Los cuentos de la calle Broca
- raulgr98
- hace 2 minutos
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¡Bienvenidos pasajeros! En este cuarto aniversario, he pensado mucho en cuáles fueron las películas que más me impactaron durante mi infancia, y descubrí que ya hablé de la mayoría de ellas en ocasiones anteriores. Sin embargo, aún me queda un nicho de oportunidad, que son las series que veía en esa época, y pocas me marcaron más que las que en ese entonces transmitía el Canal Once (cuando todavía tenía programación de alta calidad y no propaganda). De entre ellas, mi favorita es una serie de antología que lograba ver casi todos los días antes de la hora de la comida, y que hace unos años volví a encontrar en YouTube.
Creada por Alain Jaspard y Claude Allix, la serie francesa (basada en la antología de cuentos de Pierre Gripari) se transmitió originalmente entre 1995 y 1996, si bien a México no llegó hasta 2001. Protagonizada por Edgar Givry (Monsieur Pierre), Yves Barsacq (Papa Said), Sophie Arthuys (Bachir) y Marine Boiron (Nadia), la mayoría de ellos interpretando también a otros personajes. Consistiendo en sólo veintiséis capítulos de alrededor de trece minutos, divididos en dos temporadas; lo que haría posible ver toda la serie en poco más de cinco horas y media, y tras hacer una revisión me di cuenta que, aunque había episodios que eran repetidos con más frecuencia que otros, en su momento vi todos más de una vez.
Aunque existen variaciones al modelo narrativo (hay capítulos en los que personajes distintos son el detonante inicial, y hay veces en las que llegan a ser personajes dentro de las mismas historias), todos los capítulos siguen la misma estructura básica: un cliente (Monsieur Pierre, inspirado en el autor de los cuentos originales) va a la tienda de abarrotes de Papa Said, y tras un incidente inicial que usualmente involucra a los hijos de Said, Nadia y Bachir, recuerda una historia fantástica, que él siempre maneja como verdadera.
Algunos capítulos son mejores que otros, disfruto sobre todo aquellos protagonizados por el propio Pierre, o los que tienen una moraleja, pero todos tienen algo que ofrecer, ya sea un gran concepto central, un buen sentido del humor o personajes carismáticos, usualmente una combinación de las tres. Las tramas pueden ser en ocasiones bizarras, y los elementos mágicos rara vez son explicados, pero las historias conservan su coherencia interna y son un excelente ejemplo de economía narrativa, en la que los escritores logran contar una historia completa, la mayoría de ellas transcurriendo en múltiples locaciones y por varios días, en solo trece minutos sin estar sobrecargada de elementos, de hecho, la mayoría se sienten más largos de lo que son, en el buen sentido.
La animación, hecha a mano, es extremadamente sencilla, con trazos simples y fondos sin profundidad, pero el movimiento de los personajes es sorprendentemente fluido, con diseños memorables, rostros expresivos y muy buenas actuaciones de voz, tanto en el original como en el doblaje. Este estilo funciona con el tono fantástico, y gracias a un excelente trabajo de color, tiene su encanto, sobre todo en el uso de locaciones (como algunos lugares emblemáticos de París), algunos chistes visuales y un puñado de efectos recurrentes. La banda sonora, basada en cuerdas, es excelente, sobre todo en las memorables secuencias de créditos iniciales y finales, que marcan el tono jocoso y optimista al combinar a todos sus personajes.
Quizá a los más cínicos de entre los lectores encuentren problemas con que en muchas de las historias, los personajes se enamoran al instante, pero ese es un elemento fundamental de los cuentos de hadas, y se complementa con una exploración madura de otros temas como la guerra, la justicia, la familia, el arte y el proceso de crecer. Aunque todas las historias tienen un elemento mágico o fantástico, hay una gran variedad en la ambientación: algunas historias transcurren en un entorno urbano contemporáneo, otros en reinos de principios de siglo XX, otros en entornos medievales y algunos más en lugares con inspiraciones mediterráneas, orientales e incluso una mezcla de lo antiguo y lo industrial. Esa diversidad se refleja también en el diseño de los personajes, y considero un gran acierto que muy rara vez el equipo creativo reutiliza diseños, lo que, más allá de un par de cameos que le dan unidad y cohesión a la serie, cada historia tiene su estética única.
La última virtud que quiero mencionar de la serie es el trabajo con los cuatro personajes protagonistas, pues aunque Bachir puede ser un poco frustrante en un par de capítulos, los cuatro tienen mucha química y muestran una relación muy sana, tanto en la unidad familiar como en la amistad con Pierre, resultando en segmentos que se elevan de un simple marco narrativo y llegan a ser tan disfrutables como las propias historias. Como una nota al pie, me parece interesante el notar que Said y su familia son migrantes de origen árabe, pero esto nunca es tratado como anómalo o relevante, lo cual considerando que es una serie del siglo pasado pone en evidencia lo absurdo de ciertos partidos europeos actuales, que pretenden tratar a la migración como algo no solo problemático, sino extremadamente reciente.
Quizá en otra ocasión podré hablar más de algunos capítulos individuales, pero hoy prefiero dejarlo en la generalidad, y darles la oportunidad de descubrir por ustedes mismos este muy bien logrado ejercicio narrativo, que me cautivó de niño y en el que aún encuentro mucho significado como adulto (hay que recordar que los escuchas de Pierre son precisamente dos niños y un adulto, e incluso en ocasiones tres animales), un ejemplo del poder inigualable que tiene las historias para iluminar la vida.
Hasta el próximo encuentro…
Navegante del Clío
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