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Galaxy Quest

hace 4 minutos
5 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! Como les anticipaba el día de ayer, continuamos hablando de ciencia ficción, pues pese a que no es mi subgénero favorito (siempre preferiré la fantasía), creo que cuando está bien realizada, tiene mucho que ofrecer, pues he visto pocos espejos que reflejan de manera más certera la naturaleza humana o que comentan de forma más efectiva temas políticos y sociales. Aunque mi plan original era hablar de alguna de las películas de Star Trek (hay un par que disfruto mucho), un video de YouTube que llegó a mi hilo me llevó a revisitar un clásico moderno de la comedia, que pese a surgir como una parodia de las series espaciales, ha generado una audiencia devota entre los fanáticos, quienes la aceptan como parte no oficial de la franquicia. Estrenada en 1999, la película es dirigida por Dean Parisot y escrita por David Howard y Robert Gordon; protagonizada por Tim Allen (Jason Nesmith), Sigourney Weaver (Gwen DeMarco), Alan Rickman (Alexander Dane), Tony Shalhoub (Fred Kwan), Daryl Mitchell (Tommy Webber), Sam Rockwell (Guy Fleegman), Enrico Colantoni (Mathesar), Missi Pyle (Laliari), Robin Sachs (Sarris), Patrick Breen (Quelleck), Jed Rees (Teb) y Justin Long (Brandon). Pese a las críticas muy positivas, la película apenas recaudó lo suficiente para cubrir su presupuesto, aunque ha ganado un seguimiento de culto con los años, que ha incluido un par de reestrenos exitosos.

El concepto de la historia me parece brillante: un grupo de aliens cuya cultura no comprende el concepto de ficción, recluta a un grupo de actores, antaño estrellas de un programa de ciencia ficción (al que los extraterrestres consideran “documentos históricos”), para que los ayuden a combatir a otra especie que busca extinguirlos. Lo que inicia con una comedia de enredos protagonizada por un grupo de personajes arrogantes, cínicos, frustrados o desesperados; se convierte, sin sacrificar el humor, en una aventura espacial por derecho propio en la segunda mitad, conforme los protagonistas descubren el valor de los personajes a los que llevan años desdeñando. Gracias a esa muy efectiva adecuación tonal, ganada de forma orgánica, es que quizá sea inexacto catalogar a la cinta como parodia, optando en su lugar por términos más apropiados como “homenaje”, y “ciencia ficción”.

En ese mismo sentido, el guion de la película es excelente, más allá del ingenio de los chistes, algo raro comparado con otras comedias contemporáneas; pues tiene una estructura muy bien definida, que da tiempo para explorar temas importantes como el significado del arte, el impacto que tiene en el público y la frustración profesional, además de encontrar espacios para darles arcos de personaje a casi todos sus personajes centrales, dándole un giro dramático a líneas y gestos que en la primera mitad son presentados como chistes. Aunque hay momentos de comedia física bien montados, por su mayor parte la dirección se toma totalmente en serio el material, lo que hace maravillas para los momentos dramáticos, y crea un contraste inmediato con la comedia que la vuelve aún más divertida. Hay rumores de que existe en algún lugar un corte con clasificación C, y hay un chiste que ojalá hubiera sido conservado en el producto final, pero creo volverla más “familiar”, fue la decisión correcta, pues dota a la película de una atmósfera inocente, casi dulce, que permite conectar mejor con los personajes de una manera más íntima, sobre todo con su entusiasmo.

En otros aspectos técnicos, aunque hay algunos efectos especiales que no han envejecido de la mejor manera (en particular la secuencia en el desierto, que en mi opinión siempre fue la más débil de la película), la nave espacial en la que se desarrolla la mayor parte de la acción está muy bien diseñada, tanto el exterior como los exteriores, y el diseño de las dos razas alienígenas, materializado a través de trajes, marionetas y otros efectos prácticos es excelente, y aún se sostiene. El otro aspecto técnico que quiero resaltar, y que en mi opinión no se celebra lo suficiente, es la extraordinaria banda sonora de David Newman, reminiscente de Star Trek al grado de fácilmente poder encajar en una de sus series, pero memorable por sí misma, pues no es una burla, sino un auténtico tema de aventura.

Aunque Star Trek es la principal inspiración para la película, siendo evidente sobre todo en el diseño de vestuario; se nutre también de muchas otras referencias, incluyendo Star Wars, las publicaciones de cómics, y en general todas aquellas historias que tienen un hogar en los centros de convenciones; pero en ningún momento se mofa de ellos de forma despectiva, por el contrario, consistententemente los mejores momentos de los personajes son cuando sienten empatía y asombro por la ficticia “Galaxy Quest”, encontrando pasión y respeto por un producto que “no es serio”. El resultado es una narrativa que a la vez reconoce el inmenso valor que historias como esta tienen, pero no tiene miedo de señalar algunas de sus convenciones y aspectos problemáticos (sobre todo en el primer acto), construyendo una de las películas más divertidas de los años noventa, que nunca falla en hacerme reír.

Sin menospreciar los logros del guion, el éxito tanto de la comedia como del drama se debe en gran medida a un excelente elenco, en el que todos los involucrados entregan un trabajo polifacético, carismático, lleno de energía y pasión. Sigourney Weaver y Tony Shalhoub son excelentes como personajes que a la vez replican el potencial cómico de dos clichés (el personaje femenino sobre sexualizado y el drogadicto) y hacen un comentario pertinente sobre su simpleza, dándoles más capas. Sam Rockwell, con un personaje presentado como una deconstrucción simultánea del “camisa roja”, el “extra crecido” y el “verdadero fanático” es en mi opinión el miembro más divertido del elenco, mientras que Tim Allen entrega el que por es por mucho la mejor actuación de su carrera (al grado de que, en la que es probablemente la anécdota más conocida de la producción, una de sus co estrellas comentó, tras ver su reacción al terminar de rodar una escena, que había experimentado la actuación por primera vez). Sin embargo, las palmas son indiscutiblemente para dos actores: Enrico Colantoni, quien construyó los patrones de habla, corporales y faciales de los thermianos para enseñarlos al resto de los actores responsables de encarnarlos, realiza un trabajo que solo se puede describir como genial, en el que logra conmover con una interpretación que, sacada de contexto, sería absolutamente ridícula; y por el otro lado, el siempre impecable Alan Rickman, quien es sorprendentemente efectivo como actor cómico, pero también aporta un gravitas shakespereano en la segunda mitad de la película, resultando no solo en la subtrama mejor lograda sino una de mis escenas favoritas de su carrera.

¿Por qué Galaxy Quest me gusta más que la mayoría de las película de la franquicia de la que se inspiró? Por la misma razón por la que sospecho que ha perdurado y sigue siendo recordada con cariño casi treinta años después: los fanáticos no son un chiste, sino que son instrumentales en el clímax, y en muchos sentidos son los verdaderos héroes de la película, una señal de respeto y aprecio por una comunidad de fans, en una época anterior a que lo “geek” fuera considerado popular; y que ayuda a los amantes de distintos géneros a sentirnos validados en nuestras aficiones; pues el buen arte, capaz de enseñar e inspirar, puede surgir en cualquier medio, y a través de cualquier historia.




Hasta el próximo encuentro…

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