La batalla de los cinco ejércitos
- raulgr98
- 17 dic 2025
- 5 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! El día de hoy también terminaremos una saga de fantasía, pues quiero dedicar esta sección a comentar algunos de los aspectos que me hacen disfrutar la última entrega de la trilogía del Hobbit, pese a ser consciente de sus numerosas fallas.
Estrenada en 2014, de nuevo dirigida por Peter Jackson, quien escribió el guion con Philippa Boyens, Fran Walsh y Guillermo del Toro, la conclusión de la historia se centra en la lucha por la montaña solitaria entre cuatro facciones diferentes. Casi todo el elenco de las películas anteriores regresan, con el único añadido de Billy Connolly (Dáin puño de hierro), mientras que John Bell (Bain), Peggy Nesbitt (Sigrid) y Mary Nesbitt (Tilda), introducidos en la película anterior, tienen roles extendidos. Un gran éxito en taquilla pese a las críticas mixtas, logró reunir varias nominaciones técnicas, incluyendo una al Oscar a mejor edición de sonido.
No tengo la menor intención de convertir esta reseña en un ataque contra la película, muchos otros han expresado ya con elocuencia los problemas de esta película, muchos heredados de las anteriores, pero considero importante mencionar los tres fallos que me parecen más frustrantes: la subtrama romántica me parece muy pobremente escrita, que no lleva a ningún lado y en términos generales un demerito para los dos personajes involucrados, que tenían más potencial. El segundo es que, al contrario de las películas anteriores que encontraban un buen balance entre adaptar el libro y conectar con el Señor de los Anillos, esta entrega perdió el equilibro (siendo el rol extendido de Legolas probablemente la más clara prueba). El tercer fallo, que además es el que estimo el más grave, es que de las seis películas de Tierra Media dirigidas por Peter Jackson, esta es la única de la que creo que el corte original no funciona como película, y hay una obligatoriedad de ver la versión extendida: cuando comencé a planear esta defensa, iba a mencionar escenas como la revelación del anillo de fuego, una breve interacción entre Bilbo y Bofur (que conecta de forma muy poética con la primera película), y la última secuencia con la piedra del Arca, sólo para descubrir que estas fueron eliminadas del corte original, junto con muchas otras, dejando abiertas múltiples subtramas (hay algunas como una brevísima línea de diálogo que da una muy necesaria profundidad a Thranduil, que no existen ni siquiera en la extendida).
Expresado lo anterior ¿por qué aún así disfruto la película? Quizá la publicación de hoy sea breve, pero me concentraré solamente en elementos compartidos por ambas versiones. En primer lugar, creo que muchos de los elementos técnicos son excelentes, el primero de ellos una banda sonora casi perfecta. Realizar una película que durante una parte importante de su duración es sólo una enorme secuencia de acción, y aunque los intentos de elevar el espectáculo de la batalla no terminan de funcionar para mí, el ritmo está muy bien logrado, con una coreografía que tiene más mérito del que se le reconoce, y momentos individuales donde la dirección y el montaje brillan. De todas las escenas que buscan conectar con la trilogía original, la de Dor Guldur es la que mejor funciona, y creo que fue una decisión acertada que para el segundo acto Erebor sea la única locación, pues mantiene focalizada la trama. En la que quizá sea mi opinión más polémica sobre la trilogía, otro elemento que me gusta es que el término “cinco ejércitos” tiene una mejor explicación en la versión fílmica que en la literaria, y de nuevo una combinación de diseño de producción y dirección de extras es clave para mostrar las diferencias entre los grupos involucrados, ver a los elfos y sobre todo a los enanos combatir, después de que la trilogía original fue muy antropocéntrica, casi es suficiente para justificar toda la cinta.
Habiéndose quedado casi sin escenas icónicas que adaptar del libro (la batalla no es descrita por Tolkien con muchos detalles), el guion puede dedicar un poco más de tiempo a dejar brillar a los actores, sobre todo en las escenas de negociación donde Luke Evans, Lee Pace e Ian McKellen brillan. Eso no significa que la película carezca de grandes secuencias: la destrucción de Ciudad del Lago, y en general la resolución del personaje de Smaug es quizá mi inicio favorito de las seis películas, pues adapta el tono de aventura épica a la perspectiva aterrorizada de la población civil. El duelo entre Thorin y Azor tiene mucho poder emocional, con una coreografía bien ejecutada, probando que fue la decisión correcta elevar al segundo a uno de los antagonistas principales, y la última conversación entre Bilbo y Thorin es probablemente la mejor escena de toda la película. El epílogo recupera un poco del optimismo ligero de la primera entrega, con buenos resultados, y la última escena, aunque un descarado “nostalgia bait” está hecha con buenos resultados gustó, y logra terminar la película con las emociones correctas.
Martin Freeman continúa brillando como Bilbo, consolidándose como uno de los mejores protagonistas del cine de fantasía con su sentido del humor, empatía, astucia y sentido común; es gracias a sus decisiones actorales que la serie de decisiones que su personaje debe tomar en muy poco tiempo se sientan meditadas y con peso narrativo. Sin embargo, la tercera película pertenece a Richard Armitage como Thorin escudo de roble, quien da su mejor interpretación de la trilogía, y quizá de su carrera. Es el rey de los enanos el que tiene por mucho el arco de personaje más completo, y Armitage logra dotar al personaje de humanidad incluso en su descenso a la locura, totalmente creíble gracias al actor, lo que vuelve su eventual redención quizá el momento más satisfactorio de toda la película. Quizá la mayor prueba del talento del intérprete es que logra que la audiencia conecte con una secuencia (todos los que han visto la película saben a cual me refiero) que en manos menos capaces se vería absolutamente ridícula.
El tema principal de esta cinta, que se extiende al resto de la trilogía, es el de criticar la codicia y abrazar la vida sencilla de la amistad y el hogar. En ese sentido, no deja de resultar irónico que la codicia del estudio haya sido lo que haya llevado a dividir la historia en tres películas cuando dos hubiera sido lo ideal. Aún así, si analizamos la narrativa más allá de las decisiones corporativas, es una lección bien desarrollada, que impregna a todos los personajes, realza la importancia moral de Bilbo y permite un clímax emocional efectivo.
Me despido con una suerte de nota al pie, y es que el momento que más me afectó el corazón despido toda la película no está dentro de la historia, sino en los créditos. Incluso con todos mis problemas hacia la cinta, me parece insultante que “The Last goodbye” no haya sido considerada en la temporada de premios, pues es una melodía muy hermosa, llena de significado, que muestra que incluso por encima del estrés y las presiones del estudio, en el Hobbit aún existe un amor sincero por Tierra Media.
Hasta el próximo encuentro…
Navegante del Clío
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