Cuatro poemas de Lord Byron
¡Bienvenidos pasajeros! Seré sincero con ustedes, entre dos partidos de mundial mucho más interesantes de lo que yo esperaba, y el preparar dos publicaciones especiales; no tuve el tiempo de estudiar a fondo un texto que recomendarles hoy; sin embargo, no la quería dejar vacía. Es por eso que el día de hoy no habrá un análisis detallado, pero sí una pequeña sorpresa para ustedes.
Cuando estudié poesía, el periodo por el que me sentí más interesado fue el del romanticismo, y ya podrán encontrar en el catálogo de este blog referencias a Bécquer y Goethe y Shelley. Aunque no me considero particularmente poético, creo que el periodo romántico conserva gran parte de la disciplina en la rima romántica, pero mucho más libre sin llegar a lo caótico. Al incorporar temas de misterio, fantasía, ruinas, imaginación e individuo; lo bello en la imperfección, muchas de las imágenes y motivos recurrentes me llaman la atención, y las he disfrutado también en prosa. Sin embargo, por alguna razón nunca he hablado aquí del que en mi opinión es el mejor poeta romántico de la Historia.
Lord Byron no sólo tuvo una vida fascinante, llena de escándalo y aventura, digna de uno de sus personajes; sino que fue uno de los pilares del movimiento en lengua inglesa. Don Juan es probablemente el más famoso de sus poemas, una subversión humorística del popular personaje, pero yo siempre he gravitado hacia sus poemas más cortos, que en mi opinión reflejan mejor el lado íntimo del poeta romántico.
Sin más preámbulo, les presento cuatro mis poemas favoritos de Byron, y que en mi opinión abordan todo el espectro del enamoramiento: el primero es uno de las mejores exploraciones del tema de amor a primera vista, pues es al mismo tiempo muy efectivo en sus imágenes sin ser específico en el aspecto físico de la enamorada, sólo en su indomable belleza. El segundo habla del dolor del rompimiento y los sentimientos que languidecen tras la separación. El tercero también es uno de ruptura, pero con una voz narrativa mucho más digna, en el que el poeta se concentra más en lo que él ha provocado en la otra persona que en su propio dolor. El que cierra esta pequeña colección es otro poema de romance trágico, pero uno que con apenas cambios podría trasladarse a cualquier relación, pues habla no de un corazón roto sino del que es probablemente mi mayor miedo, uno que muchos compartimos: el miedo al olvido.
Camina bella como la noche
Camina bella, como la noche
De climas despejados y de cielos estrellados,
Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz
Resplandece en su aspecto y en sus ojos,
Enriquecida así por esa tierna luz
Que el cielo niega al vulgar día.
Una sombra de más, un rayo de menos,
Hubieran mermado la gracia inefable
Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,
O ilumina suavemente su rostro,
Donde dulces pensamientos expresan
Cuán pura, cuán adorable es su morada.
Y en esa mejilla, y sobre esa frente,
Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,
Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan
Y hablan de días vividos con felicidad.Una mente en paz con todo,
¡Un corazón con inocente amor!
Cuando nos separamos...
Cuando nos separamos
en silencio y con lágrimas,
con el corazón medio roto,
para apartarnos por años,
tu mejilla se tornó pálida y fría
y tu beso aún más frío…
Aquella hora predijo
en verdad todo este dolor.
El rocío de la mañana
resbaló frío por mi frente
y fue como un anuncio
de lo que ahora siento.
Tus juramentos se han roto
y tu fama ya es muy frágil;
cuando escucho tu nombre
comparto su vergüenza.
Cuando te nombran delante de mí,
un toque lúgubre llega a mi oído
y un estremecimiento me sacude.
¿Por qué te quise tanto?
Aquellos que te conocen bien
no saben que te conocí:
Por mucho, mucho tiempo
habré de arrepentirme de ti
tan hondamente,
que no puedo expresarlo.
En secreto nos encontramos,
y en silencio me lamento
de que tu corazón pueda olvidar
y tu espíritu engañarme.
Si llegara a encontrarte
tras largos años,
¿cómo habría de saludarte?
¡Con silencio y con lágrimas!
Hubo un tiempo... ¿recuerdas?
Hubo un tiempo… ¿recuerdas? Su memoria Vivirá en nuestro pecho eternamente… Ambos sentimos un cariño ardiente; El mismo, ¡oh virgen! que me arrastra a ti. ¡Ay! desde el día en que por vez primera Eterno amor mi labio te ha jurado, Y pesares mi vida han desgarrado, Pesares que no puedes tú sufrir; Desde entonces el triste pensamiento De tu olvido falaz en mi agonía: Olvido de un amor todo armonía, Fugitivo en su yerto corazón. Y sin embargo, celestial consuelo Llega a inundar mi espíritu agobiado, Hoy que tu dulce voz ha despertado Recuerdos, ¡ay! de un tiempo que pasó. Aunque jamás tu corazón de hielo Palpite en mi presencia estremecido, Me es grato recordar que no has podido Nunca olvidar nuestro primer amor. Y si pretendes con tenaz empeño Seguir indiferente tu camino… Obedece la voz de tu destino Que odiarme puedes; olvidarme, no. |
Acuérdate de mí
Llora en silencio mi alma solitaria, excepto cuando está mi corazón unido al tuyo en celestial alianza de mutuo suspirar y mutuo amor. Es la llama de mi alma cual lumbrera, que brilla en el recinto sepulcral: casi extinta, invisible, pero eterna… ni la muerte la puede aniquilar. ¡Acuérdate de mí!… Cerca a mi tumba no pases, no, sin darme una oración; para mi alma no habrá mayor tortura que el saber que olvidaste mi dolor. Oye mi última voz. No es un delito rogar por los que fueron. Yo jamás te pedí nada: al expirar te exijo que vengas a mi tumba a sollozar. |
Títulos originales: She walks in beauty, When we two parted, There was a time I need no name, Remember Me
Autor: George Noel Gordon Byron
Año de publicación: 1815, 1817, 1809, 1814
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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