Veneno para las hadas
- raulgr98
- hace 1 minuto
- 5 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Irónicamente, pese a que no me gusta el terror, siempre que sale en una conversación la interrogante sobre buen cine mexicano, que tan mala reputación (en mi opinión, un tanto inmerecida) ha recibido en los últimos años, yo siempre recomiendo la filmografía de Taboada, maestro mexicano del horror. Ya una vez reseñé una de sus películas, que me quitó el sueño por días, hoy traigo para ustedes la que es la última de su tetralogía clásica, y que es quizá la más efectiva de las cuatro, pese a ser la única que carece de elementos sobrenaturales.
Escrita y dirigida por Carlos Enrique Taboada, la cinta de 1986 es protagonizada por Ana Patricia Rojo (Verónica) y Elsa María Gutiérrez (Flavia), con Arturo Beristáin (padre de Flavia), Anna Silvetti (madre de Flavia), Araceli de León (Nana), Marcela Paez (Abuela), María Santander (maestra) y Leonor Llausás (Bruja). Pese a recibir críticas positivas, y ganando cinco Ariel de once nominaciones (incluyendo mejor película) fue una decepción en taquilla, sobre todo comparada con sus predecesoras, aunque creo que ha sido redescubierta en tiempos recientes, gracias en parte a que se encuentra completa en varias páginas de redes sociales.
Ambientada durante la presidencia de Ávila Camacho (1940-1946), la película sigue a Verónica, una niña de diez años que, mediante una combinación de artimañas y coincidencias, manipula a su compañera de nuevo ingreso al colegio (Flavia) de que las brujas son reales, y de que es una de ellas, a fin de obtener beneficios, convirtiéndola en prácticamente una lacaya a la que le arrebata cada vez más cosas.
Aunque suelo iniciar con los aspectos técnicos, en esta ocasión quiero comenzar por la historia, pues creo que es el guion más eficiente y mejor estructurado de la carrera de Taboada: de sólo hora y media incluyendo créditos, la cinta se beneficia de un excelente planteamiento, que en los primeros quince minutos logra construir de forma impecable, con muy poco diálogo, la personalidad de las dos protagonistas, lo que permite dedicar mucho tiempo no sólo a construir la dinámica entre ambas niñas, sino a mostrar de forma deliberada pero con muy buen ritmo el resquebrajamiento psicológico de ambas.
Otro gran acierto del guion es la utilización del humor negro como herramienta narrativa, sobre todo en la primera mitad, pues permite que el espectador sea introducido a una historia que, si bien perturbadora desde casi la primera toma, es relativamente ligera al inicio, un paralelo con la falsa confianza que Flavia deposita en Verónica. Los arcos de los dos personajes están muy bien planteados, pues aunque hay señales tempranas de como terminarán ambas (en un excelente juego de anticipación y construcción de la tensión), la evolución sorprende: Verónica es presentada como un tipo muy hábil de abusador, que en una lectura superficial no parecería inherentemente cruel, primero explotando las circunstancias a su favor, pero, después de un muy efectivo punto de giro alrededor de la maestra de piano, comenzando ella misma a planear situaciones diseñadas para controlar y traumatizar a su "amiga". Flavia, por el otro lado, sufre un drástico cambio de personalidad, volviéndose insegura y retraída, en una de las primeras exploraciones serias del cine mexicano del efecto del bullying en la psicología infantil (aunque ese término no existía como tal en la época). La recta final, que incluye una tétrica deconstrucción de la típica aventura infantil (la recolección de los objetos) es el clímax de un sólido trabajo de construcción, que rinde sus frutos, pues la película se gana un final en extremo oscuro, totalmente satisfactorio, que al mostrar mesura en la dirección evita acusaciones de gratuidad.
Prácticamente todas las escenas involucran a Verónica y Flavia, ya sea juntas o por separado, y eso permite una profunda construcción de ambas, que está basada en el contraste: Verónica tiene una educación religiosa, es astuta y solitaria, con un entorno familiar frío y alejado, pero lleno de fantasía. Flavia, por el otro lado, es criada como atea, sociable pero ingenua, con una familia amorosa que inculca el escepticismo. Son personajes opuestos, pero el guion les da la curiosidad como una característica compartida, dando una explicación a que conecten en primer lugar; y pese a que Flavia tiene una vida considerablemente más acomodada que Verónica, este sólo es un componente, y afortunadamente el guion evita la trampa de una maniquea rivalidad de clase como explicación de la crueldad y envidia de Verónica. Tanto Ana Patricia Rojo como Elsa María Gutiérrez son extraordinarias en roles complejos para actrices de su edad, logrando ser por momentos carismáticas y por otras frustrantes o incluso aterradoras, mostrando de forma natural la evolución de las niñas. En particular el casting de Rojo me pareció un gran acierto, pues tiene una voz muy dulce y un rostro inocente (además de ajustarse a los cánones tradicionales de la época de la "princesa", o la "niña buena", lo que vuelve su descenso a la monstruosidad aún más sorprendente).
Ha llegado el momento de hablar de los aspectos técnicos, y es que la dirección de la cinta me parece simplemente sensacional: la banda sonora, se integra muy bien al juego de contrastes planteado por el guion, pues va desde un muy escalofriante opening hasta un clímax que toma elementos de rimas infantiles clásicas. El diseño de producción también es muy efectivo, al grabar en locaciones coloniales, pues sólo los coches y unos pocos elementos más delatan la temporalidad de la historia, que por los edificios y habitaciones parece más antiguo, casi gótico. El trabajo de cinematografía es impecable, en particular un excelente juego de claroscuros, siendo la incorporación de sombras en la narrativa clave para muchas de las mejores secuencias. Finalmente, creo que el aspecto técnico más memorable de la cinta es la dirección, que deliberadamente pone el énfasis en sus dos actrices infantiles, y estructura toda la historia desde su perspectiva: de forma notable, a ningún personaje adulto se le ve el rostro de forma clara (son fotografiados de espaldas, o de cintura para abajo), lo que impide a la audiencia conectar con ellos. Aunque el trabajo vocal es excelente, la mirada permanece fija en Verónica y Flavia, lo que es clave no sólo para la cohesión narrativa, sino la solidez temática.
Pues en cuestión de temas, Veneno para las hadas no puede ser descrito de otra forma que una tragedia, no tanto por el destino de los personajes que, se podría racionalizar, es sólo la consecuencia natural de sus acciones y podría casi considerarse satisfactorio en una versión retorcida de la justicia poética, sino por lo que representan las últimas tomas para ambas: la muerte definitiva de la inocencia. Las historias con villanas infantiles rara vez tienen éxito, pero Taboada triunfa gracias a que, pese a espolvorear la cinta de un par de sustos producto de la imaginación de sus personajes, la historia es en esencia, un thriller de terror psicológico, y la ausencia de brujería real es de vital importancia para la historia: todo lo que vemos podría pasar en la realidad, y es esa constatación del lado oscuro de la naturaleza humana, incluso a edades tan jóvenes; junto con una muy acertada dirección de los últimos momentos en pantalla de ambas niñas, lo que deja un impacto a largo plazo en el espectador.
Mientras me preparaba para esta publicación, leí un análisis que afirmaba que lo que busca Taboada es mostrar los peligros de la fantasía, y mostrarla como un elemento peligroso y dañino. Discrepo totalmente de esa afirmación, pues hay que recordar que Flavia fue criada en lo más cercano que podía existir en la época a un racionalismo científico, pero eso la encerró en una burbuja que le permitió caer víctima de su compañera. Sí, hay riesgos inherentes en confundir realidad con fantasía, tanto para víctimas como para victimarios, sobre todo si eso impide tomar conciencia del lugar que uno ocupa dentro de su propia vida, pero eso no vuelve a la fantasía inherentemente mala: así como en los cuentos de Verónica hay hadas además de brujas, soñar e imaginar puede ser bueno o malo, dependiendo del uso que le demos a la creación.
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
Comentarios