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El padrino

¡Bienvenidos pasajeros! En los espacios de discusión sobre cine, uno de los debates más intensos son para responder cual es la mejor película de la Historia. Mis lectores saben perfectamente cual es mi respuesta, pero en esta ocasión quiero darle su lugar a una de las respuestas más comunes, aunque no la comparta: El padrino.


Dirigida por Francis Ford Coppola y escrita por él mismo en colaboración con Mario Puzo, la cinta de 1972 es probablemente la mejor película de mafiosos de la Historia, ganando tres premios Oscars (Mejor Película, Mejor Actor y Mejor Guion adaptado) de un total de once nominaciones (incluyendo tres a actor de reparto). Su iconografía y diálogo ha sido homenajeado y parodiado en un sinfín de series y películas.


La historia sigue el debate interno de Michael Corleane, hijo menor del patriarca de una familia de la mafia, entre lealtad a su familia y un deseo de llevar una vida limpia. El elenco de primera está encabezado por Marlon Brando (Don Vito Corleone) y cuenta con la participación de Al Pacino (Michael Corleone), James Caan (Sonny Corleone), Robert Duvall (Tom Hagen), Diane Keaton (Kay Adams), Richard Castellano (Peter Clemenza), Abe Vigoda (Salvatore Tessio), Talia Shre (Connie Corleone) y Gianni Russo (Carlo Rizzi).


La mafia italiana, emblematizada en la cultura popular por figuras como Al Capone es retratada de manera fenomenal en la cinta, pues sin negar la falta de escrúpulos de las cinco familias, el guion dota a sus personajes de múltiples capas de complejidad, un mundo en el que el sistema de lealtades, el amor a la familia y la elegancia se equilibran con la brutalidad de la violencia sin que la audiencia experimente disonancia tonal. En un estilo fílmico deliberadamente lento, que tiene éxito sobre todo en los silencios y la calma del diálogo (acompañada de una excelente cinematografía, notable especialmente en la escena inicial y el montaje del bautizo cerca del clímax, así como una icónica banda sonora de Nino Rota). El Padrino explora temas como la corrupción y el poder de tal manera que las conversaciones impongan temor a la audiencia, y los súbitos estallidos de violencia sirvan como catalizadores de la tensión acumulada.


El mundo retratado por la película es complicado, y sumamente gris, al menos el de Nueva York, que es contrastado dramáticamente (incluso en la paleta de colores) de la secuencia en Sicilia. La historia es bastante valiente al ser explícita en la conexión de la policía (la institución más corrupta para los cineastas) y los políticos con la mafia, pero esta no se parece en nada al crimen organizado actual; pues hay cierto grado de estatus y dignificación que se le da a las familias, y aunque desviados, hay códigos morales y de conducta diseñados para mantener de forma pacífica las tensiones con el gobierno y entre las familias (de hecho, el detonante de la trama es la negativa de Don Vito a sumarse al tráfico de narcóticos, que paradójicamente hoy se ha convertido en la principal fuente de ingreso del crimen).


Todos los personajes son icónicos, por menor que sea el papel, por dos factores: el primero es que el libreto logra con maestría establecer desde las primeras escenas, con muy poco diálogo, el rol que ocupa cada miembro del elenco en la compleja jerarquía de la mafia, así como la naturaleza de las relaciones interpersonales; por el otro, no se puede negar que Coppola logra extraer algunas de las mejores actuaciones de la década, pues el elenco posee un frío y seco humor negro que los dota de un extraño carisma, pero es perfectamente capaz de ejecutar las escenas más álgidas de la trama. Keaton, pese a sus propias escenas, hace un trabajo apropiado como el personaje más moral de la trama, mientras que Pacino atraviesa un poderoso arco de personaje, particularmente en los dos últimos tercios de la película. Del resto de la película, los villanos, aunque con participación breve, logran construir personajes despreciables (al ser una historia de intrigas y traiciones, me reservaré sus nombres), mientras que Duvall y Caan brillan como polos opuestos de la familia criminal (el metódico negociador, y el impulsivo soldado), pero es Don Vito quien es por mucho el personaje más memorable de la película gracias a la magnitud de la interpretación de Marlon Brando: su mera presencia infunde temor y respeto a partes iguales sin pronunciar una sola palabra, y su icónica enunciación esconde peligro y cierta sabiduría, con una poderosa escena dramática que termina de volver al personaje inolvidable.


Antes de concluir quiero hablar del proceso de adaptación, pues El padrino se realizó en condiciones muy particulares: fue filmada sólo dos años después de la publicación de la novela, y el escritor es coautor del guion. Por lo tanto, el producto final es sumamente fiel al espíritu de la obra original (que gran parte del equipo frente y detrás de cámara tenga ascendencia italiana seguro ayudó al sentimiento auténtico, si bien recibió críticas de la comunidad, que la acusó de perpetuar arquetipos), preservando la estructura básica y gran parte de los acontecimientos. Además de los trasfondos (cuya remoción lamento, aunque entiendo, pues agregaban aun más complejidad a los personajes, y celebro que el pasado de Vito fuera recuperado para la secuela), la única subtrama que es removida en gran medida es la de Johnny Fontane (interpretado por Al Martino) y su vida en Los Ángeles, así como los negocios en Las Vegas (particularmente la presencia de Lucy Mancini), en parte porque Coppola quería concentrarse en las intrigas neoyorquinas y la historia de Michael, en parte porque los claros paralelismos entre Fontane y Frank Sinatra (quien tenía conexiones con la mafia) hubieran complicado el estreno.


Concluyo con el último de los cambios, uno que creo eleva la cinta de Coppola sobre una aún buena novela de Puzo, y es el final. Mientras que el de la novela es un tanto esperanzador, y corre el riesgo de glorificar a la mafia (enfocado en Michael), cerrar la historia con Kay permite un desenlace mucho más negro, en el que la familia triunfa, pero la sombría última toma es clara: la historia es una tragedia, y una vez que se entra a la vida del crimen no hay marcha atrás.





Hasta el próximo encuentro...


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