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Buscando justicia

20 may
5 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! El día de ayer hablamos de un poema que me acerca a mis tendencias misantrópicas, y hoy quiero equilibrar la balanza con una película que tiene pasajes igual de oscuros, pero que me da un poco de esperanza; una de mis cintas favoritas del año que se estrenó, y que considero en extremo infravalorada pese a ser bastante reciente, y tener un elenco estelar.


Estrenada en 2019, la película es dirigida por Destin Daniel Cretton, quien escribió el guion con Andrew Lanham. El elenco está encabezado por Michael B. Jordan (Bryan Stevenson) y Jamie Foxx (Walter McMillian), mientras que el elenco de soporte incluye a Rafe Spall (Tommy Chapman), Brie Larson (Eva Ansley), Rob Morgan (Herbert Richardson), O'Shea Jackson Jr. (Anthony Ray Hinton), Michael Harding (Sheriff Tate), Karan Kendrick (Minnie McMillian), CJ LeBlanc (John McMillian) y Tim Blake Nelson (Ralph Myers). Pese a las críticas positivas, fue una decepción en taquilla y casi totalmente ignorada en la temporada de premios. De hecho, pese a ser distribuida por Warner Bros., por algún motivo en este momento no está disponible en ningún servicio de streaming, salvo con costo extra.


Basada en hechos reales (y hasta donde pude investigar, una de las más fieles históricamente hablando), la cinta es dolorosamente contemporánea, pues transcurre a finales de los ochentas y principios de los noventas, y sigue a un abogado que, fundando una organización sin fines de lucro, toma pro bono el caso de un hombre afroamericano acusado de asesinar a una mujer blanca, tratando de conseguir mediante distintos recursos legales una apelación contra su condena a muerte.


La película transcurre en Alabama, en la misma ciudad que "Para matar un ruiseñor", (novela y película a la que el guion da un guiño explícito), pero es en muchos sentidos una subversión de aquel drama legal, uno de los ejemplos más claros del tropo del "salvador blanco". De hecho, hay una crítica muy fuerte al progresismo superficial, que por indiferencia o complicidad permite la existencia de un racismo persistente, en ocasiones sutil, en ocasiones explícito. Aunque algunos de los actos presentados en la película son inequívocamente racistas, ante cualquier observador, la película también señala otras formas más sutiles, y por lo tanto peligrosas, de dinámicas sociales, en las que hay prejuicios tan interiorizados que incluso aquellos que se verbalizan como "abiertos", "liberales" o "de avanzada", y que pueden hasta a creerlo, se ven inmersos en él, y repiten viejos miedos y patrones. Por eso, como eje temático, la película es un llamado a la acción y al involucramiento firme y activo de los considerados "aliados", más allá del discurso; pero aunque tiene personajes blancos moralmente virtuosos con un rol activo en la trama, quedan relegados a papeles de soporte, permitiéndole a los personajes de color tener agencia y el peso protagónico (cosa loable, sino un poco irónica, considerando que ni el guionista ni el director pertenecen a dicho grupo étnico).


Si bien el elemento racial es clave para comprender la narrativa, y darle peso emocional; me parece que la mayor virtud del guion es su redondez, pues va más allá del racismo para establecer sus postulados: la clase es un factor clave como impedimento para recibir defensas adecuadas, y aunque la coincidencia entre pobreza y raza es tristemente frecuente, gran parte de la tensión del primer acto está en el contraste entre el acusado McMillian y el abogado Stevenson, siendo el segundo educado y relativamente privilegiado, que por primera vez experimenta en carne propia la realidad del sur; en una dinámica compleja que permite construir la amistad de forma orgánica. Hay un balance muy delicado entre mostrar un problema estructural y caer en un simplismo maniqueo, y creo que este guion lo logra, combinando elementos como el de un fuerte sentido de comunidad alrededor de McMillian con la existencia de afroamericanos cómplices del sistema, dando falsos testimonios por beneficio propia.


En ese mismo sentido, la película me parece muy bien escrita, y excepcionalmente bien montada, con un ritmo impecable pese a su longitud y un gran manejo de la tensión y la emoción, sobre todo en las escenas en los juzgados. Si bien sigue la fórmula común de un drama legal, emplea a su favor la estructura para dar una perspectiva fresca del género: cada nueva evidencia y obstáculo del proceso ayuda a informar sobre la realidad social, los temas o los personajes; y la falta de intriga es explotada para aumentar el involucramiento emocional del espectador: la inocencia de McMillian es evidente y la lógica de Stevenson innegable, lo que tiene como resultados que escenas como aquella en la que se desestima un falso testimonio, que en otra película sería el clímax de la historia, en esta se convierte en la escena más frustrante de la cinta, volviendo más personal el conflicto.


El trabajo con personajes es excepcional, y eso permite que muchas de las subtramas sean tan magnéticas como la principal (en ese sentido, sin decir el personaje al que me refiero, hay una escena de ejecución que es de las que más se me ha dificultado ver en en pantalla, tanto por el ejecutado en sí mismo como por la reacción del resto del elenco). Casi todos los personajes tienen al menos un poco de desarrollo (el que más recuerdo es el del guardia que pasa de cometer el acto más abiertamente racista del primer acto a demostrar empatía genuina por los reos), lo que permite que incluso roles menores (Brie Larson, por ejemplo, en uno de sus roles más carismáticos), destaquen. Del elenco de soporte, Michael Harding es excelente como el villano principal; Rob Morgan y CJ LeBlanc tienen escenas desgarradoras y Tim Blake Nelson deja una muy fuerte impresión al narrar una escena que logra ser de las más aterradoras del guion pese a no mostrarse, pero es la química entre Foxx y Jordan el corazón de la cinta, sobre todo el primero quien logra darle capaz a un McMillian que, pese a ser inocente, no es una brújula moral en el sentido tradicional y es culpable de errores muy evidentes, por los que recibe perdón y misericordia (de ahí el título de la cinta). Finalmente, en la cuestión de los personajes, quizá el más interesante sea el interpretado por Rafe Spall, pues es un antagonista más complejo de lo que se le da crédito, quizá bien intencionado, pero egoísta y abrumado por el sistema; y su giro en el tercer acto es satisfactorio, pero también agridulce, pues se necesitó una acción mínima, de un hombre blanco, para tener un impacto real en el proceso judicial.


En ese mismo sentido, por si no ha quedado claro, la película es una crítica brutal contra el sistema penal y judicial norteamericano, desde su concepción misma en la parte procesal, hasta su permisividad respecto a la intimidación y perjurio. Sumado a los prejuicios y problemas de accesibilidad, creo que es un gran problema el componente electoral, pues mancha de connotaciones políticas todos los procedimientos; pues son capaces de ajustarse a narrativas nocivas con tal de "responder a un discurso" y sobre todo, resolver de forma rápida, aunque falsa, casos polémicos. McMillian era inocente, y aunque su exoneración es una historia de éxito, no hay que recordar que, en un afán de ejecutar a alguien, todo el proceso quedó viciado y una víctima más, la persona fallecida, quedó sin recibir verdadera justicia.


Cierro con una afirmación política que estoy seguro que ya he hecho anteriormente, pero que esta película lo refuerza: más allá de cualquier culpabilidad o inocencia del acusado en cuestión, por principio estoy tajantemente en contra de la pena de muerte, y creo que no se puede llamar civilizada a ninguna sociedad que la acepte como una forma de castigo efectiva, pues desaparece cualquier posibilidad de rehabilitación y, en caso de un error de proceso, no hay manera de revertirlo. Mientras exista aunque sea la más pequeña posbilidad de que un inocente sea ejecutado por equivocación, mas vale que cientos de culpables preserven su vida, a lo que, por prejuicio o incompetencia, no se puede llamar de otra forma que asesinato.





Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío


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