La carta robada
- raulgr98
- hace 2 minutos
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¡Bienvenidos pasajeros! Tratando de decidir sobre qué escribir, me puse a pensar en los inicios de esta travesía, reflexionando sobre cómo es Poe probablemente el cuentista del que más hemos hablado en este espacio. Sin embargo, es muy temprano en el año para regresar al horror, y de tal género ya hemos hablado de muchos de sus cuentos más icónicos. Por fortuna, en mi remembranza también recordé que el misterio fue el primer tema al que dedicamos una semana completa, y que el escritor norteamericano es considerado el precursor de la ficción de detectives.
El día de hoy, comparto con ustedes mis impresiones del tercer relato del autor que tiene como protagonista a C. Auguste Dupin, que en su momento llamé el proto Sherlock Holmes, con la diferencia que es un detective amateur, no uno profesional (aunque en este cuento sí acepte una compensación económica). De las tres historias, La carta robada es probablemente la menos conocida, pero a mí siempre me ha gustado releerla, pues es la única que no involucra un asesinato, y por lo tanto es considerablemente más ligera en cuanto a tono, aunque quizá no en ritmo.
"El ingenio de lo sencillo", así se podría resumir el eje temático del cuento, y la trama misma parece existir bajo ese principio, pues es una historia sin mucha complejidad: un típico caso de chantaje a través de un documento robado, y la urgente necesidad de recuperar tal información antes de que la víctima se vea más comprometida. Tal es la base de infinidad de misterios, pero esta incorpora dos giros importantes: el primero es que se parte la investigación de deducciones correctas, incluyendo el lugar donde está la carta; y por el otro que, aunque hay muchos elementos que no se revelan, la identidad del culpable no es uno, información conocida desde las primeras páginas, por lo que la labor detectivesca será mucho más metodológica que inquisitiva.
En cuestión de estilo, el cuento está dividido en tres partes bien cohesionadas, pero que tienen influencias y estrategias distintas: la primera podría considerarse una sátira de la crónica de investigación, en el sentido que se presenta información de forma exhaustiva, pero a la vez vaga, con los nombres de los involucrados omitidos (o reducidos a una inicial), y el contenido específico de la carta desconocido, lo que los propios personajes reconocen como una labor política y diplomática frustrante, pero necesaria (deducir quien es la persona extorsionada, sin embargo, es fácil sobre todo en retrospectiva, lo que quizá en sí mismo sea un comentario sobre el trabajo periodístico). La segunda parte, que quizá aliene a varios lectores, es extremadamente ensayística, pues consiste en un diálogo sobre la naturaleza humana y su relación con el comportamiento y la estrategia, tanto en el juego como en el crimen; circunstancia que le permite al autor de forma orgánica varias referencias a la antigüedad clásica. La tercera parte es la más parecida a un misterio tradicional, el clásico monólogo explicativo, pero creo que es una versión perfeccionada del mismo, más satisfactorio que los dos relatos anteriores de Dupin, pues el protagonista puede tener un rol más activo en la trama.
Poe no es comúnmente conocido por su sentido del humor, pero creo que en este relato está incorporado de una manera muy efectiva, encontrando ocasiones para la burla, el ingenio y la sorpresa, pero sin llegar a ridiculizar a ninguno de los personajes (de hecho, en una diferencia muy meritoria de la mayoría del género, la policía es competente, capaz de deducciones lógicas, y sus fallas no son de procedimiento o producto de la idiotez, sino de una falta de perspectiva, sobre todo de las sutilezas. Este sentido del humor permite incorporar de buena manera las que yo considero son las tres conclusiones temáticas del cuento, que se complementan uno al otro: la importancia de desentrañar psicológicamente al sospechoso antes de comenzar la investigación; el triunfo de la astucia sobre la minuciosidad profesional y la ironía de no poner atención, casi como una ceguera colectiva, a lo más evidente, bajo la creencia de que las trampas y tramas deben ser más complejas de lo que en realidad son.
Si cuando hablamos de "Los crímenes de la calle Morgue" analizamos como Dupin es el padre literario de Holmes, con métodos deductivos y una actitud que raya en la condescendencia, pero que conserva la caballerosidad europea cliché como sus principales características en común, en este relato hay muchos más elementos que Conan Doyle consolidaría ochenta años después: el narrador en primera persona, en este caso anónimo, de un personaje que sirve como punto de referencia para la audiencia, testigo impresionable y confidente del detective; un inspector con el que el protagonista tiene relaciones cordiales pero ambiguas en cuanto a su naturaleza, inteligente pero insuficiente para resolver un misterio, e incluso un oponente de ingenio comparable al del protagonista, lo que convierte la investigación en una excelente partida de ajedrez: de hecho, me parece una lástima que el destino de este cuento fuera ser el ultimo cuento de Dupin escrito, pues el ministro D. tenía el potencial para convertirse en un villano tan memorable como el célebre Moriarty.
Termino esta recomendación con mi interpretación de la referencia al final del texto: no soy el único que comparte esta opinión, pero estoy convencido que Dupin y el ministro son hermanos, y creo que hay varias pistas sutiles en el texto. No afecta en mucho la narrativa, pero creo que vuelve más interesante la dinámica.
Título original: The purloined letter
Autor: Edgar Allan Poe
Año de publicación: 1844
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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