrek (entraron en desarrollo más o menos al mismo tiempo, pero el proceso de pre producción fue tan infame que Encantada se estrenó seis años más tarde), la trama sigue a una princesa de mundo de cuento que se ve transportada al Nueva York del siglo XXI. Es, por lo tanto, una deconstrucción de los clichés de los cuentos de hadas, pero escrito y filmado con tal optimismo que logra un equilibrio perfecto entre ser parodia y homenaje, con buenas dosis de ambos elementos de tal forma que nunca cae en el cinismo por un lado, o en la artificialidad comercial de producciones más recientes.
Aunque ocupa menos de quince minutos de las casi dos horas de metraje, las secuencias animadas fueron las más tardadas de realizar (casi dos años); en gran medida porque el director se empeñó en usar un estilo tradicional, dibujado a mano, en una época en la que el estudio estaba en plena transición al 3D. Sin embargo, valió la pena el esfuerzo extra, pues creo que visualmente las cortas secuencias animadas han envejecido mucho mejor que sus contemporáneas. El diseño de personajes es excelente, pues combina la paleta de colores nostálgica, reminiscente de la era clásica del estudio, a la vez que los rasgos y movimientos son un poco más afilados, un adelanto de como se verían en sus cintas animadas más recientes. Asimismo, en este ramo le debo dar crédito al equipo creativo, que resistió la tentación de hacer versiones caricaturizadas de Adams, Marsden, Spall y Sarandon, sino que optaron por dibujos que funcionaran como sus contrapartes animadas, con transiciones orgánicas de un mundo al otro, pero que se vieran realistas en el contexto del mundo de fantasía.
En cuanto a las secuencias live-action, tienen poco que ofrecer a nivel visual, salvo en los números musicales; pero creo que esa es una decisión intencional del director, para hacer aún más evidente el contraste entre los dos mundos, y por momentos cierta magia estética se cuela en pantalla para realzar secuencias importantes. El trabajo en locaciones de Nueva York es excelente, y tras leer las dificultades que hubo para grabar tanto en Times Square como en Central Park (sobre todo el número musical en este último, que tardó mas de dos semanas en rodarse), no puedo sino admirar el esfuerzo del equipo de logística, y un menospreciado trabajo de coordinación de extras.
Cerrando con los aspectos técnicos, creo que estoy un poco mixto en los aspectos especiales, pues al negarse a combinar tomas animadas y live-action, salvo por momentos muy pequeños, se optó por construcciones de CGI para dos personajes: si bien creo que el dragón no ha envejecido tan bien como yo recordaba, pues su animación es demasiado fluida para mi gusto, la ardilla me pareció sorprendentemente vigente, quizá el mejor uso de alivio cómico de la película y un buen balance entre realismo y expresividad fantasiosa que por alguna razón, el estudio no ha podido volver a replicar de forma efectiva en casi veinte años. El otro aspecto técnico de la película, que es probablemente su mayor virtud visual, es el excelente diseño de vestuario, que se realizó de forma anticipada para poder servir de referencia al estilo de animación, y que logra un difícil equilibrio, casi imposible, entre ser evidentemente fantástico sin parecer un disfraz infantil, sobre todo cuando se contrasta con locaciones reales; con gran parte del mérito dirigido a los vestidos del personaje de Giselle, cuya evolución narrativa (paralela a la deconstrucción de la princesa) se representa con los cambios de vestuario.
Uno de los mejores elementos de la película es sin duda el guion, que como dije anteriormente, encuentra un tono perfecto para hacer su comentario; y la base de una película que apela tanto a niños como adultos, pues creo que los primeros se ven atraídos por la magia y el humor, mientras que los segundos ponen atención a un abordaje más maduro de lo que algunos pueden esperar sobre la vida, y una deconstrucción del concepto del "final feliz" que logra ser optimista e incluso esperanzador, incluso dentro del realismo; siendo el mensaje principal que hay que soñar, pero no perderse en ellos. En cuanto al sentido del humor, Encantada continúa siendo una de las películas con las que más me reído, la he visto decenas de veces y sigo conectando con la mayoría de los chistes, y eso se debe a que la película aprovecha una gran diversidad de recursos de la comedia, cada uno ajustada a las necesidades del personaje: con Edward, por ejemplo, se aprovecha al máximo el humor físico y absurdo, mientras que el de Robert es más ácido, con el romance central aprovechando muchos arquetipos de la comedia de enredos.
Hablando de arquetipos, la película está repleta de homenajes y referencias visuales no sólo a cuentos de hadas, sino a múltiples películas de Disney (la zapatilla, la manzana envenenada, etc.), incluso se incorpora cameos de cuatro estrellas del estudio, en un giro irónico, pues las tres actrices de voz aparecen en las secuencias live-action, mientras que Julie Andrews (Mary Poppins) narra el prólogo animado. De algunos de ellos se hace mofa, otros son tomados muy en serio; y creo que el talento del guion, uno que no he logrado al descifrar del todo, es por qué en esta película se perciben sinceros, cuando en muchas otras cintas provoca el poner los ojos en blancos. Puede ser que fuera la primera en utilizar estas referencias, puede ser una cuestión de montaje (son guiños más que recreaciones exactas de escenas de otras películas) o también puede ser que se benefician del carisma de un excelente elenco, uno de los ensambles más infravalorados de la primera década del siglo: Marsden da el que sigue siendo en mi opinión su mejor actuación, absolutamente hilarante pero sin convertir al personaje en un completo bufón, Sarandon le aporta mucho gravitas y personalidad a la villana principal, y Spall es un talento cómico infravalorado, es gracias a su extraño carisma que su subtrama fortalece la historia central en lugar de robarle foco. Dempsey, quien al momento de grabar era la más grande celebridad del elenco es quizá el más plano de todos, pero creo que su personalidad más sutil brilla en las partes contenidas del tercer acto, y mantiene a la trama con un pie en la tierra. Finalmente, esta es la película que convirtió a Amy Adams en una estrella y al día de hoy me sigue pareciendo indignante que no recibiera una nominación al Oscar, pues el trabajo de volver tridimensional a quien, en esencia es un personaje animado (con una inocencia real, que experimenta por primera vez emociones negativas en el segundo acto), y mostrar en pantalla su lenta transformación en una mujer real, a la vez que conserva intacto el humor y carisma, sin parecer simple o sacar a la audiencia de la ficción en ningún momento es un trabajo actoral extremadamente complejo, y creo que no se le da suficiente crédito por él.
Termino, como es común cuando hablo de musicales, con las canciones, que en esta ocasión estuvieron a cargo de Alan Menken (música) y Stephen Schwartz (letra); y si este en efecto fue el primer musical live-action que vi en el cine, entiendo porque me obsesionó con ellos. Aunque no lo sabía en ese momento, el proceso de composición es un simil de la misma película, un híbrido entre homenaje de los elementos clásicos de los musicales y auto parodia de sus clichés. La orquesta parece salida de una película del Renacimiento Disney, hasta que se ve interrumpida de forma efectiva por una instrumentación más moderna, y aunque creo que se podrían haber incluido más números musicales (siempre lamentaré que se cortó el dueto entre Marsden y Menzel, me sigue pareciendo increíble que la en ese entonces mega estrella de Broadway no cantara ni una nota), los cinco que permanecieron en la película final son excelentes:
True love's kiss logra simultáneamente un buen trabajo de caracterización de la protagonista y ser una divertida parodia de las más melosas canciones de amor del estudio, sincera y crítica a partes iguales, sobre todo los divertidos reprise.
Happy working song es una de las mejores canciones parodias que he visto, con una letra muy ingeniosa, humor visual bien logrado y un buen despliegue vocal de Adams.
That's how you know, que en una obra de teatro tradicional sería el cierre de primer acto abraza esa tradición con, sin exagerar, uno de los números musicales más complejos jamás grabados y una buena mezcla de elementos clásicos (sobre todo la letra) y contemporáneos (con el ritmo y la coreografía).
So close, aunque criticada cuando la película se estrenó por su tempo, ha sido revalrizada en tiempos recientes, es la más sincera de la banda sonora en su letra y un buen clímax emocional tanto para Giselle como para Robert, y no sé que tan controversial sea, pero esta canción romántica (que vería cantada por el personaje de Robert en una adaptación en escena que comencé a escribir) es una de mis favoritas del Disney post-rencamiento.
Ever ever after, aunque me hubiera gustado que fuera cantada por el elenco y no por una celebridad; cerrar con pop fue una gran decisión para la historia que se contaba, y la melodía es sin duda infecciosa.
Termino con una reflexión sobre algo de lo que no me había dado cuenta hasta casi terminar de escribir esta reseña: después de haber crecido en un entorno familiar (tanto el nuclear como el extendido), en el que los roles de género no eran tan estrictos, pues las labores del hogar siempre se compartieron, y en cuanto a gustos se refiere, crecí rodeado de mujeres, a algunas de las cuales les gustaban juegos tradicionalmente más rudos. Cuando esta película se estrenó, yo estaba en tercero de primaria, y fue la primera vez que me sentí juzgado en un entorno social por disfrutar algo que "no era para mí". Aunque al día de hoy sigo lidiando con esas presiones externas, con el tiempo encontré mentes afines, y escribir esto, junto con el resto de las publicaciones de la semana, es una especie de reafirmación de mi individualidad.
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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