La tragedia de Macbeth
- raulgr98
- hace 50 minutos
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¡Bienvenidos pasajeros! Continuando con la que es, creo, la tercera semana dedicada a Shakespeare en la historia de esta travesía; agotamos ya las películas donde es un personaje (al menos, las buenas), y por eso decidí transicionar a las adaptaciones de las obras. No fue hasta hacer mi investigación preliminar que me di cuenta de que en realidad he visto muy pocas películas basadas en obras del autor, y el día de hoy me incliné por una de las más recientes, estrenada menos de un año antes del inicio de nuestro viaje.
Escrita y dirigida por Joel Coen, su primer proyecto sin colaborar con su hermano, la cinta de 2021 está protagonizada por Denzel Washington (Macbeth), Frances McDormand (Lady Macbeth), Corey Hawkins (Macduff), Bertie Carvel (Banquo), Alex Hassell (Ross), Harry Melling (Malcolm), Miles Anderson (Lennox), Moses Ingram (Lady Macduff), Brendan Gleeson (Duncan) y Kathryn Hunter (Brujas). Un estreno directo a streaming, fue bien recibida por la crítica y tuvo éxito en la temporada de premios, incluyendo tres nominaciones al Oscar (Mejor Actor, mejor diseño de producción, mejor cinematografía).
Debo comenzar con el elemento que no me gustó tanto de la película, y es el diseño de los sets: aunque permite algunas tomas poderosas, creo que es demasiado minimalista para mi gusto, y en ocasiones llega a rozar con lo abstracto, un nivel de atemporalidad que causa disonancia visual con un diseño de vestuario fiel a la época. Como contraparte, el mejor elemento técnico es sin duda la cinematografía: el encuadre favorece la expresividad de los actores, con innegables resultados; y la decisión de rodar en blanco y negro dota a la narrativa de una atmósfera sombría y paranoica que realza los temas de la historia, y convierte algunas de las secuencias en casi salidas de un film de horror, con claras influencias de cintas como Nosferatu.
En cuestión de montaje y dirección, la influencia teatral es evidente: la corporalidad es limitada pero grandilocuente, pese a lo contradictorio que parece, y sin embargo Cohen se las ingenia para construir en los espacios limitados (gracias a efectos especiales y el uso de múltiples niveles) secuencias que solo podrían existir en la pantalla, elevados por la excelente banda sonora de Carter Burwell, diseñada para perturbar e incomodar al espectador (sobre todo con el uso del violín).
¿Es la tragedia de Macbeth una adaptación fiel de la obra? No en un sentido literal: es considerablemente más corta que el texto original, con varios personajes y escenas eliminadas, reducidas o combinadas; pero mantiene lo esencial de la historia a nivel temático (una exploración cruda de la corrupción del poder, así como los peligros de la ambición, si bien realizando un cambio importante al negársele al protagonista un último momento de desafío, optando por regodearse en su su fracaso). Casi todo el diálogo, si no es que todo, es el original de Shakespeare, lo que le da a cada escena un peso impresionante, sobre todo los famosos monólogos.
El guion opta por remover casi todos los momentos triunfales de la obra original, optando por caminos más oscuros e inciertos (incluyendo una escena final exclusiva de la película); y creo que en esto radica la principal aportación de Coen como narrador: la lucha por el poder es absurda, y es imposible encontrar victoria en la violencia, incluso la venganza permanece insatisfecha. En ese mismo sentido, creo que contratar actores mayores para los roles protagónicos es una decisión interesante, no sólo vuelve evidente el contraste entre Macbeth y Macduff, sino que vuelve explícita la futilidad de las acciones del protagonista: los Macbeth nunca tendrán un heredero, no hay legado que justifique sus crímenes.
Las actuaciones del elenco son excelentes, logrando encontrar el balance perfecto entre preservar el impacto de las palabras originales del bardo de Avon al tiempo de encontrar una perspectiva fresca: Brendan Gleeson es sólido en un rol menor, Moses Ingram roba el foco en la que es casi su única escena, de las versiones más desgarradoras de dicho pasaje, y Corey Hawkins deja una muy buena impresión como Macduff (es una de las interpretaciones más sólidas de su carrera), pero hay cuatro actores que son los que más destacan:
Como no podía ser de otra forma, es menester comenzar con Denzel Washington, quien se consolida como uno de los mejores actores de su generación en uno de los roles más icónicos del teatro en lengua inglesa: su versión de Macbeth es imponente y carismática, con un arco narrativo muy bien delimitado. Es por mucho la versión más vulnerable del escocés, y es claro que el guion siente mucho menos respeto y simpatía por él que en el original, pero Washington logra hacer que el personaje conserve su dignidad incluso en los momentos de mayor fragilidad; lo que en mi opinión solo realza la crítica a la tiranía.
Ross, una expansión de muchos de los nobles secundarios de la obra (incluyendo el misterioso “Tercer asesino” del texto original), experimentó tantos cambios que podría considerarse casi un personaje original; pero Alex Hassell lo convierte en uno de los más interesantes con muy poco diálogo, una presencia silenciosa y perturbadora, y desde mi punto de vista el personaje más aterrador de toda la historia: claramente amoral, con una motivación que nunca es revelada a la audiencia, su supervivencia es una advertencia al espectador: los intrigantes cercanos al poder, cómodos en las sombras, son más peligrosos que los propios tiranos.
El director reinterpreta los elementos sobrenaturales de la obra (muchos de los sueños del original son deconstruidos), y ningún ejemplo es mejor que la reinvención de las brujas: Kathryn Hunter es impecable en el rol triple como una presencia ominosa y aparentemente invencible, más maliciosa que en la original, que se beneficia de la remoción de la mayoría de los elementos paganos para recontextualizar las apariciones, a través de la corporalidad y el vestuario, en una representación de la muerte más que el destino.
Cerrando con el elenco, McDormand construye la que es probablemente mi versión favorita de Lady Macbeth: pragmática y deliberada en su estrategia, su frialdad la convierte en probablemente la interpretación más malvada del personaje, pero la actriz toma decisiones sutiles que la dotan también de una de las caracterizaciones más complejas, evitando acusaciones de misoginia (su relación con su marido es mucho más amorosa que en otras versiones, y a éste se le mantiene como el responsable último de sus decisiones). Convertir su descenso a la locura en una artimaña más fue una gran decisión narrativa, intrigante por decir lo menos, y su desenlace es quizá el mayor cambio con respecto a la obra.
Cierro con el que yo creo que es la mejor escena de la película, y una muy necesaria muestra de esperanza en una historia que, como el presente, parece dominado por la pesadumbre: mostrar en cámara la muerte de Macbeth vuelve su viaje más satisfactorio que en la versión teatral, pero es la coreografía lo que lo vuelve impecable, y aquí me permitiré un spoiler: el usurpador muere porque prefiere recoger su corona que concentrarse en la lucha. La Historia nos ha presentado varios precedentes de esto y en ello radica mis sueños sobre el futuro: que los tiranos, en su vanidad e inseguridad, tarde o temprano son artífices de su propia destrucción.
Hasta el próximo encuentro…
Navegante del Clío
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