El camaleón
- raulgr98
- hace 1 día
- 3 min de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Por la última semana he pensado en regresar a la literatura rusa, de la que ya tiene mucho tiempo que no escribo, y aunque consideré múltiples opciones, estoy casi seguro que nunca he hablado en este blog de Chéjov; por lo que consideré que esta es la oportunidad perfecta para hablar de uno de sus cuentos, que aunque no es de los más famosos, sí es uno de los que considero más efectivos.
Comúnmente referenciado en manuales de escritura y libros de texto como un referente universal del teatro (dónde se originó el célebre principio de la pistola de Chéjov), y la ficción corta; en esta última su más importante legado es quizá perfeccionar el método de la economía del lenguaje, en el que se usan la menor cantidad de palabras posibles para construir una historia completa, dándole al lector la confianza para inferir el subtexto mediante pistas bien colocadas.
El texto recomendado hoy no es la excepción, todo lo contrario, es uno de sus más notables ejemplos: de sólo dos páginas de extensión; todo el trabajo de acción y descripción está limitado a tres párrafos, mientras que el resto del relato consiste casi exclusivamente en diálogos. Aun así, la precisión del escritor para encontrar las palabras adecuadas permite construir una narrativa con una estructura completa y un universo social rico con tres puntos de giro distintivos y un puñado de personajes.
Como algunos de los mejores relatos, la narrativa en "El camaleón" consiste en un único incidente y sus consecuencias: el protagonista, un inspector de policía; detiene a un hombre con un dedo herido y a un perro al que ha capturado, y a quien culpa de su herida. Con aires de superioridad, el inspector se cree con atribuciones de hacer justicia, pero su veredicto cambia conforme los rumores señalan a distintas personas como posibles dueños del animal.
Si bien hay una pista sutil sobre el origen del perro en una cuidadosa elección de palabras en el segundo párrafo; el escritor se niega a dar una respuesta definitiva, o a aclarar las circunstancias del accidente; pues es irrelevante para la historia, y de hecho, sería contraproducente para los temas: el error del inspector no es el riesgo de emitir un juicio equivocado, sino el cambiarlo en primer lugar: si la identidad del dueño, que no formó parte alguna del incidente, influye de alguna manera, no hay verdadera justicia.
Los personajes son pocos, y entre ellos sólo tres reciben nombre, pero tienen una caracterización más amplia de lo que se esperaría tomando en cuenta la extensión del cuento: el protagonista es introducido de manera sensacional, y con pocas líneas su personalidad queda perfectamente delineada: pomposo, soberbio, condescendiente con aquellos a los que ve inferiores pero sicofante con sus superiores. El resto de los personajes, una colección de trúhanes, chismosos y cobardes; resignados al funcionamiento del mundo o buscando sacar provecho de él, con las pocas voces lógicas demasiado apáticas o temerosas para alzarla. Sólo de uno se da una descripción física más allá de lo estrictamente necesario, y es del perro, único personaje por el que es posible sentir simpatía.
El sentido del humor de Chéjov es ácido, y lo voluble de la voluntad del inspector es un buen reflejo del comportamiento mismo tanto de individuos como de masas, fácilmente manipulables por nueva información, sea esta certera o no; en lo que parece una predicción fatalista de un fenómeno exacerbado por las redes sociales. Las posibles secuelas de la trama son serias, pues hay la posibilidad de ejecutar a un animal, y esa realidad es aprovechada por el escritor para inyectar una pequeña dosis de humor negro, pero el desenlace es lo suficientemente ligero para que la sátira surta el efecto deseado: no hay una moraleja, sólo un diagnóstico, pues siguiendo una de las citas famosas del autor: un escritor no debe resolver problemas, sino plantearlos certeramente.
El cuento quizá estaba diseñado para describir la hipocresía de la sociedad en general, pero el resultado final me parece la descripción perfecta de la clase política: doble cara, convenenciera, y en última instancia, patética; tomando decisiones sólo basados en estatus y prejuicios, casi totalmente incapaces de formar ideas propias. Pero si son personas como esas las que ostentan el poder ¿qué nos espera al resto de los mortales?
Título original: Хамелеон
Autor: Anton Chéjov
Año de publicación: 1884
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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