Hamlet
- raulgr98
- hace 30 minutos
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¡Bienvenidos pasajeros! Esta semana sigo en ánimo de discutir tragedia shakesperiana, y grande fue mi sorpresa al descubrir que nunca he hablado de Hamlet en este espacio. Que mejor oportunidad de retomar la obra más larga del bardo de Avon, y una de las más icónicas; que después de ver la recreación de algunas de las escenas en el cine. Muy famosa, pero raramente adaptada de manera fiel, es interesante su legado en la cultura popular (por ejemplo, el parlamento de "Ser o no ser" y la acción de sostener el cráneo, usualmente combinados en parodias y homenajes, ocurren en momentos completamente distintos de la obra).
Casi totalmente ausente de subtramas (la única que podría calificar como tal es la de Ofelia, que es por mucho el elemento más débil de la historia); la historia es de las más lineales del dramaturgo: el príncipe de Dinamarca regresa a su patria para descubrir a su padre muerto y a su madre casada con su tío, quien ahora reina. La aparición del fantasma del rey fallecido lo impulsa a una búsqueda de venganza. Por la sinopsis, parecería una historia arquetípica, que no debería tardar mucho; pero en realidad la trama toma un rol secundario a la deliberación y exploración filosófica en el diálogo, mas eso no la convierte en una narrativa aburrida, sino una de las más magnéticas del autor.
A nivel temático, la venganza es uno de los aspectos principales, y gran parte de los debates que han surgido en la cultura popular sobre la moralidad de la "violencia legítima" parten de las discusiones que surgen en Hamlet, en la que el protagonista, ya sea por miedo o por virtud, no puede actuar hasta estar totalmente convencido de la culpabilidad de su tío (en una nota más oscura, también se niega a atacarlo en su momento más vulnerable, diciendo que no basta con la muerte, sino con la condenación eterna). La locura y la muerte son los otros temas centrales de la historia, y sobre todo el primero es clave para marcar el ritmo de la obra: incluso aunque Shakespeare ofrece desde la primera escena prueba de que la aparición es real, el espectador no puede evitar preguntarse si acaso Hamlet de verdad ha enloquecido, y el debate sobre su cordura mueve las interacciones de casi todo el elenco secundario (no es el único personaje que desciende a la locura, y la relación entre irracionalidad y duelo es uno que comparten muchos de los personajes centrales). Más allá de esos temas universales, creo que revisitar Hamlet en el siglo XXI es una experiencia fascinante, pues casi todos los personajes pasan por momentos no sólo de duda sino de profunda melancolía, en actitudes que hoy se calificarían como depresión (el propio Hamlet, en sus soliloquios, muestra un ánimo explícitamente suicida). Por eso, me parece que leerlo casi como un ensayo sobre la importancia de la salud mental, en particular durante momentos de profunda pérdida, es una experiencia reveladora.
No revelaré muchos detalles de la historia, pero en cuanto al estilo, creo que este es uno experimental para Shakespeare, en el que usa su rima y métrica tradicional pero juega con la prosa en algunos discursos, con interesantes resultados. Pese a ser una tragedia evidente (sólo uno de los personajes centrales sobrevive a la historia), el dramaturgo es un maestro de tonos, y las escenas de humor negro son excelentes. La mención constante del príncipe noruego Fortinbrás ayuda a elevar la tensión de la trama pese a que aparece físicamente hasta el final, y este sirve como un interesante contrapunto de Hamlet (ambos son hijos de reyes muertos con el mismo nombre que ellos; pero mientras que el primero es dado a la acción impulsiva, el segundo a la reflexión); pero cada escena se toma su tiempo para construir de forma metódica sus distintas intrigas, revelaciones y giros. En ese mismo sentido, Shakespeare recurre a varios recursos dramáticos, entre ellos el de contar una historia dentro de otra al incorporar al grupo de personajes una compañía de teatro, y su utilización sigue siendo por mucho el mejor uso de este arquetipo en una narrativa.
Como acostumbro cuando hablo de teatro, quiero dedicar un momento para desentrañar la estructura de la tragedia, que como la inmensa mayoría del canon shakesperiano, se desarrolla en cinco actos. El primer acto, de cinco escenas, se concentra en la presentación de los personajes y las primeras apariciones del fantasma, y es donde más se nota la prudencia y cuidado con el que el autor introduce los distintos elementos, pues Hamlet no aparece en la primera escena, por ejemplo. El segundo acto es el más corto, pues solo tiene dos escenas, y es donde el sentido del humor más brilla, pero también tiene mucho poder dramático, pues cierra con el primero de los grandes monólogos de Hamlet. El tercer acto, de cuatro escenas, es el más icónico de la obra: no sólo contiene la obra dentro de otra, sino que incluye los dos parlamentos más famosos de Hamlet, y concluye con la primera muerte en el presente, un claro parteaguas en la trama. Pese a ser en apariencia el más largo, las siete escenas del cuarto acto son sobre todo de transición, con el elenco preparando los planes para el clímax, pero es en el que más brillan personajes secundarios como los reyes, Laertes y sobre todo Ofelia. Finalmente, el quinto acto solo contiene dos secuencias extendidas (el cementerio y el duelo), pero conforman, pese a su naturaleza reflexiva, de los clímax más emocionantes en la bibliografía del dramaturgo inglés.
Como mencioné en la introducción, Hamlet es posiblemente la más introspectiva de las obras del bardo de Avon, y eso considerando que uno de sus elementos más loables como autor es la deconstrucción psicológica de sus personajes. En ese sentido, quiero terminar esta recomendación de una forma diferente, que es ordenando a los personajes de los que me parecieron menos interesantes a aquellos a los que he estudiado a mayor detalle (no son todos, por ejemplo, ha habido ensayos sobre los convenencieros Rozencratz y Guildensten más complejos que cualquier cosa que yo podría aportar; y el uso de los sepultureros es una subversión interesante del tropo del bufón que el propio Shakespeare hizo famoso en otras obras).
Polonio: El personaje menos interesante de toda la obra, pero uno de los más entretenidos de ver en escena; una persona ambiciosa e intrigante, pero con el fracaso (como cortesano, espía y padre) como característica predominante, me parece una buena sátira a la élite política, y un antagonista infravalorado, ya que es responsable de gran parte de la tragedia de sus hijos, incluso antes de morir.
El fantasma: Un dato poco conocido para aquellos que no han leído la obra es que el espectro del rey tiene otra aparición más allá de las primeras escenas, lo que lo eleva como un personaje un poco más tridimensional, más allá de su función como incidente inicial. Una exploración de como se deconstruye (elevando o destronando) a las personas (en particular a los padres) tras la muerte, mucho del verdadero rey Hamlet permanece rodeado de misterio.
Horacio: El mejor amigo como testigo de la historia del héroe es un arquetipo común en Shakespeare, y Horacio es de las versiones más interesantes, pues es en muchos sentidos invisible (Hamlet es casi el único que reconoce su existencia e interactúa con él), pero le da certidumbre a los aspectos más fantásticos de la trama y sirve como excelente contrapunto al protagonista, dando los consejos más certeros de todo el elenco. Además de un testigo, sirve como un símil del espectador, pues refleja gran parte de sus reacciones, y por lo tanto, logra la difícil tarea de ser entrañable pese a su rol significativamente menor que los otros enlistados.
Gertrudis: La reina es el máximo enigma del texto, Hamlet es más cruel con ella que con su propio tío, pero el fantasma del rey la considera inocente. Quizá el más notable efecto negativo del rol limitado de las mujeres en el teatro isabelino, pues rara vez el personaje tiene oportunidades de expresarse con voz propia; pero creo que es loable que haya suficiente material para mantener vivo el debate sobre su culpabilidad, siendo sus reinterpretaciones (el ejemplo que más me viene a la mente es la versión de Robert Eggers de 2022, basado en el mito nórdico que originó la obra), las diferencias más interesantes en adaptaciones.
Ofelia: La encarnación de la inocencia, y una manera secundaria de expresar los temas de locura y muerte; recibe poca caracterización en comparación con los otros personajes, y por eso muchas de las escenas centradas en ella son las más débiles de la obra; pero algunos de sus monólogos sobre la pérdida de la cordura, al ser más crudos e íntimos, son más efectivos que los del protagonista. De forma bastante explícita para la época, su sexualidad es un elemento clave del personaje, y relecturas contemporáneas de su historia podrían constituir debates interesantes sobre temas como el aborto y la liberación del cuerpo femenino. Indiscutiblemente la mayor víctima de la obra, pero mucho más que un simple objeto de deseo.
Hamlet: Es el personaje de Shakespeare con más parlamentos, por mucho; y su arco de personaje, además de los temas que comenté anteriormente, incluye un debate entre el deber y el escepticismo. A muchos les puede parecer frustrante la inacción del protagonista, pero la indecisión es precisamente el punto, pues en la duda es donde radica el conflicto; y la razón por la que "deja ir" varias oportunidades ofrece múltiples interpretaciones, pues su caracterización es compleja, en la que su abominable trato a los personajes femeninos (por razones distintas) contrasta con la actitud honorable que muestra con algunos de sus rivales; y es capaz tanto de astutas intrigas como de momentos de honestidad que rozan lo ingenuo. Aunque es imposible que temporalmente pertenezca a la corriente filosófica que surgió posteriormente, muchos de los monólogos del príncipe, sobre la importancia de las decisiones individuales, pueden considerarse precursores del existencialismo.
Claudio: Uno de los grandes villanos de Shakespeare, infravalorado en mi opinión, su escena de confesión es mi favorita de toda la obra, pues muestra una perspectiva original para un antagonista, uno que sabe que ha actuado mal, pero reconoce que cualquier remordimiento que sienta sería insuficiente, pues sabe que no está dispuesto a dejar ir lo que ha obtenido con sus malas acciones. Intrigante y con una buena dosis de cobardía, lo que le da aun más complejidad es la dicotomía que el autor presenta, y que presenta un debate abierto a la audiencia: diplomático, cauteloso y pragmático ¿Cómo es posible que sea simultáneamente un mal hombre y un buen rey, quizá mejor que aquellos a quienes ha usurpado?
Laertes: Para mí el mejor personaje de toda la obra, y un interesante contrapunto al protagonista, pues mientras éste está plagado de dudas internas; su rival es presentado como un héroe prototípico: libre y aventurero, pero también leal y amoroso; un buen hijo, un buen hermano y un buen súbdito. Su decisión poco antes de la resolución de sumarse a una intriga, es por lo tanto, una traición a la audiencia y a sí mismo mayor que al propio Hamlet (pues los motivos de su rencor son tan justificados, y quizá un poco más, que los del propio príncipe), por lo que su redención final, aunque breve, es un gran momento emocional.
Discutiendo con compañeros, expresé mi frustración sobre muchas audiencias y lectores modernas, incapaces de soportar una historia introspectiva y reflexiva, más preocupada por sus personajes que por las acciones. Hamnet, a siglos de distancia de su presentación, es un recordatorio que a veces, las mejores obras de arte son aquellas que se toman su tiempo para contar una historia en apariencia simple.
Título original: Hamlet
Autor: William Shakespeare
Año de publicación: 1600
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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