Despiadado
- raulgr98
- hace 2 horas
- 3 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! En más de una ocasión, he hablado aquí de los finales sorpresa, tanto en cine como en televisión. Hay algunos tan mal planteados que, en su obsesión por ser inesperados, pierden toda lógica interna; hay otros construidos con tal finura que la narración se vuelve prácticamente dos historias distintas, ambas con sentido: una cuando se sabe el final y otra cuando se desconoce. Finalmente, hay otras historias cuya única razón de ser, sin la cual carecen de propósitos, es el último giro. Hoy revisamos una de aquellas.
El relato, en extremo breve (dos páginas en mi edición), sigue a un personaje, Judson Webb, a punto de abandonar una de sus residencias para regresar a la ciudad, quien decide envenenar una botella de su gaveta secreta para castigar a un presunto ladrón de su última ausencia. El relato no está interesado en ningún tipo de misterio (la identidad del ladrón, o incluso la existencia del mismo, nunca es revelada), de hecho es casi pedagógico en su simpleza, pero la resolución es excelente, un ejemplo claro de justicia poética.
En muchos sentidos, todos los elementos del relato no son sino herramientas para conseguir el efecto final: ¿la trama? En extremo esquemática, consiste en una introducción, una conversación y la resolución. ¿El estilo? Directo, sin muchos recursos retóricos, pero tampoco lleva la economía de palabras al absurdo, es la proporción justa para construir un ritmo dinámico, con suficiente ambientación. ¿Los personajes? Apenas tienen trasfondo, y de ellos Judson es el único al que se le dedica tiempo de caracterización, y aunque no es mucha la información que se presenta, el autor es muy ingenioso para darle una personalidad completa a través de sus acciones; de hecho creo que es una de las mejores sátiras (sorprendentemente vigente) de cierto tipo de norteamericano, prepotente y prejuicioso, pero al final absurdo. Sólo dos personajes más tienen participación en el relato, y de ellos, Mabel (la esposa) cumple a la perfección su rol de sentir de contrapeso al protagonista, y el tercero es poco más que un recurso narrativo, pero es clave para el final.
La mayor virtud del relato corto es la meticulosidad con la que las piezas están construidas, pues cada pieza de diálogo, cada decisión del protagonista, por pequeña o mezquina que parezca, cada elemento de trama que el autor decide introducir juegan un rol en la resolución, incluso la aparición de una ardilla que parece extraído de una fábula clásica. Normalmente, considero un error que una trama se resuelve por coincidencias, pero en este caso la intención autoral es deliberada, de tal forma que más que una serie de casualidades, se fortalece un tema de justicia, prácticamente kármica, en la cualquier otra decisión del protagonista hubiera evitado su final, pero ese es el punto del relato, que si Judson fuera capaz de tomar otras decisiones, la trama no hubiera iniciado en primer lugar.
El otro gran acierto del relato es el sentido del humor. DeMille aprovecha que tiene un protagonista poco agradable para establecer una complicidad con el lector, riéndose de él y su patética altanería, que sirve de vehículo para hacer lo que puede leerse como una crítica a las interpretaciones muy laxas del derecho a la autodefensa que tienen algunos sectores de la sociedad norteamericana. El uso de humor negro es excelente en todo el relato, en particular las últimas líneas, uno de los finales más satisfactorios de la ficción corta, que logra el equilibrio entre ser una conclusión natural, y casi sentirse abrupto.
Esta recomendación probablemente quedará del lado corto, pues no me atrevo a ahondar más a detalle en la historia, muy bien armada (aunque me imagino que más de uno intuyó la resolución, aún así la ejecución es impecable). Sin embargo, considero idónea una recomendación corta, pues la brevedad del relato mismo es lo que lo realza, el efecto se hubiera perdido de ser más largo. Cierro recordando que su autor es más conocido por su trabajo en Hollywood que por el trabajo escrito, y se nota en la construcción del ritmo, y el uso del lenguaje, pero no por eso deja de ser menos literario.
Título original: Ruthless
Autor: William deMille
Año de publicación: 1945
Hasta el próximo encuentro…
Navegante del Clío
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