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Los hombres huecos

19 may
5 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! No es un secreto, lo he repetido en múltiples ocasiones, que de todos los géneros literarios la poesía es por mucho en el que me siento menos versado. Sin embargo, uno de mis propósitos todos los años es hacer lo posible por ampliar mi repertorio cultural, y aunque no a los niveles que me gustarían; creo que he hecho avances. En ese sentido, repasando la lista de autores clásicos de la literatura inglesa, sólo hay un puñado del que hasta hace poco no había leído absolutamente nada, y hoy quiero compartir con ustedes un poema que me afectó mucho de uno de ellos (no, las letras de Cats no cuentan para propósitos de "haberlo leído").


Producto de una mente marcada por la división (por mencionar dos ejemplos: nació norteamericano, pero rechazó aquel país para naturalizarse británico; y lo sombrío, casi nihilista de su obra temprana que contrasta con su conversión tardía a la religión de una forma que roza lo contradictorio); el poema de Eliot refleja con mucha crudeza la agonía que representa estar en un estadio intermedio, sea entre la vida y la muerte, entre la memoria y el olvido, entre la acción y la quietud; cuando la mayor condena no es tanto tal existencia en sí misma, sino la consciencia de estar incompleto, atrapado. Múltiples interpretaciones se pueden hacer de estos versos, y creo que muchas de ellas pueden coexistir de forma simultánea, pero en mí permanecen con especial dolor los de la quinta y última parte, que para mí representan el dolor del potencial no realizado, la incapacidad (sea externa, o sobre todo interna) de concretar proyectos o alzar la voz en defensa de una causa o persona por miedo, pereza o apatía.


Considerado uno de los más importantes autores de la poesía modernista; en el poema de Eliot se encuentran muchos de los elementos que hacen que tienda a alejarme del género: una narrativa poco clara, llena de metáforas e ideas aparentemente dispersas; pero respeto mucho su talento para construir imágenes sugerentes, enlazadas por un muy fuerte hilo temático. Salvo por un puñado de excepciones, no tiene rimas en el sentido tradicional (aunque si hay una constante repetición de palabras, incluso frases, que contribuye a construir la sensación de aprisionamiento del poema), pero sí una métrica muy bien cuidada, uno de los sellos del estilo modernista. En lo que Eliot y sus contemporáneos experimentaron es en la duración, pues aunque preservan el principio de versos breves del modernismo temprano, el poema es muy extenso, como pueden observar pues lo anexo al final de la publicación, alcanzando los noventa y cuatro versos, sin contar los epígrafes que dan inicio a la primera y última parte.


Sin embargo, pese a su longitud creo que el poema hace un buen trabajo de no abrumar al lector, si no invitarlo a la interacción y la reflexión, y gran parte de eso es logrado por la estructura, dividida en cinco partes. Estas no son uniformes ni en número de líneas (18-20-13-16-27), ni en ritmo; pero cada una tiene su lógica interna y funcionan, en esencia, como poemas independientes. De hecho, lo que me parece más interesante de la composición es que cada segmento cambia de voz narrativa: la primera parte es una primera persona del plural, la segunda cambia al singular; la tercera regresa al plural pero mucho más impersonal, y la cuarta oscila entre la tercera y primera persona, mientras que la última cierra con un presente impersonal.


Desde el título (homenaje tanto a William Morris como a Rudyard Kipling); es claro que hay múltiples influencias informando el poema: los epígrafes conducen a Joseph Conrad por un lado y a la figura semi legendaria de Guy Fawkes por el otro. No es mi intención hacer un rastreo de todas, estoy segura que muchas de ellas escaparon a mi detección, pero logré identificar alusiones a Shakespeare, la mitología griega y Dante Alighieri, mostrando una visión compleja del "infierno" que viven los hombres vacíos, que se niega a ser encasillada en ninguna cosmogonía particular, siendo quizá el mejor ejemplo de eso la célebre última línea, anticlimática por naturaleza, que desafía las concepciones previas del apocalipsis al comparar el final con las rendiciones mudas.


El contexto de la publicación del poema es de vital importancia, pues se enmarca dentro de una ola de creaciones literarias que responden al trauma de la Primera Guerra Mundial: está opuesta por un lado al romanticismo, como indica la ausencia total de pasiones de los titulares hombres vacíos (sin que eso signifique que sean planos, por el contrario, su falta de voluntad es una excelente metáfora), pero también del racionalismo, pues es claro el desprecio que siente Eliot por las sociedades "avanzadas", y lo ridículo que era la utopía del progreso. En ese sentido, considerando la crisis actual del mundo, este poema resonó conmigo porque refuerza mis cada vez más frecuentes tendencias misantrópicas; pero en relecturas, también está presente un miedo a la nada que exhorta a aferrarse a los momentos de conexión y esperanza.


Mistah Kurtz está muerto

Un penique para el viejo Guy

I

Somos los hombres huecos

Somos los hombres rellenos

Inclinándonos juntos

Casco lleno de paja. ¡Alas!

Nuestras voces secas, cuando

Susurramos juntos

Son quietas y sin sentido

Como viento en hierba seca

O patas de rata sobre cristal roto

En nuestra seca celda.

Figura sin forma, matiz sin color,

Fuerza paralizada, gesto sin movimiento;

Aquellos que han cruzado

Con ojos directos al otro Reino de la Muerte

Nos recuerdan -si acaso- no como perdidas

Almas violentas, sino sólo

Como los hombres huecos

Los hombres rellenos.

II

Ojos que no me atrevo a encontrar

En el otro reino del sueño de la muerte

Estos no aparecen

Allí, los ojos son

Luz de sol sobre una columna rota

Allí, está un árbol balanceándose.

Y voces están

En el viento cantando

Más distantes y más solemnes

Que una estrella desfalleciente.

No me deje que esté más cerca

En el reino del sueño de la muerte

Déjenme usar

Tan deliberado disfraz

Abrigo de rata, piel de cuervo, tablas cruzadas

En un campo

Comportándose como el viento se comporta

No más cerca-

No ese encuentro final

En el reino del crepúsculo

III

Esta es la tierra muerta

Esta es la tierra de cactus

Aquí las imágenes de piedra

Se levantan, aquí ellas reciben

La suplicación de la mano del muerto

Bajo el parpadeo de una estrella desfalleciente.

Y así es

En el otro reino de la muerte

Levantándonos solos

A la hora en que estamos

Temblando con ternura

Labios que besarían

De Oraciones a piedra rota

IV

Los ojos no están aquí

Andamos a tientas

y evitamos la palabra

Reunidos sobre esta playa del río hinchado

Sin mirada, a menos que

Los ojos reaparezcan

Como la estrella perpetua

Rosa de muchos pétalos

De reino crepuscular de la muerte

Rosa de muchos pétalos

De reino crepuscular dela muerte

La esperanza solo

De hombres vacíos.

V

Aquí vamos alrededor del cactus

Cactus cactus

Aquí vamos alrededor del cactus

A las cinco de la mañana

Entre la idea

Y la realidad

Entre el movimiento

Y el acto

Cae la sombra

Porque tuyo es el reino

Entre la concepción

Y la creación

Entre la emoción

Y la respuesta

Cae la sombra

La vida es muy larga

Entre el deseo

Y el espasmo

Entre la potencia

Y la existencia

Entre la esencia

Y el descenso

Cae la sombra

Porque tuyo es el reino

Esta es la forma en que acaba el Mundo

Esta es la forma en que acaba el Mundo

Esta es la forma en que acaba el Mundo

No con un estallido, sino con un murmullo.







  • Título original: The Hollow Men

  • Autor: TS Eliot

  • Año de publicación: 1925


Hasta el próximo encuentro...


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