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Cuatro poemas de Lord Byron

30 jun
4 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! Seré sincero con ustedes, entre dos partidos de mundial mucho más interesantes de lo que yo esperaba, y el preparar dos publicaciones especiales; no tuve el tiempo de estudiar a fondo un texto que recomendarles hoy; sin embargo, no la quería dejar vacía. Es por eso que el día de hoy no habrá un análisis detallado, pero sí una pequeña sorpresa para ustedes.


Cuando estudié poesía, el periodo por el que me sentí más interesado fue el del romanticismo, y ya podrán encontrar en el catálogo de este blog referencias a Bécquer y Goethe y Shelley. Aunque no me considero particularmente poético, creo que el periodo romántico conserva gran parte de la disciplina en la rima romántica, pero mucho más libre sin llegar a lo caótico. Al incorporar temas de misterio, fantasía, ruinas, imaginación e individuo; lo bello en la imperfección, muchas de las imágenes y motivos recurrentes me llaman la atención, y las he disfrutado también en prosa. Sin embargo, por alguna razón nunca he hablado aquí del que en mi opinión es el mejor poeta romántico de la Historia.


Lord Byron no sólo tuvo una vida fascinante, llena de escándalo y aventura, digna de uno de sus personajes; sino que fue uno de los pilares del movimiento en lengua inglesa. Don Juan es probablemente el más famoso de sus poemas, una subversión humorística del popular personaje, pero yo siempre he gravitado hacia sus poemas más cortos, que en mi opinión reflejan mejor el lado íntimo del poeta romántico.


Sin más preámbulo, les presento cuatro mis poemas favoritos de Byron, y que en mi opinión abordan todo el espectro del enamoramiento: el primero es uno de las mejores exploraciones del tema de amor a primera vista, pues es al mismo tiempo muy efectivo en sus imágenes sin ser específico en el aspecto físico de la enamorada, sólo en su indomable belleza. El segundo habla del dolor del rompimiento y los sentimientos que languidecen tras la separación. El tercero también es uno de ruptura, pero con una voz narrativa mucho más digna, en el que el poeta se concentra más en lo que él ha provocado en la otra persona que en su propio dolor. El que cierra esta pequeña colección es otro poema de romance trágico, pero uno que con apenas cambios podría trasladarse a cualquier relación, pues habla no de un corazón roto sino del que es probablemente mi mayor miedo, uno que muchos compartimos: el miedo al olvido.


Camina bella como la noche

Camina bella, como la noche

De climas despejados y de cielos estrellados,

Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz

Resplandece en su aspecto y en sus ojos,

Enriquecida así por esa tierna luz

Que el cielo niega al vulgar día.


Una sombra de más, un rayo de menos,

Hubieran mermado la gracia inefable

Que se agita en cada trenza suya de negro brillo,

O ilumina suavemente su rostro,

Donde dulces pensamientos expresan

Cuán pura, cuán adorable es su morada.


Y en esa mejilla, y sobre esa frente,

Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes,

Las sonrisas que vencen, los matices que iluminan

Y hablan de días vividos con felicidad.Una mente en paz con todo,

¡Un corazón con inocente amor!


Cuando nos separamos...

Cuando nos separamos

en silencio y con lágrimas,

con el corazón medio roto,

para apartarnos por años,

tu mejilla se tornó pálida y fría

y tu beso aún más frío…

Aquella hora predijo

en verdad todo este dolor.

El rocío de la mañana

resbaló frío por mi frente

y fue como un anuncio

de lo que ahora siento.


Tus juramentos se han roto

y tu fama ya es muy frágil;

cuando escucho tu nombre

comparto su vergüenza.

Cuando te nombran delante de mí,

un toque lúgubre llega a mi oído

y un estremecimiento me sacude.

¿Por qué te quise tanto?

Aquellos que te conocen bien

no saben que te conocí:

Por mucho, mucho tiempo

habré de arrepentirme de ti

tan hondamente,

que no puedo expresarlo.


En secreto nos encontramos,

y en silencio me lamento

de que tu corazón pueda olvidar

y tu espíritu engañarme.

Si llegara a encontrarte

tras largos años,

¿cómo habría de saludarte?

¡Con silencio y con lágrimas!


Hubo un tiempo... ¿recuerdas?

Hubo un tiempo… ¿recuerdas? Su memoria

Vivirá en nuestro pecho eternamente…

Ambos sentimos un cariño ardiente;

El mismo, ¡oh virgen! que me arrastra a ti.


¡Ay! desde el día en que por vez primera

Eterno amor mi labio te ha jurado,

Y pesares mi vida han desgarrado,

Pesares que no puedes tú sufrir;


Desde entonces el triste pensamiento

De tu olvido falaz en mi agonía:

Olvido de un amor todo armonía,

Fugitivo en su yerto corazón.


Y sin embargo, celestial consuelo

Llega a inundar mi espíritu agobiado,

Hoy que tu dulce voz ha despertado

Recuerdos, ¡ay! de un tiempo que pasó.


Aunque jamás tu corazón de hielo

Palpite en mi presencia estremecido,

Me es grato recordar que no has podido

Nunca olvidar nuestro primer amor.


Y si pretendes con tenaz empeño

Seguir indiferente tu camino…

Obedece la voz de tu destino

Que odiarme puedes; olvidarme, no.

Acuérdate de mí

Llora en silencio mi alma solitaria,

excepto cuando está mi corazón

unido al tuyo en celestial alianza

de mutuo suspirar y mutuo amor.


Es la llama de mi alma cual lumbrera,

que brilla en el recinto sepulcral:

casi extinta, invisible, pero eterna…

ni la muerte la puede aniquilar.


¡Acuérdate de mí!… Cerca a mi tumba

no pases, no, sin darme una oración;

para mi alma no habrá mayor tortura

que el saber que olvidaste mi dolor.


Oye mi última voz. No es un delito

rogar por los que fueron. Yo jamás

te pedí nada: al expirar te exijo

que vengas a mi tumba a sollozar.



  • Títulos originales: She walks in beauty, When we two parted, There was a time I need no name, Remember Me

  • Autor: George Noel Gordon Byron

  • Año de publicación: 1815, 1817, 1809, 1814




Hasta el próximo encuentro...


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