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FTA

hace 3 minutos
6 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! El día de hoy tendrán una publicación breve en esta sección, pero creo que servirá para darles una muestra de los proyectos que hago en mis ratos libres, cuando puedo disponer de ellos.


Hace ya tiempo publiqué en este espacio un desglose de la bibliografía de George RR Martin, y reconocí que hace unos años se realizó un esfuerzo editorial importante por traducir sus obras previas a Canción de Hielo y Fuego (una de dichas antologías ha resultado ser extremadamente difícil de encontrar, pero esa frustración será historia para otro día). Aunque un trabajo loable, estuvo lamentablemente incompleto, y de acuerdo con mi cuenta, hay diez relatos y novelas cortas que nunca han sido traducidos al español; la mayoría de ellos muy breves, pero un par de omisiones notables.


A principios de este año, me tomé como misión personal rastrear ediciones digitales de esas diez historias perdidas, y tras casi un mes de búsqueda logré encontrar nueve de ellas, que compilé en un archivo digital. Aunque la tarea ha sido más larga de lo que esperaba en un inicio, el segundo paso fue traducir esos relatos, con la esperanza de poder imprimirlos y empastarlos para mi colección personal (sin fines de lucro por supuesto), como he hecho con dos autores previos. Siendo honesto, no he podido avanzar mucho, pero hoy quiero compartir con ustedes uno de ellos.


FTA es, probablemente, el relato más corto que Martin ha escrito, de sólo dos páginas en la versión que encontré; es una microficción sci-fi que es una muestra del talento para la composición del autor, pues consiste en una sola conversación que aborda el tema del viaje hiper espacial desde el ángulo más aburrido que uno podría imaginarse, el tedio de recibir financiamiento por medios burocráticos. Y aún así, se trata de una lectura ágil gracias a dos personajes bien construidos con mínima descripción, un diálogo que logra construir de forma orgánica el trasfondo del mundo del relato y un pequeño misterio que se va construyendo de forma sutil. Hasta el último párrafo, sería una historia típica de ciencia ficción, bien construida pero lejos de extraordinaria; sin embargo, son las últimas dos líneas las que lo vuelven una experiencia de lectura memorable, un simple pero efectivo giro de trama que vuelve todo el relato irónico con un humor bien logrado, y que permite deconstruir uno de los principios más establecidos de la ciencia ficción.


En verdad es poco más lo que se puede decir del texto sin arruinar ese genial giro, y por eso he decidido que en lugar de extender de más este análisis, tras la ficha técnica los dejaré con mi traducción de esta ficción, esperando que sea un vistazo diferente al género al que también dedicaremos la publicación de mañana.


  • Título original: FTA

  • Autor: George RR Martin

  • Año de publicación: 1974


F.T.A.

El hiperespacio existe. De eso no puede haber duda. Lo hemos probado matemáticamente. Aunque no podemos conocer las leyes del hiperespacio aún, podemos tener la certeza de que no son las leyes del espacio normal. En el hiperespacio, no hay razón para suponer que la limitante velocidad de la luz aplique. Lo único que nos falta es encontrar los medios para movernos del espacio normal al hiperespacio, y de vuelta. Denme los fondos para encontrar un hiper impulsor, y yo les daré las estrellas.

—Dr. Frederick D. Canferelli

Fundador de la Fundación FTL,

dirigiéndose al Comité de Evaluación Tecnológico,

Senado Mundial, Ginebra, 21 de Mayo, 2016


TODOS SABEN QUE UNA HORMIGA NO PUEDE MOVER UN ÁRBOL DE HULE

—Lema de la Fundación FTL

 

Kinery entró deprisa, un archivo grueso abultado bajo su brazo. Era un joven agresivo, con cabello rubio corto, una barba puntiaguda y una personalidad seria. No mostraba ninguna cortesía.


Jerome Schehter, el subdirector de la Fundación FTL, lo miraba con ojos cansados mientras Kinery se sentaba sin permiso y arrojaba su archivo sobre el desordenado escritorio de Schechter.


“Días, Schcehter”, dijo Kinery secamente, “Me da gusto que finalmente logré atravesar a tu guardia real. Eres un hombre muy difícil de ver, ¿lo sabes?"


Schechter asintió. “Y tu eres muy persistente”, dijo. El subdirector era un hombre grande, con varias capas de grasa, cejas espesas y una mata de pelo gris espeso.


“Uno tiene que ser persistente para tratar con ustedes. Schechter, no desperdiciaré palabras. FTL me está dando largas, y quiero saber por qué.


“¿Largas?”, Schechter sonrió. “No sé a qué te refieres”.


“No juegues conmigo. Ambos sabemos que soy uno de los mejores físicos que ha habido en muchos años. Has visto mis artículos sobre el hiper espacio, si es que acaso sigues tu especialidad. Deberías saber que mi propuesta es válida. Le he dado al campo el mayor impulso desde Lopez. Y él fue hace treinta años. Estoy a punto de lograr el motor de hiper propulsión, Schechter. Cualquiera informado lo sabe.


Pero necesito financiamiento. Mi universidad no puede disponer de los costos del equipo que necesito. Entonces vine a la Fundación FTL. ¡Maldita sea! Schechter, ustedes deberían de haber estado exultantes de recibir mi aplicación. En vez de eso, recibo un año de demoras, después un rechazo. Y no puedo obtener una explicación de nadie. Tu siempre en conferencia, tus asistentes me hablan con galimatías, y Lopez parece estar en vacaciones permanentes...”


Kinery cruzó los brazos y se recargó rígido en el asiento. Schechter jugueteó con un pisapapeles, y suspiró. “Está enojado, señor Kinery”, dijo, “el que se enoja pierde”.


Kinery se inclinó hacia delante de nuevo. “Tengo derecho a estar enojado. La Fundación FTL fue creada con el objetivo expreso de encontrar un motor de hiperespacial. Estoy a punto de hacerlo. Aún así, no me conceden siquiera una cita, mucho menos dinero.


Schechter suspiró de nuevo. “Está partiendo de varias malinterpretaciones. Para empezar, la Fundación FTL se creó para investigar un método para viajar más rápido que la luz. Un motor estelar, por ejemplo. El hiperespacio era sólo una vía hacia tal destino. En estos momentos, estamos persiguiendo otras opciones que se ven más prometedoras. Nosotros…”


“Lo sé todo de esas otras opciones”, interrumpió Kinery. “Callejones sin salida, todos ellos. Están desperdiciando el dinero de los contribuyentes. ¡Dios mío, algunas de las cosas que financian! Allison y sus experimentos de teletransportación, Claudia Daniels y su locura de un motor esper. ¡Y la hipótesis de estasis temporal de Chung! ¿Cuánto le están dando? Si me preguntan mi opinión, la Fundación FTL ha estado mal administrada desde que Canferelli murió. El único que iba siquiera en la dirección correcta era Lopez, y ustedes chiflados lo sacaron del campo para convertirlo en administrador”.


Schechter estudió a su invitado. El rostro de Kinery comenzaba a enrojecer, y apretaba con firmeza los labios. “Me parece que ha ido a ver al senador Markham”, dijo el subdirector. “¿Tiene intención de comentarle de estas acusaciones?”


“Sí”, dijo Kinery con brusquedad. “A menos que consiga respuestas. Y le garantizo que si esas respuestas no me satisfacen, me aseguraré de que el Comité Tecnológico del Senado le de un buen vistazo a la Fundación FTL.


Schechter asintió. “Muy bien”, dijo. “le daré sus respuestas. Kinery, ¿tiene alguna idea de que tan poblada está la Tierra hoy en día?”


Kinery resopló. “Por supuesto. Yo…”


“No.” Dijo Schechter. “No lo minimices. Piensa en ello. Es importante. Ya no tenemos espacio, ninguno, Kinery. No aquí, ni en ningún lugar de la Tierra. Y las colonias en Marte, la Luna y Calisto son chistes, ambos lo sabemos. El hombre está en un callejón sin salida. Necesitamos las estrellas para la supervivencia de la especie. La Fundación FTL es la esperanza de la humanidad, y gracias a Canferelli, el público ve a la Fundación sólo en términos de hiperespacio”.


Kinery no estaba satisfecho. “Schechter, he escuchado suficientes patrañas de tu personal durante el último año. No necesito ninguna de ti”.


Schechter sólo sonrió. Después se levantó y camino hasta la ventana, para mirar las torres que acaparaban el cielo de la megalópolis que los rodeaba.


“Kinery”, dijo sin voltear, “¿alguna vez te preguntaste por qué Lopez no ha financiado un solo proyecto de investigación hiperespacial desde que se convirtió en director? Era su campo, después de todo.”


“Yo…” comenzó Kinery.


Schechter lo silenció. “No importa”, dijo. “No es importante. Financiamos las teorías desquiciadas que financiamos por que son mejor que nada. El hiperespacio es el callejón sin salida, Kinery. Mantenemos el mito vivo por el público, pero sabemos más que eso.”


Kinery hizo una mueca. “Oh, vamos, Schechter. Echa un vistazo a mis artículos. Dame el financiamiento y yo te daré un motor hiperespacial en menos de dos años”.


Schechter lo encaró. “Estoy seguro de que lo harías”, dijo en una voz infinitamente cansada. “Sabes, Canferelli una vez dijo que no había razón por la que la velocidad límite de la luz debería aplicar en el hiperespacio. Tenía razón, no lo hace.”


“Lo siento, Kinery. De verdad lo siento. Pero Lopez nos dio un hiper impulsor hace treinta años. Fue entonces que descubrimos que la velocidad límite del hiperespacio no es la de la luz”.


“Es más lenta, Kinery. Es más lenta”.





Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío


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