El avaro
- raulgr98
- 10 ene 2023
- 3 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Hace unos momentos me percaté que desde la semana de Shakespeare no había reseñado aquí una obra de teatro, y decidí continuar con una comedia francesa que me trae recuerdos agradables, pues la presenté hace años: El Avaro, de Moliére.
Antes de adentrarse en la historia, inspirada en la Aulularia de Plauto, es importante señalar cual era el propósito de la comedia en aquellos tiempos, pues no se limitaba a hacer reír. Por el contrario, las situaciones de enredo, comúnmente contemporáneas, eran utilizadas por el dramaturgo para realizar fuertes críticas sociales, ya sea caricaturizando personajes de la vida pública o evidenciando algún defecto social. El avaro es el segundo caso, y su título se explica solo: es una crítica a la avaricia; y su mensaje se reduce en quizá su diálogo más famoso, que se convirtió en una expresión popular "Hay que comer para vivir y no vivir para comer", usada originalmente para justificar no gastar dinero pero que en realidad es una metáfora del uso que se le debe dar al dinero.
La comedia de Moliére, como en casi todo el teatro clásico, está dividida en cinco actos, todos desarrollándose en casa del personaje principal. En cuestión de trama, las líneas argumentales son dos, por un lado seguimos a Harpagón, un anciano codicioso y amargado que vive paranoico de que su fortuna sea robada y por otro lado a Elisa y Cleanto, los hijos del avaro que desesperadamente buscan casarse con parejas que no cuentan con la aprobación de su padre. La trama se complica cuando Harpagón decide contraer matrimonio con Mariana, la novia de Cleanto, y Valerio, el pretendiente de Elisa entra a trabajar a la casa como mayordomo. A partir de ahí, los líos amorosos dan paso a una muy divertida comedia de enredos que tiene como culminación el robo del cofre del anciano, siendo su devolución clave para la resolución de la trama.
La obra está equilibrada durando más o menos lo mismo, siendo la diferencia en el número de escenas (10, 6, 15, 6 y 6 respectivamente), son marcados por la entrada y salida de personajes del salón donde se desarrolla la historia. Dos son los principales recursos que tiene el libreto a su disposición para hacer reír: el primero es que la audiencia en todo momento sabe más que los personajes, incluyendo las verdaderas intenciones de cada uno, lo que vuelve el diálogo increíblemente irónico. La segunda fuente de humor es la capacidad de Harpagón de romper la cuarta pared, lo que le permite al público darse cuenta que a pesar de su arrogancia y aires de superioridad, es en realidad un muy divertido (aunque en ocasiones desesperante) idiota, siendo esa precisamente esa la lección de la obra, es acerca de un hombre tan ciego por el dinero que ignora, maltrata, pero a la vez es vencido, por sus propios hijos y sirvientes.
Un análisis más profundo de la estructura nos proporciona información interesante sobre la sencilla maestría con la que fue planteada, pues ser escrita en prosa con diálogo sencillo (para la época) hace que el ritmo avance muy rápido. El primer acto tiene el objetivo de presentar a Harpagón y su familia, Valerio y Flecha (el sirviente de Cleanto), además de dejar en claro la trama principal al plantear los triángulos amorosos y el escondite del dinero, con pistas ocultas para resolver quien será más adelante el ladrón. El segundo presenta a dos personajes intrigantes: Simón y Frosina, que en conjunto sirven para profundizar y satirizar los defectos de Harpagón. El tercer acto, gira en torno a la introducción de Mariana y los criados restantes de Harpagón, y en este no sólo se muestran los absurdos límites a los que llega la avaricia. El cuarto acto, previo al robo, es en el que las confrontaciones (tanto por las artimañas de Harpagón como por la alianza de los personajes jóvenes) terminan de escalar, y por lo tanto es probablemente el más divertido. El quinto acto presenta al último de los personajes, Anselmo, y gracias a su colaboración la trama se resuelve de manera satisfactoria para todos los personajes.
Debo concluir dando una recomendación para acercarse al teatro de Moliere, aunque sea leído si bien sería mejor presenciarlo en escena, pues aunque para algunos gustos la comedia resulta boba y simplona, entre la exagerada farsa se asoma un reflejo de lo ridículos que nos pueden volver nuestros defectos.
Título original: L'Avare ou L'École du mensonge
Autor: Jean-Baptiste Poquelin (Moliére)
Año de estreno: 1668
Editorial: Varias
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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