La cumbre escarlata
- raulgr98
- 15 oct 2025
- 4 Min. de lectura
¡Bienvenidos pasajeros! Esta semana en la que me siento un poco nostálgico, me debatí entre cubrir una película de mi infancia, una que involucrara talento mexicano o una de época. Al final me decanté por una cinta a la que le tengo mucho cariño, tanto que fue de las primeras novelizaciones que leí, y cumple con dos de los tres rubros que buscaba.
Estrenada en 2015, la película es dirigida por Guillermo del Toro, quien co escribe el guion con Matthew Robbins, coordinando a un elenco integrado por Mia Wasikowska (Edith Cushing), Tom Hiddleston (Thomas Sharpe), Jessica Chastain (Lucille Sharpe), Charlie Hunnam (Alan McMichael) y Jim Beaver (Carter Cushing), así como Doug Jones y Javier Botet repartiéndose los roles de los distintos fantasmas de la película. Pese a recibir críticas en su mayor parte positivas, la película fue una decepción en taquilla, aunque recibió con el tiempo un seguimiento de culto entre fanáticos del terror.
Una historia original que toma múltiples inspiraciones de distintas fuentes literarias, la película toma la estructura de los romances góticos: una vieja casona aristocrática, crímenes violentos, misteriosos pasados, y un cuadrado amoroso que involucra a cuatro arquetipos del género: la joven moderna, casi siempre extranjera, el noble retraído con un pasado oscuro, el mejor amigo de la infancia con un amor secreto y el familiar celoso y posesivo. Esas cuatro vidas colisionan apariciones fantasmales descubren un secreto de lujuria e intriga.
Casi siempre dejo el elenco para el final, pero en esta ocasión decidí iniciar con este aspecto pues me parece el menos memorable de la cinta. Con esto no quiero decir que sean malos, cumplen a la perfección con sus roles y encajan con la atmósfera (tienden a ser contenidas, salvo en los clímax y efectivas secuencias aterradoras) y Chastain es particularmente buena, pero al estar basadas en arquetipos góticos son casi parte de la escenografía. Sin embargo, funcionan como agentes de la trama gracias a personalidades bien definidas y un rol mucho más activo en el tercer acto, que redefine las dinámicas: hay una escena entre los dos personajes masculinos efectiva, pero son las mujeres quienes roban todas las escenas.
Lo más memorable de la película, por mucho, es el diseño de producción, que en colaboración con el vestuario recrea los primeros años del siglo XX en un estado intermedio entre la elegancia realista y la fantasía oscura; con un excelente uso de la locación principal: la mansión está muy bien diseñada, tanto en su ubicación aislada como en su arquitectura, con casi cada cuarto teniendo una paleta de colores distintivo, que la impecable cinematografía realza. Pese a no estar basado en ningún cuento o novela, debo decir que es la película de este siglo que mejor captura la atmósfera y estética de la literatura gótica; y sin dar muchos detalles, la explicación detrás del título da al tercer acto visuales memorables.
La película dura poco menos de dos horas, pero se siente más larga gracias a un ritmo metódico y deliberadamente pausado, con tiempo suficiente para que el elemento de romance se desarrolle. Sin embargo, la historia en ningún momento se torna aburrida, pues el misterio central es introducido desde el inicio, el aspecto de investigación es repartido entre dos personajes para que las respuestas no se vuelvan evidentes a los protagonistas, y los sustos están bien construidos, aunque rara vez recurren a trucos baratos, sino que tienen una construcción más compleja, que depende de una efectiva dirección por parte de Del Toro, maestro de la construcción de suspenso, y la música de Fernando Velázquez, excelente compañera de todo el mosaico emocional que la trama persigue.
A nivel temático, la película toca todos los temas clásicos del arte gótico: el amor, la nostalgia, el deseo y la locura (en ese sentido, creo que la revelación final, que involucra un tema tabú, fue bien implementado, congruente dentro de la narrativa), pero también se permite explorar otro elemento y es un contraste, a veces contradictorio, entre la tradición y la modernidad. Por un lado, Edith es una mujer moderna, escritora, consciente de su propia sexualidad, pero por el otro las ambiciones de Thomas de industrializar la zona son retratadas como nocivas y condenadas a la fatalidad.
Cierro con el aspecto de los fantasmas, pues me parecen un recurso dramático implementado de forma magistral. Por un lado, los diseños son excelentes, recurriendo a los colores para informar sobre el trasfondo de las apariciones. Desde el punto de vista del movimiento, encuentran el punto de equilibrio entre ser perturbadores y conservar fuertes momentos de humanidad, y eso es crédito tanto de los dos actores que se reparten a las ánimas (y que hacen, en mi opinión, el mejor trabajo de todo el elenco), como del equipo de efectos especiales que adiciona a la interpretación sin suplantarla.
Hay más cosas que me gustaría mencionar sobre la cinta, sobre todo la perspectiva que toma el director respecto a la muerte, pero implicaría revelar detalles de la trama, y puesto que la película no fue popular en su momento, hay una alta probabilidad de que muchos detalles ustedes no la hayan visto. Si encuentran la ocasión, dénle una oportunidad, creo que es tan buena como las otras cintas de Guillermo del Toro de la época, y revelan su profunda comprensión del que es mi género favorito de horror, en cualquier medio.
Hasta el próximo encuentro…
Navegante del Clío
Comentarios