Los hombres huecos
¡Bienvenidos pasajeros! No es un secreto, lo he repetido en múltiples ocasiones, que de todos los géneros literarios la poesía es por mucho en el que me siento menos versado. Sin embargo, uno de mis propósitos todos los años es hacer lo posible por ampliar mi repertorio cultural, y aunque no a los niveles que me gustarían; creo que he hecho avances. En ese sentido, repasando la lista de autores clásicos de la literatura inglesa, sólo hay un puñado del que hasta hace poco no había leído absolutamente nada, y hoy quiero compartir con ustedes un poema que me afectó mucho de uno de ellos (no, las letras de Cats no cuentan para propósitos de "haberlo leído").
Producto de una mente marcada por la división (por mencionar dos ejemplos: nació norteamericano, pero rechazó aquel país para naturalizarse británico; y lo sombrío, casi nihilista de su obra temprana que contrasta con su conversión tardía a la religión de una forma que roza lo contradictorio); el poema de Eliot refleja con mucha crudeza la agonía que representa estar en un estadio intermedio, sea entre la vida y la muerte, entre la memoria y el olvido, entre la acción y la quietud; cuando la mayor condena no es tanto tal existencia en sí misma, sino la consciencia de estar incompleto, atrapado. Múltiples interpretaciones se pueden hacer de estos versos, y creo que muchas de ellas pueden coexistir de forma simultánea, pero en mí permanecen con especial dolor los de la quinta y última parte, que para mí representan el dolor del potencial no realizado, la incapacidad (sea externa, o sobre todo interna) de concretar proyectos o alzar la voz en defensa de una causa o persona por miedo, pereza o apatía.
Considerado uno de los más importantes autores de la poesía modernista; en el poema de Eliot se encuentran muchos de los elementos que hacen que tienda a alejarme del género: una narrativa poco clara, llena de metáforas e ideas aparentemente dispersas; pero respeto mucho su talento para construir imágenes sugerentes, enlazadas por un muy fuerte hilo temático. Salvo por un puñado de excepciones, no tiene rimas en el sentido tradicional (aunque si hay una constante repetición de palabras, incluso frases, que contribuye a construir la sensación de aprisionamiento del poema), pero sí una métrica muy bien cuidada, uno de los sellos del estilo modernista. En lo que Eliot y sus contemporáneos experimentaron es en la duración, pues aunque preservan el principio de versos breves del modernismo temprano, el poema es muy extenso, como pueden observar pues lo anexo al final de la publicación, alcanzando los noventa y cuatro versos, sin contar los epígrafes que dan inicio a la primera y última parte.
Sin embargo, pese a su longitud creo que el poema hace un buen trabajo de no abrumar al lector, si no invitarlo a la interacción y la reflexión, y gran parte de eso es logrado por la estructura, dividida en cinco partes. Estas no son uniformes ni en número de líneas (18-20-13-16-27), ni en ritmo; pero cada una tiene su lógica interna y funcionan, en esencia, como poemas independientes. De hecho, lo que me parece más interesante de la composición es que cada segmento cambia de voz narrativa: la primera parte es una primera persona del plural, la segunda cambia al singular; la tercera regresa al plural pero mucho más impersonal, y la cuarta oscila entre la tercera y primera persona, mientras que la última cierra con un presente impersonal.
Desde el título (homenaje tanto a William Morris como a Rudyard Kipling); es claro que hay múltiples influencias informando el poema: los epígrafes conducen a Joseph Conrad por un lado y a la figura semi legendaria de Guy Fawkes por el otro. No es mi intención hacer un rastreo de todas, estoy segura que muchas de ellas escaparon a mi detección, pero logré identificar alusiones a Shakespeare, la mitología griega y Dante Alighieri, mostrando una visión compleja del "infierno" que viven los hombres vacíos, que se niega a ser encasillada en ninguna cosmogonía particular, siendo quizá el mejor ejemplo de eso la célebre última línea, anticlimática por naturaleza, que desafía las concepciones previas del apocalipsis al comparar el final con las rendiciones mudas.
El contexto de la publicación del poema es de vital importancia, pues se enmarca dentro de una ola de creaciones literarias que responden al trauma de la Primera Guerra Mundial: está opuesta por un lado al romanticismo, como indica la ausencia total de pasiones de los titulares hombres vacíos (sin que eso signifique que sean planos, por el contrario, su falta de voluntad es una excelente metáfora), pero también del racionalismo, pues es claro el desprecio que siente Eliot por las sociedades "avanzadas", y lo ridículo que era la utopía del progreso. En ese sentido, considerando la crisis actual del mundo, este poema resonó conmigo porque refuerza mis cada vez más frecuentes tendencias misantrópicas; pero en relecturas, también está presente un miedo a la nada que exhorta a aferrarse a los momentos de conexión y esperanza.
Mistah Kurtz está muerto
Un penique para el viejo Guy
I
Somos los hombres huecos
Somos los hombres rellenos
Inclinándonos juntos
Casco lleno de paja. ¡Alas!
Nuestras voces secas, cuando
Susurramos juntos
Son quietas y sin sentido
Como viento en hierba seca
O patas de rata sobre cristal roto
En nuestra seca celda.
Figura sin forma, matiz sin color,
Fuerza paralizada, gesto sin movimiento;
Aquellos que han cruzado
Con ojos directos al otro Reino de la Muerte
Nos recuerdan -si acaso- no como perdidas
Almas violentas, sino sólo
Como los hombres huecos
Los hombres rellenos.
II
Ojos que no me atrevo a encontrar
En el otro reino del sueño de la muerte
Estos no aparecen
Allí, los ojos son
Luz de sol sobre una columna rota
Allí, está un árbol balanceándose.
Y voces están
En el viento cantando
Más distantes y más solemnes
Que una estrella desfalleciente.
No me deje que esté más cerca
En el reino del sueño de la muerte
Déjenme usar
Tan deliberado disfraz
Abrigo de rata, piel de cuervo, tablas cruzadas
En un campo
Comportándose como el viento se comporta
No más cerca-
No ese encuentro final
En el reino del crepúsculo
III
Esta es la tierra muerta
Esta es la tierra de cactus
Aquí las imágenes de piedra
Se levantan, aquí ellas reciben
La suplicación de la mano del muerto
Bajo el parpadeo de una estrella desfalleciente.
Y así es
En el otro reino de la muerte
Levantándonos solos
A la hora en que estamos
Temblando con ternura
Labios que besarían
De Oraciones a piedra rota
IV
Los ojos no están aquí
Andamos a tientas
y evitamos la palabra
Reunidos sobre esta playa del río hinchado
Sin mirada, a menos que
Los ojos reaparezcan
Como la estrella perpetua
Rosa de muchos pétalos
De reino crepuscular de la muerte
Rosa de muchos pétalos
De reino crepuscular dela muerte
La esperanza solo
De hombres vacíos.
V
Aquí vamos alrededor del cactus
Cactus cactus
Aquí vamos alrededor del cactus
A las cinco de la mañana
Entre la idea
Y la realidad
Entre el movimiento
Y el acto
Cae la sombra
Porque tuyo es el reino
Entre la concepción
Y la creación
Entre la emoción
Y la respuesta
Cae la sombra
La vida es muy larga
Entre el deseo
Y el espasmo
Entre la potencia
Y la existencia
Entre la esencia
Y el descenso
Cae la sombra
Porque tuyo es el reino
Esta es la forma en que acaba el Mundo
Esta es la forma en que acaba el Mundo
Esta es la forma en que acaba el Mundo
No con un estallido, sino con un murmullo.
Título original: The Hollow Men
Autor: TS Eliot
Año de publicación: 1925
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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