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El aprendiz de brujo

¡Bienvenidos pasajeros! Llegó el momento de una confesión controversial, que compartían muchas personas mientras crecía pero que se ha vuelto cada vez menos popular conforme me rodeo de más hombres y mujeres que se consideran cinéfilas: no disfruto de la película de Fantasía. La respeto como esfuerzo creativo, pero la disparidad de sus elementos me parece demasiado grande para considerarla una película bien cohesionada, pese a tener muchos elementos que disfruto.


Quizá, si esta publicación tiene buena acogida entre ustedes, lectores, en el futuro haga un ranking de cada uno de los ocho segmentos, pero el día de hoy quiero hablar exclusivamente de uno, que no me sorprende que sea el mejor logrado, considerando que era el que llevaba más tiempo de desarrollo como cortometraje antes de que naciera el concepto de una película.


Aunque toda la cinta, estrenada en 1940, es una historia concebida y organizada por Joe Grant y Dick Huemer, cada corto recibió su propio equipo creativo, El aprendiz de brujo siendo dirigido por James Algar y escrito por Perce Pearce y Carl Fallberg. Si bien, al ser una película muda, no cuenta con actores, el corto es introducido por un segmento live action del compositor Deems Taylor, y cierra con una interacción entre el conductor de la orquesta Leopold Stokowski y Mickey Mouse (interpretado por Walt Disney). Fantasia en general es considerada un éxito crítico y taquillero, pero el Aprendiz de Brujo es probablemente su corto más icónico, y el único que fue reincorporado en la secuela.


Disney siempre es criticado como estudio por blanquear las historias que adapta, pero este es uno de los pocos ejemplos donde se da la situación contraria: la génesis del corto está en el poema de Goethe "Der Zauberlehrling", que a su vez ya había sido adaptado a una sinfonía por el compositor Paul Dukas en 1897. En cuanto a su estructura básica, es probablemente una de las adaptaciones más fieles que Disney jamás hizo, con sólo una diferencia notable: en el poema original, el hechicero reacciona con humor a la desobediencia de su aprendiz, mientras que en el corto el desenlace es uno de enojo, sin perder por eso la ligereza.


De unos once minutos incluyendo los segmentos live action de presentación y cierre, el corto es un gran ejemplo de economía narrativa, pues pese a su brevedad aprovecha cada toma para contar una historia completa, en una estructura de tres actos, proeza notable considerando la falta de diálogo. Pese a no hablar, los tres personajes (el hechicero, el aprendiz y la escoba) son memorables gracias a dos características centrales: un diseño que, tanto por líneas como por gama de color, los vuelve un contraste inmediato entre uno y otro; y por el otro, en el caso de los dos personajes con rostro, un muy buen trabajo de expresividad, sobre todo en los primeros planos (e incluso con la escoba se hace un trabajo sencillo pero efectivo de caracterización, extrayendo un poco de personalidad con sólo el movimiento).


Puede que esté olvidando algo, pero estoy casi seguro que este corto es una de sólo dos apariciones que Mickey Mouse tuvo en el cine en sus más de cien años de historia como parte de un largometraje, y siempre me ha parecido esto un desperdicio, pues me parece un personaje muy versátil para el estudio de animación, por una razón muy sencilla: si bien en esta historia conserva gran parte de los rasgos y energía que lo hicieron icónico, los créditos y material promocional tuvieron mucho cuidado de manejar el corto como "Mickey en el rol del aprendiz de brujo", y esta diferenciación en el discurso permite que, dentro de la historia, el aprendiz pueda brillar por su holgazanería e impulsividad sin afectar la "reputación", de la mascota del estudio. Si bien el corto es, por mucho, el más cómico y ligero de los ocho que integran la película, me parece interesante como se decidió caracterizar al hechicero Yen Sid (Disney al revés), pues su diseño es más parecido a un villano que a una figura benévola, y su escena introductoria es ambigua en cuanto a la naturaleza de su magia (aunque una mariposa aparece brevemente, su invocación inicial remite al Chernabog de un corto posterior).


La otra virtud que vuelve a este corto mi favorito de los ocho es que es el que tiene el mejor ritmo, y eso es en gran medida gracias a la música seleccionada para acompañarlo, quizá la mejor estructurada de las ocho en cuanto a métrica y golpes de efecto, probablemente porque al momento de componerse tenía un referente narrativo bien definido. Música y animación están compenetrados a la perfección en el movimiento dentro del cortometraje, y disfruto en particular como se diseñó la entrada de ciertos elementos como truenos y olas para coincidir con las percusiones mayores. El ritmo de la sinfonía es uno que tiene cambios de tono un poco abruptos, y momentos importantes de cautela y silencio antes de dejarse llevar por la orquestación, y la dirección del corto los supo aprovechar para asociar las distintas melodías a los personajes (Mickey es pícaro, Yen Sid es imponente, la escoba es rígida e inmutable), reservando el momento más complejo a nivel musical cuando el aprendiz se pierde en su propia fantasía al final del segundo acto. De esta manera, el corto se mueve simultáneamente con la elegancia de una coreografía de ballet y la disciplina de piezas de relojería, logrando un resultado final sensacional.


Finalmente, no puedo despedirme sin mencionar el otro gran logro del corto, que es uno por el que debo acreditar a todo el largometraje: es, en mi opinión, la película de la Edad de Oro de Disney que mejor ha envejecido a nivel visual: el uso de claroscuros en los segmentos live action deja una impresión inmediata, y todas las historias se benefician de un excelente trabajo de animación y juego de sombras que resulta en una animación manual con más profundidad de la esperada, sobre todo para la época, y El aprendiz de brujo no es la excepción, con una excelente gama de colores, incluyendo dos secuencias en los que se cambia por completo la paleta, con buenos resultados.


Quizá demasiado ambiciosa para la relativa premura con la que se produjo, Fantasía es, pese a sus problemas, un logro en la historia de la animación. No todos los cortos me gustan, pero un despliegue de color al ritmo de música memorable, se me ocurren pocas cosas que simbolicen mejor el significado de la magia.




Hasta el próximo encuentro...


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