The Owl House
- raulgr98
- hace 2 minutos
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¡Bienvenidos pasajeros! El día de hoy haremos algo nuevo en Navegante del Clío. Por primera vez, hablaré en la sección de los miércoles de una producción que reseñé en la sección del lunes. La razón es que, la primera vez que vi esta serie, fue por sugerencia de mi hermano, y lo hice de manera fragmentaria, esporádica. Hace un par de meses, volví a verla yo solo y se convirtió en una historia muy importante para mí, probablemente mi segunda serie animada favorita, y al pensar en mi valoración inicial de la serie (que me cuesta rastrear entre todas mis reseñas), no puedo evitar sentirme un poco decepcionado, pues creo no le hice justicia a una serie cuya calidad y conexión conmigo tardé en dimensionar. Por eso, consideren el día de hoy una expansión de mis reseñas anteriores, detonada por una conversación sobre la importancia de que los adultos sigamos disfrutando de contenido familiar, superando clichés nocivos.
Transmitida originalmente de enero de 2020 a abril de 2023; la serie creada por Dana Terrace, quien encabeza el equipo de guionistas, duró un total de cuarenta y tres episodios, repartidos en tres temporadas; con un talento vocal que incluye a Sarah-Nicole Robles (Luz Noceda), Wendie Malick (Edalyn Clawthorne), Alex Hirsch (King/Hooty), Mae Whitman (Amity Blight), Matthew Rhys (Belos), Tati Gabrielle (Willow Park), Issac Ryan Brown (Gus Porter), Zeno Robinson (Hunter) y Cissy Jones (Lilith Clawthorne), entre otros. Aunque en su mayor parte ignorada por premios y asociaciones (sobre todo por culpa del estudio, como hablaremos más adelante), recibió críticas en su mayor parte positivas y tuvo buenos números de audiencias (sobre todo una vez que se transfirió de Disney Channel a Disney Plus), pero aún creo que no ha tenido el alcance de otras series juveniles, razón adicional para escribir esta publicación.
Apropiándose y subvirtiendo elementos de la fantasía clásica (las burlas hacia Harry Potter son particularmente hilarantes), la serie sigue a una joven de catorce años que encuentra un portal hacia una tierra mágica, conocida como el Reino Demoniaco; donde tras conocer a un peculiar grupo de personajes decide quedarse para convertirse en aprendiz de bruja, pese a no tener talento mágico natural; estableciendo nuevas relaciones y enfrentándose a un gobierno totalitario.
Como muchos de ustedes saben, la fantasía es mi género narrativo favorito, más de un mundo he creado para mi disfrute personal; y creo que esta serie entiende a la perfección el atractivo: por un lado, la maravilla de lo desconocido es una oportunidad ideal para no sólo imaginar, sino escapar de elementos difíciles de la realidad; pero por el otro lado es una herramienta perfecta para, a través de la metáfora, abordar problemáticas reales y hacer comentarios críticos del mundo. Siendo honesto, durante los primeros capítulos de la primera temporada dudé si iba a lograr conectar con el Reino Demoniaco, pues no es usual que me sienta atraído por el lado grotesco de la fantasía; pero para mi sorpresa el equipo creativo logró un balance impecable entre los elementos oscuros y tradicionales de la fantasía, resultando en una extraordinario construcción de mundo: la mitología de las Islas Hirvientes es fácil de seguir, a la vez que se preserva un aura de misterio, se logra darle un giro a los elementos contemporáneos de la trama, muchas de las criaturas que habitan el mundo, además de bien explicadas reciben explicaciones de su naturaleza, y el sistema mágico es intrigante y muy bien diseñado (aunque elementos como glifos y báculos son arquetipos de la fantasía, el modo en el que son incorporados a la historia me parece original).
Los diseños de personajes, aunque sencillos en cuanto a concepto, me parecen muy bien logrados, pues cumplen el objetivo de darle personalidad y carisma únicos a todo el elenco, memorables en su presentación, con paletas de colores distintivos (y una inversión en vestuario mayor de lo que esperaría para una serie "infantil"). Una versión, en mi opinión perfeccionada, del estilo de animación de Gravity Falls (personajes caricaturizados sobre fondos y decorados ligeramente más realistas), el 2D fue el estilo correcto para esta historia, pues lo dota de una atmósfera atemporal, pero sin sacrificar el atractivo estético: el movimiento es extremadamente fluido, y creo que destaca tanto en los usos de humor visual y físico, como en las excelentes secuencias de acción, que tienen un gran peso dramático apoyado en una memorable banda sonora a cargo de TJ Hill, Brad Breeck y Andrew Morgan Smith.
No quiero contar mucho de la historia, pues creo que hay mucho disfrute en irla descubriendo poco a poco, pero quiero asegurarle a los lectores que no la hayan comenzado a ver que es una narrativa muy bien planteada, que recompensa la atención al detalle; no fue sino hasta que la vi por segunda vez que aprecié el cuidado con el que puntos de trama relevantes son introducidos de forma sutil en capítulos anteriores. Si de por sí tiendo a despreciar la expresión de "capítulos de relleno", esta serie es una prueba de lo absurdo del término, pues hasta la más secundaria de las aventuras presenta elementos importantes de trama, mundo o personaje (muchas veces las tres simultáneamente), logrando un buen equilibrio entre humor (quizá un poco infantil, pero no por eso menos efectivo) y seriedad; con algunas secuencias emocionales, tanto trágicas como reconfortantes, que nada tienen que envidiar a dramas live-action. Sé, como hablaremos más adelante, que la serie se vio forzada a realizar cambios estructurales, pero creo que es un gran mérito del equipo creativo que en ningún momento hay problemas narrativos evidentes, la historia parece completa y planeada desde el inicio tal y como se presentó. La primera temporada aprovecha su naturaleza semi episódica para lograr un excelente trabajo de desarrollo de personaje, mientras que la tercera temporada es, contra todo pronóstico, una conclusión madura y satisfactoria que recompensa la lealtad de los espectadores; pero para mí es la segunda temporada, serializada pero aun atreviéndose a explorar conceptos individuales en cada capítulo; la que es una de las mejores temporadas de televisión de todos los tiempos, sin ningún tipo de condicionante o categorización necesaria.
La historia de la serie es maravillosa, pero por mucho su mejor elemento son los personajes, que encuentro muy cercanos a mi corazón. Con personalidades tridimensionales, trasfondos complejos y sentidos del humor exclusivos de cada uno; la química entre el elenco es excelente, y las dinámicas crecen y se modifican de manera orgánica, tomándose el tiempo para construirse, con casi todos los personajes secundarios teniendo al menos un momento para brillar. Se extendería demasiado esta publicación si intentara abordar en lo individual a todos los personajes; pero mencionaré brevemente a algunos de los más importantes: Eda fue quizá el que más me sorprendió, subvirtiendo mis expectativas con un rol sorprendentemente maternal sin perder un sentido del humor ácido con el que conecté muy bien; Luz es de los pocos ejemplos de un personaje disperso e hiperactivo que me pareció más tierno que irritante, pues sus motivaciones y conflicto interno están muy bien definidos. King tiene un arco de desarrollo sólido que le permite trascender de su introducción como alivio cómico, y a través de Hunter (introducido en la segunda temporada) el equipo creativo explora temas muy oscuros como el grooming y el duelo; pero es Amity el personaje que tiene en mi opinión el mejor arco, y que se consolidó como uno de mis personajes favoritos de animación, a la par del elenco principal de Avatar.
Salvo una o dos, la historia no tiene muchas sorpresas o giros, pero para mí este factor de predictibilidad no es un fallo, sino la prueba de una historia bien planteada, que respeta la inteligencia de la audiencia y está consciente de sus fortalezas; siendo satisfactoria por su congruencia narrativa y trabajo de personajes más que con un bombardeo de revelaciones, en la que todas las acciones tienen consecuencias. Temáticamente, la serie tiene uno de mis mensajes favoritos, que considero de vital importancia tanto para adultos como para niños: con una exaltación de la diversidad (tanto de habilidades como de personalidades), una invitación a la toma de decisiones, aceptando los miedos como parte importante del proceso de crecimiento; una excelente exploración del trauma (incluyendo una metáfora de una discapacidad o enfermedad crónica) y a un muy bien escrito villano principal, que encarna los peligros de los prejuicios y las mentes cerradas, sobre todo por la facilidad con la que, a través de la manipulación, logran llegar al poder. Los cinco personajes juveniles representan, a distintos niveles, las múltiples formas en las que el síndrome del impostor, el miedo al rechazo y las expectativas externas se manifiestan y afectan la psicología interna; y esa es una de las razones por las que la serie resonó tanto conmigo, pues me hubiera gustado tener acceso en la cultura popular a más historias como esa mientras crecía.
El elemento que más ha sido discutido de la serie es la inclusión de múltiples personajes LGBT, incluyendo la relación central de la serie. No pertenezco a la comunidad, pero desde la perspectiva externa de una persona heterosexual puedo decir que la inclusión me pareció excelente: por un lado, se le dedica tiempo y foco, más allá de la superficialidad propagandística e incidental a la que Hollywood está acostumbrada (se trata de personajes reales e importantes, que discuten de forma explícita de sus emociones, e incluyen besos en primer plano); pero por el otro, los guiones no reducen a ninguno de los personajes a su orientación sexual, sino que la vuelven sólo un componente más de caracterizaciones profundas; tratadas con total naturalidad, realidad a la que la nuestra debería aspirar. Sin embargo, esto que en mi opinión debería ser uno de los aspectos más celebrados de la producción resultó una fuente de controversia, siendo la serie cancelada de forma anticipada, con Disney sólo permitiéndole al equipo creativo una tercera temporada reducida (tres capítulos de cuarenta minutos) para cerrar las historias, en una de las más desagradables muestras no sólo de hipocresía, sino de ignorancia que he visto de un estudio en esta década. Como dije anteriormente, es un gran logro por parte de los escritores que el final fuera tan satisfactorio como lo fue, y que los recortes obligados a la historia no afecten su integridad; pero nunca dejaré de preguntarme que hubiera podido ser la serie si hubiera contado con la libertad que todo equipo merece. Creo que hay un momento y un lugar para las notas ejecutivas, que han salvado más de una historia, pero cuando los narradores se ven obligados a combatir con sus propios colaboradores, que actúan no por un deseo genuino de mejorar la historia, sino por miedo a la reacción de ciertos sectores del público (irónico, considerando los temas de la historia), el resultado es un mar sabor de boca. Sí, hasta cierto punto se podría afirmar que sin los estudios las historias no tendrían una plataforma para llegar a un público, y que la serie sigue estando disponible, tras haber sobrevivido a intentos de censura (durante un tiempo temí que fueran a retirarla, como a tantas otras producciones en años pasados); pero en algo quiero ser muy claro: dado que la empresa sólo persigue maximizar beneficios económicos, todo el mérito de la historia va a los creativos, ninguno a la corporación, aunque se tenga que apoyar a ambos para ver de forma legal las historias.
Cierro de nuevo recalcando, quizá incluso más que con otras recomendaciones, un exhorto a los lectores a darle una oportunidad si no la han visto; creo que la calidad es suficiente para rebasar cualquier idea preconcebida sobre el público objetivo de la serie, creo que tiene algo importante que decir para todos. Cuando la vi por primera vez, no sabía que era neuro divergente; volverla a ver después de descubrirlo, me ayudó a aceptar por completo esa parte de mí, y por eso siempre le estaré agradecido.
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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