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El diablo de la botella

¡Bienvenidos pasajeros! Después de varios meses de cubrir novelas, quise cerrar el año con un relato corto, uno que se relacionara de alguna manera con el tema que quiero explorar durante la semana. Aunque la fantasía es mucho más común en novela que en cuento, siempre es bueno remitirse a los clásicos, y recordé un relato que alguna vez escuché en la radio, pero no había leído sino hasta recientemente.


Con poco más de treinta páginas de extensión el relato de Stevenson se nutre de uno de los arquetipos más antiguos de la ficción: la moraleja de “ten cuidado con lo que deseas”, en el contexto de un pacto sobrenatural, pues sigue a un hombre que obtiene posesión de una botella que contiene en su interior a un ente (que nunca es descrito del todo, pero inspira temor en los personajes) capaz de cumplir deseos pero a un alto costo. Sin embargo, lo que vuelve diferente a esta historia es que es de las pocas de su tipo que concluye en un final feliz.


En cuestión de estructura, la lectura es muy ágil, con diálogos rápidos y párrafos cortos. Aunque no tiene la redacción tradicional de una crónica, el autor introduce un juego al lector en el que asegura que la historia que cuenta es real, y como tal hace que sus personajes permanezcan en el anonimato (incluso de los tres que reciben nombre, Keawe, Kokua y Lopaka, asegura que son pseudónimos). El otro gran acierto en cuestión de composición es que Stevenson establece de forma muy clara desde las primeras páginas las reglas del funcionamiento de la botella, incluyendo su fascinante concepto central: que debe ser vendida a un precio menor de aquel con el que se compró.


No quiero contar muchos detalles de la historia, pero creo que temáticamente sus pasajes son muy ricos: la culpa y el terror son sentimientos entrelazados en la mente de los personajes, y la envidia mutua que se tienen compradores y vendedores antes de conocerse es una buena metáfora de la naturaleza humana. ¿Se puede ser feliz si se es causante de la pena de los demás? Esa es quizá la interrogante principal del relato, y el hecho de que ningún vendedor se atreva a volver a ver a su comprador una vez realizada la transacción, y que la tortura de los protagonistas sea el dolor que sienten al ser felices viendo el pesar del otro parecen dar una respuesta contundente a esta interrogante. El otro elemento temático, relacionado con el funcionamiento de la botella (que comenzó en manos de personajes como Alejandro Magno y Napoleón, para acabar en pobres y marineros) es un comentario sobre la naturaleza del poder, que poco a poco va perdiendo su valor, pero no su perfidia y peligro intrínseco, incluso más peligroso cuando los beneficios se ven disminuidos.


La locación también juega un papel clave, no solo en la atmósfera sino en las metáforas de la historia. Es extremadamente raro leer una historia occidental situada en el Hawái pre colonial (de hecho el relato se publicó pocos años antes del derrocamiento de la monarquía y la anexión por parte de los Estados Unidos). Esta decisión, sin embargo, va mucho más allá de lo estético: para mover la trama hacia adelante, es increíble que el autor lograra volver interesante, y hasta tensa, una discusión sobre el tipo de cambio en las islas del Pacífico, y a un nivel simbólico, muchos lectores han encontrado en el diablo de la botella, de origen occidental, un símil con la influencia nociva del imperialismo, observación que tiene validez si se toma en cuenta la biografía del autor.


Los dos personajes centrales me parecen carismáticos y muy bien construidos. El protagonista, Keawe, es educado e ingenioso; pero lo que lo vuelve entrañable a ojos del lector es que es cauteloso de la historia desde un inicio, no cínico o interesado, y aunque cae en la trampa de la botella víctima del escepticismo, siente escrúpulos y se reúsa a pedir un segundo deseo. En efecto, el protagonista resiste la tentación del dinero, pero en lo que es una interesante reflexión por parte del autor, sucumbe de nuevo a la botella por amor. En ese sentido, Kokua es el personaje que más brilla en la segunda mitad del relato, y aunque el romance puede considerarse apresurado es muy sincero (como ejemplo, el cortejo no involucra hablar de la casa del protagonista, para no influir en la valoración como persona del aspirante), y las decisiones que ambos toman, aunque quizá erradas, son movidas por el cariño desinteresado. Ambos protagonistas son excelentes, pero en mi última relectura, mi personaje favorito terminó por ser el viejo anónimo de Tahití, quien roba el foco en su única aparición al ser el único comprador que se niega a pedir un deseo.


¿Cuál es la clave para romper el embrujo de la botella? No basta con venderla, pues la introducción del siniestro objeto plantea que la desgracia llegó a muchos de los dueños anteriores, pero esa misma interacción inicial también ofrece la solución: contrario a muchas otras historias de pactos, la clave no está en rechazar las tentaciones (del imperialismo, del poder, de la riqueza), sino en aprovecharlas con moderación, sólo para lo que se necesita, y tener la sabiduría para aprender a estar contento con lo que se tiene y poder desprenderse de aquello que a la larga, trae más dolor que alegría.


  • Título original: The bottle imp

  • Autor: Robert Louis Stevenson

  • Año de publicación: 1891




Hasta el próximo encuentro…


Navegante del Clío

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