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Los últimos cinco años

29 jun
6 min de lectura

¡Bienvenidos pasajeros! Este mes les traigo uno de los musicales más atípicos que he visto, que conocí por primera vez en formato de película hace casi diez años, y que en su momento desdeñé, no tanto por la calidad sino porque estaba comenzando una relación y no quería estar en ese estado de ánimo, pero que he revalorizado tras reencontrarme con él en la grabación de una puesta en escena.


Como su nombre lo indica, el musical es una crónica de una relación de cinco años, desde el final de la primera cita hasta la ruptura, con elementos autobiográficos tan fuertes que el autor fue demandado por su ex esposa por violar la cláusula de confidencialidad en el acuerdo de divorcio, requiriendo ajustes al libreto. Normalmente hablaría en esta parte de la publicación de premios y nominaciones, pero el recorrido por los escenarios de esta obra ha sido tan curiosa como su misma estructura, lo que ha tenido como consecuencia una falta de nominaciones importantes. Este musical no es el primero que tiene pruebas en otras ciudades fuera de las grandes capitales (Chicago, como este, Seattle y San Francisco son los más comunes), y llegó muy rápido al circuito Off-Broadway, pero por alguna razón no se trasladó a Broadway propiamente dicho hasta diecinueve años después, cuando ya había tenido producciones internacionales, incluyendo el West End, un par de giras y dos revivals Off-Broadway.


No sé si antes he comentado la estructura típica de un musical, pero aprovecho para recordárselos aquí: un montaje tradicional tiene dos actos, con una duración de dos horas y media, y aunque no hay un mínimo requerido de canciones, diecisiete números musicales por lo menos suele ser el estándar. Esta obra, por el contrario, incluye sólo catorce canciones y es presentada en un solo acto. Más allá de eso, por motivos que se harán evidentes más adelante, abandona muchos de los arquetipos de composición como el número de ensamble y el dueto romántico, con casi todas las canciones en todo caso subversiones del arquetipo de la "I want".


No he visto todos los montajes, y se que algunos han optado por incorporar "actores sombra" que sirvan de apoyo y referencia visual a los protagonistas, pero en todas las versiones que he visto, incluyendo la excelente versión off-West End con Jonathan Bailey y Samantha Barks, que sirve como principal referente a esta publicación, el diseño escénico es de mínimo a inexistente, sin más decorado que un puñado de utilería (una puerta, teléfonos), con un buen diseño de iluminación, que permite cambios de vestuario bien colocados única herramienta técnica para comunicar a la audiencia el paso del tiempo y el cambio de escenario.


Todos los musicales se apoyan en su elenco, pero si hay una historia en la que para funcionar es indispensable el talento de los actores es esta, pues la producción prescindió por completo de un ensamble y tener en escena únicamente a los dos protagónicos, quienes deben cargar con la tarea titánica de comunicar al espectador una historia al largo plazo, con un rango emocional amplio, sin muchos recursos de los que apoyarse. De hecho, durante gran parte del musical no tienen ni siquiera uno al otro para apoyarse, pues la dirección mantiene a los dos actores en lados opuestos del escenario, y salvo una vez, nunca interactúan uno con el otro (razón por la cual la mayoría de las canciones son solos), una decisión narrativa arriesgada, pero que corresponde de forma efectiva con los temas de la historia.


En ese sentido, si bien hay muchas historias de ruptura, en múltiples medios, esta es una de las versiones más maduras, pues el libreto se niega a villanizar ni a Jamie ni a Cathy, pero tampoco los victimiza en exceso, sino que asigna responsabilidad compartida: los dos protagonistas son ambiciosos, inseguros y hábiles para la condescendencia y la manipulación emocional, pero incapaces de admitir responsabilidad en los errores. El resultado son dos personajes tridimensionales, con los que la audiencia puede empatizar con facilidad en lo que concierne a sus ilusiones y pasiones, pero cuyo egoísmo resulta frustrante. En cuanto a los motivos específicos de la ruptura, aunque hay un elemento de infidelidad un tanto cliché que la historia no necesitaba, el principal motivo son los celos profesionales, reales o imaginarios, y la sensación de "sentir la vida en pausa", situaciones con las que conecté mucho cuando revisité la historia.


Probablemente lo más discutido de esta obra es su estructura, en la que los números musicales se intercalan entre Jamie y Cathy, con las canciones de él contando la historia en orden cronológico desde el inicio de la relación hasta el fin de la misma, mientras que las de Cathy se cuentan en reversa desde la última decepción a la primera ilusión, en un musical que no es del todo sung-through, pero casi, y los montajes más recientes han tratado de reducir al mínimo los interludios hablados, con buenos resultados. Con un mal director, esta presentación puede llegar a ser confusa, pero en manos hábiles se vuelve más que un simple recurso narrativo, sino que es clave para comprender la intención narrativa: Jamie y Cathy estaban destinados a nunca funcionar, pues siempre estuvieron en momentos personales y profesionales distintos, así como estados mentales diferentes; incluso en el único momento en que ambas líneas temporales coinciden, y cantan la misma canción (el compromiso y posterior boda) hay una ligera disonancia tanto en letra como en melodía con una conclusión clara que es una metáfora de la relación: están cantando al mismo tiempo, pero nunca juntos. Eso no quiere decir que el amor no haya sido real, pero sí que se tomaron decisiones apresuradas, con ilusiones bastante ingenuas. En ese mismo sentido, creo que es un gran acierto no mostrar, bajo ninguna de las dos perspectivas, el momento en el que los personajes se conocen, y ni siquiera la primera cita, sólo las secuelas, y si se ponen en orden cronológico las canciones, se vuelve evidente que tanto Jamie como Cathy pusieron expectativas en la relación que no correspondían, y que ambos buscaban una inspiración, un cambio, un escape, pero resulta difícil ver que ven en el otro como individuos.


La banda sonora se presta al mismo juego narrativo, mostrando las diferencias entre los dos personajes: las canciones de Cathy en la primera mitad son baladas con mucho de nostalgia y melancolía, con una orquestación tradicional basada en cuerdas acústicas y piano; mientras que las de Jamie son con una influencia de jazz y blues, con un ritmo más movido, apoyado en la percusión y las cuerdas eléctricas; pero en la segunda mitad, sin llegar a intercambiarse del todo, los números de ella se vuelven un poco mas frenéticos, y los de él se aproximan a la balada. En cuanto a canciones individuales, creo que las de Jamie son ligeramente superiores, en particular "Moving too fast", "The Schmuel Song" (quizá la mejor a un nivel de composición y temático), y "If I didn't believe in you" (una canción pasivo agresiva en la que es fácil entender al intérprete, pero es lo que más se acerca a un tema de villano). Del lado de Cathy, "Still hurting" es un gran opening, y creo que refleja muy bien el dolor y las imaginaciones que lo invaden a uno cuando vive una ruptura de decisión unipersonal y "A part of that" es un número con la que tengo una relación íntima: fue la primera canción que alguien me dedicó, pero lo que significa para mí ha cambiado radicalmente, y no me parece correcto dar los detalles. Finalmente, la última canción "Goodbye until tomorrow/I could never rescue you", la segunda y ocasión final en la que ambos personajes cantan simultáneamente, lo considero un gran cierre para una historia agridulce, si no es que trágica.


La primera vez que vi este musical, tenía miedo de que mi futuro fuera el de Jamie, pero al momento de escribir estas líneas, es mucho más fácil para mí caer en la tentación de identificarme con Cathy. Sin embargo, si antaño pecaba de ingenuidad (la razón por la que no disfruté la historia por primera vez), ahora lo veo más como una advertencia, y lo valoro como una invitación a la reflexión, a pensar no sólo en el deseo de una relación sino si se está listo para tener una, y los motivos para buscarla.


  • Año de estreno: 2002 (Off-Broadway)

  • Letras: Jason Robert Brown

  • Música: Jason Robert Brown

  • Libreto: Jason Robert Brown

  • Dirección: Daisy Prince

  • Elenco original (Off-Broadway)

    • Sherie Rene Scott (Cathy)

    • Norbert Leo Butz (Jamie)




Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío



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1 comentario


Interesante y profundo análisis del musical, adicionado de la parte personal e intíma. Sería genial si en le futuro se incluyera, en caso de existir, alguna liga o plataforma en el que se pudiera ver la obra.

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