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Los músicos de Bremen

¡Bienvenidos pasajeros! La publicación de hoy será muy corta, pero desde hace tiempo tengo ganas de hablar aquí de un cuento de hadas tradicional, a la usanza de Perrault o los hermanos Grimm, y opté por uno que no es tan popular como los que han sido adaptados infinidad de veces a película, pero que fue no de los primeros que recuerdo haber leído, y siempre me pareció divertido.


Como la mayoría de los cuentos populares, en internet existen muchas versiones, y aunque hice un esfuerzo por rastrear la original de los hermanos Grimm, debo aclarar que el relato no es invención de los autores, pues sus antologías son recopilaciones de la tradición oral, por lo que es cierto que existen múltiples variantes, cambiando elementos tan sustanciales como las especies de los animales o el rol de su antiguo amo, pero la de los Grimm es la que yo leí de niño, y es la que recomiendo el día de hoy, pues creo que sigue siendo la más popular.


En los músicos de Bremen, cuatro animales ancianos: un burro, un perro, un gato y un gallo, temiendo que sus amos los sacrifiquen al ser incapaces de realizar sus tareas originales, deciden unir y transitar juntos el camino a la ciudad de Bremen, donde esperan encontrar un nuevo futuro como músicos ambulantes.


De la sinopsis por sí misma se puede deducir cual es la moraleja central de la historia: que nunca se es tarde para cambiar el rumbo, y que incluso si se pierde lo que uno pensaba era "su propósito", eso no significa que la vida se de por terminada, razón por la cual me parece curioso que disfrutara esta historia tanto de niño, considerando que es un mensaje que resonará más con adultos, sobre todo aquellos experimentando frustraciones personales y laborales.


La estructura de la primera mitad del cuento puede ser un poco repetitiva, pues se toma su tiempo para introducir por separado a cada uno de los cuatro animales, que están experimentando crisis similares. Sin embargo, la elección de las especies fue afortunada, pues hay suficientes diferencias en las funciones esperadas de cada uno para evitar caer en la monotonía (y quizá el más oscuro de los cuatro, el gallo, ni siquiera es un fugitivo, es el único que parece resignado a su destino). Dado que los protagonistas son tratados como animales domésticos, y han realizado esta tarea toda su vida, es evidente que la intención original de los autores no era darles rasgos antropomórficos como algunas ilustraciones quieren comunicar, lo cual vuelve un tanto absurdo la idea de ellos convertidos en músicos, tocando tambores y otros instrumentos. Sin embargo, creo que esta decisión es intencional, pues adentra al lector en una fantasía que no necesariamente tiene que hacer sentido en todo detalle, pero también, al cuestionar la imposibilidad del deseo de los animales, comunica que el sueño en sí no es lo importante, sino la esperanza que permite no rendirse a la muerte.


La segunda mitad del cuento es la más efectiva de las dos, pues no es una aventura de camino como el planteamiento parece indicar, sino que subvierte la expectativa al introducir a un grupo de ladrones, y poniéndolos en conflicto con los animales. El primer roce entre ambos refuerza lo absurdo de su deseo de convertirse en músicos, pero les permite a través del "canto" recuperar el control de sus propias vidas, una agencia que, en la vida real, puede parecer vedada por la rutina o las circunstancias. No daré detalles del segundo encuentro, pero la respuesta que da el ladrón que la banda mandó por delante al regresar y contar su experiencia es hilarante, permitiendo que los cuatro personajes brillen con una buena demostración de ingenio (aunque accidental) y uno de los mejores clímax de un cuento tradicional, tan divertido como satisfactorio.


Los cuentos de los Grimm son celebrados (y las adaptaciones de Disney comúnmente criticadas al omitirlo) por su tono oscuro y casi retorcido. Los músicos de Bremen es una excepción, pues es un final feliz convencional, sin mucha complejidad, pero que esconde una lección incluso más importante que la planteada al inicio: el burro, el perro, el gato y el gallo nunca llegarán a Bremen, ni siquiera serán músicos ambulantes (no que no impidió que la ciudad alemana se los apropiara como importantes símbolos culturales), pero aún así tendrán una vejez tranquila y feliz, en compañía mutua. Así, aquellos que hemos sufrido decepciones, y que hemos visto a nuestros planes iniciales no resultar, se nos recuerda que, mientras se conserve la voluntad; de espíritu juvenil incluso en la vejez, siempre surgen nuevas oportunidades, y las más inesperadas pueden ser las que más nos acerquen a la plenitud.


  • Título original: Die Bremer Stadtmusikanten

  • Autores: Jacob y Wilhelm Grimm (compilación y adaptación)

  • Año de publicación: 1819




Hasta el próximo encuentro...


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