La duda
- raulgr98
- 14 ene
- 5 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Como les anticipé el día de ayer, parte de los temas que barajeé esta semana era el de los finales abiertos. Hoy quisiera recomendarles una película que basa todo su concepto alrededor del tema de la incertidumbre; pero que bajo una mirada más atenta, es mucho más clara de lo que aparenta.
Estrenada en 2008, la cinta es escrita y dirigida por John Patrick Shanley, quien adapta su propia obra de teatro a la pantalla grande. Protagonizada por un elenco pequeño pero poderoso integrado por Amy Adams (Marita James), Meryl Streep (Aloysius Beauvier), Philip Seymour Hoffman (Brendan Flynn), Joseph Foster (Donald Miller), Mike Roukis (William London), Lloyd Clay Brown (Jimmy Hurley) y Viola Davis (sra. Miller). Con resultados mixtos en taquilla pero una excelente recepción crítica, en los premios Oscar fue nominada a mejor guion y a mejor actuación para cuatro miembros de su elenco (Streep, Hoffman, Adams y Davis).
Un drama situado en un colegio católico durante la década de los sesentas; una serie de accidentes peculiares, que podrían significar un caso de abuso sexual desata un férreo duelo de voluntades entre la indomable directora del colegio (Streep) y el sacerdote de la congregación (Hoffman), con una inocente maestra (Adams) atrapada en el fuego cruzado. Con un personaje seguro de la culpabilidad y el otro aferrado a su inocencia, el guion es un maestro en el arte de manipular a la audiencia y tenerlo al borde del asiento.
Comenzando con los aspectos técnicos, salvo por unas pocas secuencias en el exterior la película está rodada casi por completo en el interior ya sea del colegio o de la iglesia; aprovechando una paleta de colores oscura, lo cual le da un entorno gótico, opresivo, que roza lo atemporal y contribuye a elevar un sentido de paranoia en el espectador, como si el entorno mismo fuera opresivo, independientemente de la culpa o inocencia de los personajes. La historia, desde todas las perspectivas, es una tragedia, y todos los personajes están comprometidos moralmente; pero el guion tiene la inteligencia de impregnar pequeños momentos de humor a lo largo de la cinta, en los momentos adecuados, para que la pesadez de la trama no se torne insoportable.
Aunque la trama sea un poco lenta en su ejecución, sobre todo en el primer acto; su estructura me parece impecable. Creo que el duelo entre los personajes se encapsula de forma perfecta en los tres sermones de Flynn, cuyas diferencias en cadencia e interpretación son un buen reflejo no sólo del estado mental del personaje, sino de los temas de la cinta sobre la duda y la convicción. El conflicto central es uno fuerte por su propia naturaleza, pero me parece que es desarrollado con buen gusto, sin volver el abuso un espectáculo, y se le da carices interesantes al atarlo a comentarios sociales y raciales. En ese sentido, la que es prácticamente la única escena de Viola Davis (pero donde se vuelve totalmente merecedora de su nominación al Oscar) es tan fascinante como horripilante de ver; pues el ser testigo de como una madre no solo racionaliza y justifica, sino que aprueba e impulsa una situación de abuso, sin que esto rompa por completo la inmersión es prueba de una escritura muy compleja.
El trabajo del director con sus actores es espectacular; realzando con la cámara sus decisiones de interpretación, en las cuales su misma corporalidad informa sobre los cambios en las dinámicas de poder. En eso contribuye el guion cumple una tarea fundamental, sobre todo en la introducción de los personajes, pues plantea un conflicto en el espectador que muchas veces es reflejo de la vida real: el personaje acusado de abuso es carismático, agradable de seguir, en ocasiones divertido; mientras que su principal perseguidora es inflexible, ambiciosa y dura. De esta manera, entre más avanza la trama es fácil que la audiencia caiga en un conflicto moral, pues debe decidir si creer en un personaje diseñado para ser desagradable o reconocer que es capaz de creer a un hombre de una acusación muy serie sin tener más prueba que su carisma.
En ese mismo sentido, por mucho el mejor elemento de la película son sus impresionantes actuaciones; con sus cuatro pesos pesados conformando probablemente el mejor elenco de la década de los 2000, o al menos uno de los más fuertes. Viola Davis sólo tiene una escena, pero muestra un rango emocional impresionante, sobre todo si se toma en cuenta que tiene que rivalizar en poder dramático con una excelente como siempre Meryl Streep, cuyo personaje recibe poco trasfondo, pero al que ella le construye una caracterización plagada de sutilezas. Amy Adams es excelente como el personaje que en muchos sentidos sirve como punto de vista de la audiencia, y creo que las transformaciones que sufre (sobre todo frente al salón de clases) son una buena muestra de su susceptibilidad y dudas, pero también de sus buenas intenciones. Sin embargo, en mi opinión el mejor elemento de la película es el fallecido Philip Seymour Hoffman, quien da la que en mi opinión es su mejor actuación de una ilustre carrera; con un excelente dominio de la corporalidad y las micro facciones, capaz de ser creíble en ambas versiones de la historia, pero sin mentir a la audiencia, pues la verdad es en mi opinión, clara si se pone atención a sus decisiones actorales. Sus múltiples debates con Meryl Streep son los puntos fuertes de la trama, gracias a la presencia escénica de ambos histriones y a un excelente diálogo, cargado no sólo de ingenio sino de tensión palpable.
Desde un punto de vista superficial, creo que es una interpretación válida el concluir que el espectador se quedará con la duda de si las acusaciones son ciertas o falsas; a fin de cuentas, es cierto que toda la evidencia sería juzgada como circunstancial; pero si se observa con cuidado las actuaciones, sutiles en el primer acto, más notorias en el segundo, la verdad se volvió evidente, al menos para mí. Sin embargo, creo que en eso radica la genialidad de esta película: incluso al estar plenamente convencido de la respuesta, el poder de las actuaciones fue tal que incluso hasta el final albergué sombras de dudas, como sucede en la realidad cuando se tocan temas complejos. Y aún con la certeza en cuanto al tema del abuso, la película permanece con un desenlace abierto, una brutal última línea que invita a la reflexión: ¿la duda es sobre una persona, una institución o la misma fe?, o lo que es aún más desgarrador: ¿tener la razón es suficiente para decir que se hizo lo correcto?
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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