El collar
- raulgr98
- hace 5 minutos
- 4 min de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Si revisan el historial de los cuentos de los que hemos hablado en este blog, se percatarán que el grueso de las lecturas recomendadas se enfocan en aquellos escritos en lengua inglesa y española. Con esto no quiero decir que haya ignorado al resto del mundo, pero hace un par de días, por el día del padre, me sorprendí pensando en el francés, lengua con la que siempre he tenido dificultades pero que mi papá ama, y reparé en el hecho de que, pese a haber cubierto ya varias novelas, mi exploración de la poesía y la ficción corta francesas han sido casi nulas.
Hemos hablado mucho de Poe para los Estados Unidos, Rulfo para México, e incluso de Chejov para Rusia; y por eso me parece justo que le demos el mismo trato al que es considerado por muchos el maestro del cuento francés, con más de trescientos en su bibliografía. Como la mayoría de sus lectores, fui introducido a su obra a través del horror psicológico, del que es un maestro, pero el día de hoy quiero hablar con ustedes de otro de sus cuentos célebres, que pertenece más al mundo de la sátira social.
El collar, que narra la desventura de una mujer obsesionada con una clase social a la que no pertenece, pero que cree merecer; se lee casi como una fábula, en el sentido que tiene una estructura sencilla, casi simple, pero en la cual radica su efectividad. Pese a su brevedad, en el se encuentran muchos de los elementos comunes del estilo de Maupassant: una perspectiva del mundo naturalista, pesimista en muchos sentidos, pero dotada de vida gracias a un ácido y cínico sentido del humor que reluce pese a la impersonalidad de la voz narrativa (que permanece como un observador "objetivo").
Pongo objetivo entre comillas, pues a pesar del rechazo de la primera persona, la narración no disimula, sobre todo en los primeros dos párrafos, la opinión de la protagonista. Aunque habla de las condiciones sociales y el efecto que estas tienen en Matilde como si fueran verdades universales de la naturaleza, hay un dejo de ironía y desprecio en la enunciación (es muy fácil imaginar una lectura en voz alta de la introducción con un tono sarcástico). Pese a ser su personaje central, Maupassant no concede a Matilde ni una sola cualidad positiva, salvo la belleza (misma que es causa de su perdición, pues infla su sentido del ego), y por el contrario encarna en ella todos los defectos que encuentra en la sociedad de su época: la vanidad, el prejuicio, la ambición y un estado de perpetua insatisfacción.
Si existe un personaje por el que se puede tener cierta simpatía (pues todos los personajes secundarios, como se dan indicios a partir de sutilezas, algunas de las cuales sólo cobran significado al final, son tan superficiales como la protagonista) es el marido, Loisel; amoroso, abnegado y en apariencia satisfecho, pero que también es responsable de su propia desgracia, en una de las moralejas más importantes del cuento: si Matilde hubiera escuchado la sugerencia de Loisel, se hubieran evitado mucha mala fortuna, pero también es justo que el marido pague al ser un cómplice dispuesto de la ambición de su mujer, careciendo de la voluntad para mostrar firmeza y alentando sus caprichos sin apenas reparos, y en su desesperación, presa fácil de la imprudencia financiera.
La acción es sencilla, pero muy bien estructurada, con la cantidad precisa de palabras para lograr el efecto deseado. El clímax, la pérdida del titular collar, es una revelada posterior al hecho, pero en relectura es fácil deducir dónde se produjo el incidente y lo que es más importante, el motivo. Aunque ni el narrador ni los personajes lo confirman jamás, es una consecuencia directa de los prejuicios de los personajes y es congruente con lo planteado en el resto del cuento, en el que todo nuevo acontecimiento es consecuencia lógica y directa de un sólido trabajo de caracterización.
La mayor parte del relato está conformado por oraciones sencillas y diálogos, sin mucho adorno en el estilo; pero hay dos situaciones donde el autor recurre a la descripción; en ambas ocasiones para retratar el estilo de vida de la protagonista, y en conjunto representan el mejor segmento del cuento gracias a un excelente trabajo de contraste: considerando el hogar que los Loisel tenían al inicio del cuento, resulta indignante el desdén con el que Matilde trata su condición, y el descubrimiento de la mujer de lo que verdaderamente significa pobreza tiene muchos elementos de justicia poética.
En los pocos análisis que leí del cuento, la mayoría se concentra en el final sorpresa, considerando que Maupassant era famoso por sus giros de trama. Mucho me temo que yo si lo vi venir, no tanto por captar el subtexto planteado, sino por una labor de intuición, probablemente porque el tropo planteado en este cuento ha sido replicado en muchas otras narrativas. Y pese a verlo venir, disfruté la brillante ejecución gracias a un buen uso de ironía dramática, elevada por un final abrupto, como el remate de un chiste, que deja a la imaginación la reacción de la protagonista ante la revelación.
El estilo y filosofía del escritor han sido descritos como deterministas; negando el libre albedrío y considerando que las condiciones sociales son tan imposibles de modificar como las naturales. Por lo tanto, este cuento es un ataque brutal contra el concepto de movilidad social; pero yo no creo que sea tan pesimista como una lectura superficial parece sugerir: si bien es cierto que la narración condena unas aspiraciones que considera vacías, los personajes no permanecen en un estado de inamovilidad: sus circunstancias cambian, y no debido al destino (aunque sí hay un elemento de karma), sino a sus propios defectos. Por lo tanto, la acción condenable no es el deseo en sí, sino el perder la noción de la realidad durante la búsqueda, y el rechazo de la verdad en favor de la pretensión, al grado del absurdo.
Título original: La parure
Autor: Guy De Maupassant
Año de publicación: 1884
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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