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El amor en los tiempos del cólera, capítulos cinco y seis

¡Bienvenidos pasajeros! Por fin hemos terminado la travesía que iniciamos a principios de mes por nuestra segunda reseña por entregas de esta sección; de nueva cuenta una novela de García Márquez. La semana pasada estaba perdiendo la paciencia con uno de los personajes, y tenía muchas dudas de si la historia podría reponerse de matar a otro, pero ¿logró cerrar bien? Hoy les presento mis impresiones de los últimos dos capítulos.


Primero, un par de decepciones menores: me sorprendió que en cuestión estilística, la recta final fuera la que menos experimentara, fue inesperadamente lineal. Por otra parte, no puedo evitar expresar mi inconformidad porque creo que el autor dejó sin contar algunos de los aspectos que más me intrigaban de la historia, como la anécdota de la foto que el escritor recuerda, pero se niega a contar.


Comienzo con mis impresiones del quinto capítulo, que me pareció el más interesante de los dos: el inicio se encuentra entre mis pasajes favoritos de la novela, pero también fue uno de los más agridulces, pues refleja el potencial desperdiciado de la narrativa. Un viaje en globo, que permite ver rastros evidentes de violencia, encaja perfecto con la referencialidad espolvoreada a lo largo del texto sobre la historia de Colombia, acompañado de una fuerte crítica social; pero creo que la novela tenía todo para expandirse en su reflexión histórica, que coincidía con los temas centrales de la historia.


A continuación, el capítulo regresa a la perspectiva de Florentino, y es el protagonista en uno de sus momentos más bajos: obsesivo, acosador (el incidente del espejo es un buen ejemplo); aún más evidente al ser contrastado con los cambios en la ciudad. La desaparición de Fermina, que coincide con la muerte de su padre, fue un buen misterio en este penúltimo capítulo, y da pie a la expansión de uno de los aspectos mencionados de forma superficial en los primeros capítulos: la infidelidad de Juvenal.


No hablaré mucho de este punto de trama, cuyo descubrimiento por el olfato me pareció excelente; pero sí quiero hacer notar algunos de los aspectos que me parecieron fascinantes: una caracterización que no creo que haya envejecido bien, en la que Fermina se enoja más cuando lo reconoce (y admite que ha ido con un confesor), pues esperaba que lo negara "como un verdadero hombre". Este momento de separación, aunque breve, permite retomar el tema de la nostalgia, muy presente en el primer capítulo, con el regreso de la prima Hildebranda y una escena de reconciliación más cursi de lo que esperaba. El caso de la aventura también permite, por última vez, contrastar a los dos rivales de amores: Florentino profesa serle fiel de pensamiento, pero es caracterizado como un prodigio en la cama, mientras que Juvenal sí siente una conexión más profunda con su amante (una doctora en teología), pero nunca es capaz de disfrutar del acto físico. Más aún en el juego paralelo, el doctor se siente tan aliviado al verse descubierto que cuenta toda la verdad, incluso cuando su mujer le desea la muerte, mientras que Florentino le miente en una de sus últimas conversaciones.


En las últimas páginas del capítulo, Florentino se obsesiona con la vejez (tanto la propia, expresada a través de la calvicie y la pérdida de los dientes) como la de Fermina, tras un incidente en el que los tres protagonistas ven la misma película; y aunque mucho de su monólogo interno es interesante, sigue teniendo actitudes que me impiden empatizar con él, como una relación con una muchacha de catorce años (América Vicuña, la última de sus amantes), uno de los puntos de trama recurrentes en García Márquez, pero que en este caso es pobremente implementado. Ver la temporalidad del primer capítulo desde su perspectiva fue interesante, y el capítulo terminó en un buen lugar, pero lo que más recuerdo de las últimas páginas es la despedida de mis dos personajes secundarios favoritos: Leona y el tío León, en boca de quien el novelista critica por una última vez el atraso histórico de Colombia.


El sexto y último capítulo tiene cosas extrañas: por ejemplo, considero innecesario retomar el tema de la infidelidad, inventándole a Juvenal un nuevo escándalo, que desde el principio se sabe que es falso (aunque de nuevo, celebro la existencia natural de amistades entre personas de distinto sexo) y planteando la pregunta sobre la fidelidad de Fermina. Otro elemento peculiar de la trama es cómo cobra fuerza el tema de la paternidad: no sólo se abre una interrogante sobre si Florentino tuvo hijos, y surge un escándalo sobre el padre de ella (la defensa que Florentino de su amada, incluyendo una fuerte crítica a la prensa amarillista, es de sus mejores momentos como personaje) sino que la descendencia de Fermina y Juvenal por primera vez toma relevancia y personalidad, en pasajes que me parecieron interesantes, pero de nuevo, una muestra de potencial desperdiciado dada su tardía inclusión. Asimismo, creo que no era necesario agregar una más al listado de amantes de Florentino, aunque debo decir que sus interacciones con Prudencia me parecieron de las más dulces de su subtrama.


Temáticamente, creo que es el capítulo más sólido desde el primero, con reflexiones agridulces sobre la viudez; la soledad y la persistencia de la memoria. Aunque el posicionamiento de García Márquez sobre el amor puede ser en ocasiones contradictorio, estoy de acuerdo con su postulado de que es más importante la estabilidad que la felicidad, sobre todo considerando que hay una simbiosis en la que la primera da paso a la segunda. Interesante también como uno suele recordar más episodios concretos asociados a los problemas, pero eso no niega el sentimiento general de felicidad sobre el pasado; y concuerdo con las conclusiones finales de la historia; tanto que "los viejos entre viejos son menos viejos" como que no hay edad máxima para el amor.


No puedo creer lo que estoy diciendo, pero cerca estuvo Florentino de redimirse como personaje en este capítulo: llora una pérdida, aprende a usar la máquina de escribir, el introducir una forma más madura y reflexiva de cortejar, la incorporación de charlas triviales; permitieron observar de forma palpable el crecimiento del personaje, y acabé disfrutando mucho de esta nueva dinámica entre los dos protagonistas, sobre todo porque la reflexión que se da alrededor de la inapetencia, la añoranza y el egoísmo es tratada con seriedad. Es común en las historias del reencuentro de enamorados la expresión de "nunca dejaron de quererse", pero el final funciona porque Fermina es un personaje mucho más redondo que un cliché: al comprobar que nunca lo amó en el pasado, gana la libertad para tomarle cariño en el presente, y encontrar la paz. El recuerdo de Juvenal está presente en esta recta final, pero de una forma más sutil de lo que esperaba, y me gustó la forma en la que García Márquez logró incorporar, aunque fuera brevemente, a muchos de los puntos de trama y personajes secundarios.


Las últimas páginas, que giran alrededor del viaje en el río, son el balance perfecto entre el romanticismo un poco trillado y una madurez y realismo inesperados; y me satisfizo mucho comprobar que el cólera volvió a tomar un rol preponderante como recurso narrativo, después de haber desaparecido casi por completo en el último par de capítulos, justificando el título de la novela. Hasta el último momento, García Márquez brilla por su capacidad de expandir el mundo con pequeñas anécdotas (la aparición, la amada del capitán). etc.; y en este capítulo final me pareció especialmente conmovedora la trágica descripción de la cría de manatí y la sistemática destrucción del ambiente en aras de progreso. El mundo de la juventud de los personajes está muriendo, igual que ellos mismos, por lo que no es de sorprender que la muerte regrese como tema con una última interrogante ¿el amor es más denso en la cercanía del final, o en la plenitud de la vida? Así como la novela inicia con un suicidio, en un clásico ejemplo de circularidad también concluye con uno, pero mostrando diferencias evidentes: si el primero fue para evitar la vejez, y se celebra que no fue por amor; el de América si fue por una desilusión del corazón, pero es presentado en un capítulo que celebra el envejecer.


La última página de mi edición, aunque escrita de forma poética, me pareció anticlimático, y por eso no considero que esta novela esté entre las mejores de García Márquez, pero le debo conceder mucho crédito en que al final lograra construir de forma efectiva un romance, a la vez que se honra y respeta el pasado de ambos personajes. La trama, al menos la principal, no me pareció extraordinaria, pero el sentido del humor, y sobre todo algunos de los personajes que construyó para su mundo, sí lo son.






Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío




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