Tartamudo
¡Bienvenidos pasajeros! Aunque varias veces he hablado de películas cortas en este espacio, casi siempre han sido animadas; y no estoy seguro de la razón, quizá por que suelen tener más visibilidad que las live-action, al ser populares tanto en cines como en servicios de streaming. A menos que me falle la memoria, sólo he recomendado en el blog un cortometraje live-action, y en parte se ha debido a mis propios huecos culturales, pues no es una presentación con la que esté familiarizado. En la medida de lo posible, tengo la intención de ver más de estos cortometrajes, y decidí comenzar con uno que descubrí por accidente, leyendo la filmografía de su actor protagónico.
Escrito y dirigido por Benjamin Cleary, el corto Stutter de 2015 fue producido por poco más de cinco mil libras, y contó con la actuación de Matthew Needham (Greenwood Carsen), Chloe Pirrie (Ellie Parks) y Eric Richard (padre de Greenwood). Pese a no conseguir una difusión masiva, gozó de reconocimiento en el circuito de festivales y ganó el premio Oscar al Mejor Cortometraje live-action.
De sólo doce minutos y veinte segundos; el cortometraje muestra un momento (quizá una semana) en la vida de un tipógrafo con un severo problema de tartamudeo; mientras intenta resolver problemas y decidir si está preparado para conocer en persona a la que ha sido su pareja por los últimos seis meses.
A nivel técnico, el corto me parece muy bien dirigido, con Cleary escogiendo con mucha precisión qué revelar a la audiencia y que no; alternando entre enfoques cercanos (como la primera secuencia), y tomas más amplias que en su conjunto permiten mostrar las dos facetas del personaje: su soledad y sus barreras internas, muchas de ellas auto impuestas. El guion también es sumamente efectivo pues, al estar consciente de su duración, respeta la inteligencia del espectador y le da la oportunidad de inferir muchas cosas, en lugar de perder minutos con demasiada exposición.
Salvo una o dos tomas aisladas, todas las escenas incluyen a Matthew Needham, y su interpretación es excelente, pues se compone de facetas distintas; pues el guion deconstruye a Greenwood en tres personajes: el tartamudo, que le exige al actor complementar el casi nulo diálogo con expresividad y corporalidad; el hombre que chatea en línea, donde se puede observar mejor su sentido del humor; y el monólogo interno, que logra combinar cinismo y anhelo de forma orgánica. Normalmente no me gusta cuando una película depende de la narración en off, 'pero en esta historia fue la decisión correcta, pues es presentada de una forma interesante (gracias a una excelente mezcla de sonido) y en combinación con la actuación silenciosa de Needham, ofrece información que la narrativa no hubiera podido comunicar de otra forma: por una vez, es una herramienta para fortalecer la historia y no una muleta. ¿Cuál de las tres personalidades es la verdadera? Probablemente aquella de los mensajes, pero la combinación de las tres es un ejemplo evidente de la complejidad del ser humano, y lo errado de hacer juicios superficiales.
Los personajes secundarios tienen menos que hacer, pero creo que complementan de forma impecable el viaje del protagonista, y redondean su caracterización: por un lado, me impresiona que el guion pudiera dotar de personalidad a Ellie, el interés romántico, mucho antes de su única escena en pantalla, recurriendo únicamente a mostrar sus mensajes en una pantalla. Por otro lado, creo que la inclusión del personaje del padre es clave para proporcionar esperanza al espectador para el protagonista: aunque pueda parecer seco y un poco distante, es claro que es el grupo de apoyo de Greenwood, brindándole apoyo en una emergencia y proveyendo una interacción social estable y segura, al extremo que es la única persona con la que el personaje principal, aunque sea de forma pausada, se atreve a hablar en voz alta.
El corto tiene un buen sentido del humor, que logra reforzar el contenido temático: si bien es divertido que el protagonista aprenda lengua de señas para no tener que hablar, la primera vez que la utiliza con otro personaje deja en claro que no es una herramienta de comunicación, sino una evasión del problema (aún así, es fácil empatizar con él, y aunque el se llama a sí mismo experto en autocompasión, que su primer instinto cerca del final sea detener una pelea es muestra que tiene más virtudes de las que él mismo se da crédito. Aunque la película está mucho más enfocada en personaje que en trama, la estructura es impecable, y el giro final es grandioso, logrando incorporar múltiples elementos de la historia en una resolución satisfactoria.
A nivel temático, la película corta es una que, pese a no conocerla hasta este año, resultó profundamente personal para mí: Greenwood tiene un impedimento físico evidente, pero muchos de sus problemas de comunicación (incluyendo la dificultad para enfrentarse a trámites y atenciones impersonales, algo con lo que puedo empatizar), se deben en gran medida a sus propias inseguridades, más que al tartamudeo. De esta manera, el problema lingüístico se convierte en una metáfora para todos aquellos a los que nos cuesta la interacción social, y que pese a anhelarla profundamente, sólo nos sentimos en verdadera seguridad a través de mecanismos indirectos y/o impersonales (en esa línea de pensamiento, que refrescante fue ver una narrativa en la que las redes sociales son planteadas como una herramienta positiva, y no la fuente de engaños y toxicidad en la que tristemente es cada vez más común verla convertida). ¿Qué se requiere para poder expresar nuestra verdadera personalidad, con seguridad y confianza? El cortometraje acierta al no dar una respuesta concluyente, pues el viaje de cada quien es distinto, pero sirve como un recordatorio de la importancia de intentarlo, de no dejarse dominar por los obstáculos externos (y mucho menos los internos), así como confiar en que, con voluntad y un poco de valentía, tarde o temprano llegarán las personas que necesitamos.
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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