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El colombre

¡Bienvenidos pasajeros! Esta semana la inicié con deseos de profundizar en los cuentistas italianos, pues es otra más de las nacionalidades que he ignorado en mayor o menor medida en este espacio. Aunque consideré brevemente releer mi antología de Pirandello, y probablemente regrese a ella más temprano que tarde, en el fondo de mi cabeza resonaba la memoria de un cuento que leí hace mucho tiempo, terminando la primaria, y aunque no recordaba su autor, o los nombres de los personajes, me intuición me decía que había sido publicado por primera vez en aquel país mediterráneo. Puesto que mi mente me jugó una mala broma y me hizo recordar mal incluso el mismo título, tardé más tiempo del que yo hubiera deseado en rastrearlo de nuevo, pero cuando finalmente encontré la versión virtual, el proceso de relectura fue maravilloso.


Muy corto, apenas poco más de dos mil palabras, el cuento sigue a su protagonista, Stefano Roi, desde los doce años hasta su vejez, una vida completa marcada por dos sentimientos en conflicto directo: por un lado, un deseo irrefrenable de navegar, y por el otro un miedo paralizante a la visión de un monstruoso pez, que de acuerdo con los rumores de su comunidad, devora a aquel que tiene la mala fortuna de verlo.


Con un ritmo impecable, que busca un buen equilibrio entre diálogo y descripción, el relato es atrapante desde la primera línea, y aunque la descripción es breve (ni siquiera de la criatura titular se da una amplia), es suficiente para construir una atmósfera, y sobre todo recrear lo seductivo que puede ser el mar, y la obsesión que lentamente carcome al protagonista, logrando producir múltiples golpes de efecto pese a su brevedad.


Con la excepción de quizá, los padres de Stefano (que, con uno supersticioso y la otra pragmática, representan puntos opuestos en la crianza del personaje), hay muy pocos personajes secundarios que reciben foco, pero eso permite que el lector se concentre más en el viaje de un protagonista muy bien delineado: desde el inicio es fácil ver sus virtudes, pues es presentado como inteligente, trabajador, adaptable y afortunado, pero al igual que en las mejores tragedias, se presenta también un importante defecto de carácter que lo llevará a la ruina. De esta manera, el desenlace es uno esperado, pero que del que el lector espera un giro hasta el último momento, pues ha logrado conectar con el personaje principal, con sus deseos juveniles, sus temores y también su clímax como personaje, el primer momento de verdadera valentía que experimenta.


Aunque no sea el que el lector espera, al darle al colombre la capacidad de hablar el cuentista sí cierra su historia con un giro de trama, que sin llegar al extremo del humor negro sí ofrece una conclusión de ironía trágica que invita a la reflexión (y sirve como homenaje narrativo a algunos tropos de la literatura clásica, como la profecía auto cumplida, uno de mis favoritos en la ficción), cerrando el cuento con quizá el párrafo más oscuro del relato por las imágenes que presenta, y una conclusión que, al pretender ser pseudo científica, aterriza en la realidad la fantasía.


Cerraré el comentario de hoy mencionando los tres ejes temáticos del relato, que cobraron más significado para mí en esta relectura que cuando descubrí el texto hace años, pues creo que tienen más peso en la vida adulta, cuando la ansiedad se acumula, y en algunos casos, comienza a surgir ya la sombra del arrepentimiento. El primero es una sombría reflexión sobre las oportunidades perdidas, que Stefano desperdicia de tres maneras: al no encarar al colombre en su juventud, al alejarse de su pasión por años por miedo a la criatura, y finalmente por, una vez que regresa al mar, no tomarse el tiempo de disfrutar de esa vida, pese a amarla. El segundo tema es una crítica al prejuicio y la incomprensión, encarnada en la leyenda de la criatura que el protagonista nunca cuestiona, y que muestra como la falta del valor y curiosidad para intentar ver al otro arruina la existencia no sólo del juzgado, sino del que juzga. Finalmente, el tema que más conecta conmigo ahora, pues creo que es algo común a todos los miembros de la especie humana, y que define por completo a Stefano, es el miedo a lo inevitable, y las consecuencias que tiene obsesionarse con ello, ya sea para rehuirle o para buscarlo, pues el autor afirma que aunque en efecto, se puede afirmar la existencia de lo inevitable, no hay manera de intuir su naturaleza, propósito o efectos. Stefano vive toda su vida con la certeza de que el pez lo alcanzará, pero al desconocer sus intenciones (negarse a dejarse sorprender, o peor aún, creer ciegamente que estas serán funestas), se ve incapaz de tomar decisiones trascendentales: al postergar una situación que da miedo, no se libra uno de él, sino que se vuelve más su prisionero.


Queda una interrogante: es lógico que sólo el elegido pueda ver al Colombre, pero hay una excepción a dicha regla, y es que su familia también puede verlo. La primera decisión narrativa es lógica como metáfora, pues la encrucijada, el miedo, la forma del encuentro con el destino, será distinto dependiendo de cada persona, pero la segunda tiene una interpretación más complicada: ¿mintió acaso el padre de Stefano? O sí dice la verdad ¿es porque la familia es la principal afectada de las decisiones de cada uno, o es que son parte tan indisociable de la identidad que son los únicos capaces de ver a nuestro Colombre particular? La respuesta, se las dejo a ustedes, esperando que en la inmensidad del mar que es la vida, no tengan miedo al imponente encuentro.


  • Título original: Il colombre

  • Autor: Dino Buzzati

  • Año de publicación: 1961





Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío


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