Los tres mundos
- raulgr98
- hace 47 minutos
- 6 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Esta es la primera vez en mucho tiempo que reseño un libro recién publicado en esta sección, tratándose de la novela que terminé el mes pasado; y considero una recomendación apropiada, considerando que la primera publicación en esta sección de Navegante del Clío fue una reseña del primer libro de la trilogía que el escritor español concluye con esta obra (aunque llamarlo "trilogía" sería inexacto, pues tres libros más están planeados, si bien siguiendo otro eje temático).
Uno de los libros más largos de la bibliografía del autor, narra sólo cinco años de la historia de sus personajes, pero es uno de los periodos más significativos en la historia de Roma: iniciando poco después de la formación del Triunvirato entre César, Pompeyo y Craso, la narrativa sigue el tenso equilibrio entre los tres, cada uno en su área de influencia, culminando con el resquebrajamiento final de la alianza.
Para este punto, no hay mucho nuevo que decir del estilo de Posteguillo, la novela siendo un ejemplo más de sus virtudes, y también de algunos de sus defectos como escritor. En cuestión de estructura, me parece que dividir la historia en seis "libros" es clave para el ritmo, pues aunque cada uno de ellos tiene una extensión capitular diferente, los puntos de giro están bien construidos, y ofrecen puntos de descanso naturales al lector, a la vez que construyen anticipación hacia la sección siguiente. Como en los libros anteriores, los elementos metatextuales como el dramatis personae, los mapas y la nota histórica son herramientas muy útiles para facilitar la lectura, pero al adaptar grandes acontecimientos históricos, creo que el escritor deja un poco de lado la perspectiva del hombre y mujer común, anónimos, así como el elemento artístico, dos aspectos que brillaban en otras de sus novelas.
El nombre de la novela es dada por otra decisión estructural del novelista, que creo que cumple su cometido de darle cohesión a una historia geográficamente muy extensa: contar tres historias semi independientes (distinguidas por la simbología al inicio de cada capítulo): una siguiendo a Julio César en su campaña de las Galias, otra en los últimos años del imperio ptolomeico en Egipto, en el cual Cleopatra emerge como el personaje principal; y una tercera en Roma, donde desde múltiples perspectivas se profundiza en el sistema de intrigas y contrapesos del senado. Aunque cada una de estas historias podría funcionar por separado (de hecho, más de una vez estuve tentado de adelantarme para continuar con una subtrama en específico), las interconexiones entre ellas, algunas construidas de forma deliberada, otras sorpresas inesperadas, son lo que enriquece toda la experiencia narrativa, con un puñado de personajes secundarios saltando de una a otra, y las noticias de los acontecimientos influyendo en las decisiones al otro lado del mundo, una buena evidencia de que, incluso en la edad antigua, el mundo estaba más conectado de lo que se creía en un inicio.
Resulta muy irónico para mí que, pese a que la división por secciones de la novela es determinada por la trama de las Galias; esta resulta por mucho la más débil de las tres. No es que sea mala, pero sufre de tres impedimentos para alcanzar a las otras dos: el primero es que los nombres de muchos de los jefes galos me parecieron confusos, y el trabajo de caracterización de la mayoría (Vercingétorix la honrosa excepción) fue insuficiente para poder distinguirlos unos de otros, sobre todo cuando son mencionados en lugar de aparecer físicamente. El segundo factor es que, pese a que Posteguillo tiene talento para narrar combates, y ha perfeccionado las herramientas para cortar en los momentos adecuados para maximizar la tensión, que la inmensa mayoría de las batallas se resuelvan en victorias romanas termina por volver un poco repetitiva la experiencia de lectura (de nuevo, hay una excepción, que son las dos campañas de Bretaña, una muy necesaria lección de humildad para el protagonista). El tercer factor, imposible de resolver, es que simplemente las tramas políticas me parecen infinitamente más interesantes que las bélicas.
Sin embargo, estas fallas no son suficientes para eclipsar los elementos interesantes que aporta: creo que ante las dificultades de desarrollar los defectos de Julio César como político y militar en este punto de la historia, hacer mayor énfasis en sus pérdidas personales como momentos definitorios fue una gran decisión, y ayudan a humanizar y dar capas a un personaje que, para sus hombres y en ocasiones para el mismo autor, puede parecer mítico e incluso semidivino. Como mencioné antes, la narración de las escenas de acción es emocionante y vertiginosa, y el escritor encuentra soluciones muy ingeniosas a algunas de las situaciones, con la última campaña especialmente bien lograda, pues fue donde hubo más sorpresas. Labieno, el "Extranjero", Décimo y en menor medida el ingeniero Vitruvio son excelentes personajes secundarios para esta subtrama, con diálogos bien construidos y discusiones de estrategia que pueden llegar a ser más emocionantes que las mismas batallas (aunque en el caso del primero, como conocedor de su futuro, me gustaría un poco más de construcción de lo que se anticipa como un enorme giro de trama).
De los "tres mundos", del que sabía menos (y probablemente la razón por la que fue la subtrama que más rápido leí), era Egipto, y pese a ser la más desconectada de las tres (es la que tiene menos personajes romanos), también es desde cierto punto de vista la más fascinante, pues se lee como la crónica de un desastre anunciado, pero sin perder por eso un sentido de intriga. Potino es un antagonista cuya presencia es relativamente menor, pero que me parece interesante de seguir, y personajes secundarios como Berenice, Arsínoe y el propio Tolomeo (quizá el más repugnante de todos los líderes representados en la narrativa) brillan, pero es Cleopatra quien roba todos los reflectores. A muchos años aún de sus famosos romances (que son planteados en este libro), la joven princesa es presentada como curiosa y empática, pero con un potencial innato como estadista, con lo que se convierte en quizá mi versión favorita del personaje.
Finalmente, por una combinación entre la complejidad de las tramas y la diversidad de los personajes, la subtrama de Roma es mi favorita de la novela. Pompeyo tiene sus mejores escenas aquí de toda la trilogía, y sus hijos son nuevos personajes interesantes. Expandir al personaje de Clodio y convertirlo en el villano de la subtrama fue una decisión acertada, y pese a tener relativamente pocas sesiones en el Senado, la cuestión política es donde Posteguillo encuentra sus mayores fortalezas temáticas, sobre todo en el contraste entre Catón y Cicerón como dos tipos muy diferentes de oposición. El segundo en particular se consolida en esta novela como uno de los mejores antagonistas de las novelas del escritor, inteligente y culto, perfectamente capaz de intrigar y conspirar por ambiciones personales, pero siempre civilizado en las formas y capaz de sentir empatía por sus enemigos, sus diálogos son, en mi opinión, los mejores de la novela. Y pese a lo impresionado que quedé con el desarrollo del orador, incluso él pasa a segundo término en la subtrama, pues ésta incluye algunos de los mejores personajes femeninos de la filmografía de Posteguillo. Calpurnia ha crecido mucho como personaje desde la última novela, y la introducción de Fulvia tiene mucho potencial, pero son dos familiares de Julio César los que más me cautivaron: el escritor es excelente para dar guiños a quienes saben de Historia, y no hay mejor ejemplo que el monólogo final de Aurelia, madre del protagonista, de este recurso. Por otra parte, Julia se convirtió rápidamente en mi personaje favorito de la novela, su historia fue la que más me afectó emocionalmente y me pareció impecable la forma en la que el autor resuelve una aparente contradicción historiográfica (como hija de César y esposa de Pompeyo).
Tres apuntes breves antes de despedirme: el primero, es que durante los dos libros anteriores, externé mi preocupación por la ausencia de Julio César, considerando su rol vital en los acontecimientos, y debo decir que su introducción en esta novela logró que olvidara mis resabios, pues, al ser el único personaje que cumple un rol clave en las tres subtramas, recibe mucha caracterización; incluso se podría argumentar que la novela pertenece a él tanto como a Julio César. El segundo, es que este libro es un raro ejemplo de una historia que puede elevar una novela previa, y es que la comunicación explícita con la trama B de "La legión perdida" (2016) la elevó a tal grado que sentí grandes deseos de de releer aquel libro. Finalmente, como historiador no puedo evitar poner atención al trabajo de fuentes del autor, que como acostumbra es sólido y diverso, pero en esta ocasión creo que da demasiado crédito a la crónica de Julio César de la conquista de las Galias, testimonio del que yo soy más escéptico, pero le reconozco que, pese a su admiración, no ignora los efectos nocivos del expansionismo romano.
Aunque es quizá el más débil de los tres libros de Julio César, es también el más complejo, y una lectura atrapante desde la primera página, que funciona para todo tipo de lector: para aquellos que apenas están descubriendo ese número, estará plagado de sorpresas tanto trágicas como emocionantes; para aquellos que saben el futuro, y aquello que se está construyendo de forma lenta pero inevitable, puede que sea una experiencia incluso más satisfactoria.
Título original: Los tres mundos
Autor: Santiago Posteguillo
Año de publicación: 2025
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
Comentarios