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La liga de los pelirrojos

¡Bienvenidos pasajeros! Pese a que ya concluyó nuestra semana de aniversario, aún me siento un poco nostálgico. Tratando de decidir que recomendarles esta mañana, recordé que una de mis primeras publicaciones, de hecho la conclusión de la que fue la primera semana dedicada a un tema particular (el misterio, en aquella ocasión), fue un desglose de las sesenta historias del canon de Sherlock Holmes. Mis lectores más recientes quizá no lo sepan, pero el detective de la calle Baker es uno de mis personajes de ficción favoritos, y Conan Doyle uno de los primeros autores de los que intenté leer la bibliografía completa, aunque estoy seguro que aún me faltan cosas por descubrir (por fortuna, ninguna que involucre a Holmes y a Watson). Ya he reseñado dos historias del detective, mi novela favorita y mi historia corta favorita; sin embargo, creo que aún se le puede explotar mucho potencial, y no se me ocurrió otra mejor manera de celebrar el inicio de nuestro quinto año de viaje que recordando algunas de esas historias. Esta aventura nos tomará tres semanas, para redondear a cinco (al menos por este año) las historias de Holmes que quiero compartir con ustedes, e incluirán la primera que leí, la que tiene el mejor final y la que más me entretiene, comenzando hoy por esta última.


La cuarta historia que Doyle escribió sobre su célebre protagonista, incluida en la primera antología de relatos cortos sobre el mismo; quizá la razón por la que la disfruto tanto es porque es uno de los mejores ejemplos de una de las cualidades infravaloradas del autor: su sentido del humor. Los temas suelen ser serios, pero siempre hay un componente ligero en la dinámica entre Holmes y Watson que mantiene un tono muy agradable, casi adictivo, de leer. En el caso de este relato, el tono es exitoso gracias a que, incluso cuando el incidente inicial, un tanto chusco, revela un crimen real, este no es un secuestro o un asesinato; lo que permite que Sherlock y Watson mantengan una interacción ligera, repleta de humor, salvo por el clímax al que se le da la seriedad necesaria al meterse a una situación potencialmente peligrosa, que le permite al autor incorporar una breve secuencia de acción.


La premisa parte de un incidente tan absurdo que no puede sino cautivar la curiosidad del detective: un prestamista solicita sus servicios al encontrarse frustrado por una bizarra situación: tras pasar semanas copiando entradas de una enciclopedia a cambio de una muy buena paga por parte de un Club cuya declaración de intenciones es dar trabajo remunerado a pelirrojos, llega a la oficina y no encuentra sino un letrero que dice que el Club ha sido disuelto de forma permanente, y no ha encontrado la manera de volver a detectarlos. En la descripción de los hechos, que no pasaría de una broma o excentricidad, Sherlock intuye una conspiración, que lo inspira a tomar el caso.


En su estructura básica, el relato es un perfeccionamiento de la fórmula Holmesiana: Watson conoce al cliente, lo que permite al detective demostrar, en una combinación de arrogancia y humor, sus habilidades deductivas y de observación. Continúa con el testimonio del cliente, aparentemente lleno de detalles inocuos o innecesarios; posteriormente una pequeña aventura por el lugar del crimen, para cerrar primero con el descubrimiento del culpable y el monólogo final de Holmes explicando su método. En el club de los pelirrojos todos esos elementos están presentes, pero se entrelazan e interrumpen unos con otros, lo que permite un ritmo más dinámico.


La descripción es extensa pero no abrumadora, bien equilibrada con diálogos y acciones; y creo que el relato funciona como una excelente introducción al género de misterio, pues algunas partes de la resolución son bastante fáciles de predecir, pero otras mantienen su elemento de misterio, logrando a partes iguales convertir al lector en parte activa de la narración sin caer en la monotonía. Watson tiene incluso menos que hacer en esta historia que en muchos relatos cortos, más allá de su función como narrador, pero sirve como excelente contrapunto de Holmes, en el sentido de que este le da muchas explicaciones, pero sin ser condescendiente pues siente aprecio por él, y lo trata como un igual pese a no poseer sus mismas habilidades.


Por otra parte, creo que este cuento realiza un excelente trabajo de caracterización de Holmes, pues el lector pasa páginas con él tanto en su labor detectivesca como en sus momentos de ocio (de hecho, la descripción que hace Watson de sus dos naturalezas, en conflicto pero complementarias, es la mejor síntesis del personaje que Conan Doyle escribió, al menos en sus relatos). Asimismo, que la primera mitad de este relato sea tan ligero permite ver una faceta más interesante de Sherlock, incluso un poco burlona, que tiene virtudes morales pero actúa sobre todo para satisfacer su propia curiosidad y combatir el aburrimiento, al que teme más que a cualquier criminal; sin que eso le impida tener un alto sentido de integridad y responsabilidad en lo que a justicia se refiere.


¿La vida es más extraordinaria que la imaginación? ¿Lo raro y singular es más frecuente en los crímenes pequeños que en los grandes? ¿Entre más extravagante un caso menos misterioso es en realidad? Esas son las tres preguntas que el relato se hace, y creo que realiza un buen trabajo respondiéndolas. Como todos los relatos de Holmes, es satisfactorio y contenido en sí mismo, pero El club de los pelirrojos es un buen ejemplo de otra virtud de estos relatos, y es que al mencionar casos pasados (muchos de ellos nunca dramatizados, y en este caso, una relación personal entre el criminal y el detective (sin haberse visto nunca), se logra una excelente construcción de mundo, una impresión de una historia más grande, una realidad completa, con el lector como pasajero en sólo una de las teselas del mosaico.


En las próximas semanas veremos algunos casos más serios del icónico dúo, pero les recomiendo que este se incluya entre los primeros que lean o vuelvan a visitar, pues es la prueba de que un misterio divertido, con relativamente poca tensión y peligro, más ligero que una gran intriga, no es por eso menos ingenioso.


  • Título original: The red-headed league

  • Autor: Arthur Conan Doyle

  • Año de publicación: 1891




Hasta el próximo encuentro...


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