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Tres poemas de García Márquez

¡Bienvenidos pasajeros! La publicación de hoy no será un análisis. Si he de ser sincero, quedé agotado por El amor en los tiempos del cólera, y no creo que esta semana pudiera hacerle justicia a cualquier texto que eligiera reseñar a continuación. Entonces ¿qué tengo para presentarles?


Consideren la publicación del día de hoy un epílogo a la serie del mes pasado, y una despedida a Gabriel García Márquez, pues dudo mucho que vuelva a cubrirlo, al menos en el corto plazo. Aún quedan muchas novelas y ensayos, un puñado de antologías de relatos e incontables trabajos periodísticos, y reflexionando, me he dado cuenta que el escritor colombiano ha sido la única constante en mi formación literaria: una novela suya es la favorita de mi papá; otra, una muy cercana a mi madre. En primaria, parte del currículum fue "Un señor muy viejo con unas alas enormes"; en secundaria "Crónica de una muerte anunciada", en bachillerato "Noticias de un secuestro", y así sucesivamente.


Sin embargo, un dato poco conocido es que el escritor inició su carrera con aspiraciones poéticas, y aunque pocos sitios hacen referencia a ellos (Wikipedia lo ignora por completo, la mayoría de las páginas institucionales mencionan un máximo de cuatro), García Márquez escribió, hasta donde pude rastrear, quince poemas, que estoy casi seguro nunca se han publicado como antología, sólo en revistas o como añadidos a algunas ediciones de sus novelas. Sin embargo, son relativamente fáciles de encontrar en internet, y, sorprendido que el colombiano incursionara en el único género literario que desconocía de él (incluso sabía de su obra de teatro), los leí todos en una tarde; y descubrí en ellos una fuerte influencia del siglo de oro español y el modernismo latinoamericano, resultando en obras que tienen rimas clásicas pero que experimentan con la métrica.


El día de hoy, les presento los tres que más resonaron conmigo, en orden cronológico.


Soneto casi insistente en una noche de serenatas (1945)

La gran mayoría de los poemas tempranos de García Márquez tienen que ver con el amor, sea este no correspondido, la maravilla del amor juvenil o la melancolía del amor perdido. Este soneto, forma que ya hemos analizado en este espacio, que muestra de forma casi obsesiva el anhelo del amor por el amor mismo, es para mí, de todas las composiciones románticas del poeta, la que mejor logra el equilibrio entre lo mundano y lo extraordinario.


Quisiera una mujer de sangre y plata.

Cualquier mujer. Una mujer cualquiera,

cuando en las noches de la primavera

se oye a lo lejos una serenata.


Esa música es alma. Y aunque no fuera

verdad tanta mentira sería grato

el saber que su voz siempre retrata

el corazón de una mujer cualquiera.


Quiero querer con música. Y quiero

que me quieran con tono verdadero

Casi en azul y casi eternamente.


Será porque ese ritmo me arrebata,

o tal vez porque oyendo serenatas

me duele el Corazón musicalmente.


Poema desde un caracol (1947)

El más clásico de los tres poemas seleccionados, en cuartetos eneasílabos, me llamó la atención por la fascinación que yo mismo siento por el mar, y que el autor utilizó como recurso para explorar la nostalgia y la memoria.


Yo he visto el mar. Pero no era

el mar retórico con mástiles

y marineros amarrados

a una leyenda de cantares.


Ni el verde mar cosmopolita

—mar de Babel— de las ciudades,

que nunca tuvo unas ventanas

para el lucero de la tarde.


Ni el mar de Ulises que tenía

siete sirenas musicales

cual siete islas rodeadas

de música por todas partes.


Ni el mar inútil que regresa

con una carga de paisajes

para que siempre sea octubre

en el sueño de los alcatraces.


Ni el mar bohemio con un puerto

y un marinero delirante

que perdiera su corazón

en una partida de naipes.


Ni el mar que rompe contra el muelle

una canción irremediable

que llega al pecho de los días

sin emoción, como un tatuaje.


Ni el mar puntual que siempre tiene

un puerto para cada viaje

donde el amor se vuelve vida

como en el vientre de una madre.


Que era mi mar el mar eterno,

mar de la infancia, inolvidable,

suspendido de nuestro sueño

como una paloma en el aire.


Era el mar de la geografía

de los pequeños estudiantes,

que aprendíamos a navegar

en los mapas elementales.


En el mar de los caracoles,

mar prisionero, mar distante,

que llevábamos en el bolsillo

como un juguete a todas partes.


El mar azul que nos miraba,

cuando era nuestra edad tan frágil

que se doblaba bajo el peso

de los castillos en el aire.


Y era el mar del primer amor

en unos ojos otoñales.

Un día quise ver el mar

—mar de la infancia— y ya era tarde.


Si alguien llama a tu puerta (1954)

Uno de sus últimos poemas antes de transicionar a la narrativa; originalmente se publicó sin título, Otro soneto, quizá el más sencillo tanto en estructura como en temas; en esa simpleza es donde radica su efectividad, pues encuentro muy bello su mensaje de esperanza incluso en los momentos de tristeza.


Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,

Y algo en tu sangre late y no reposa

Y en su tallo de agua temblorosa

El surtidor florece su alegría.

 

Si alguien llama a tu puerta y todavía

Te queda tiempo para ser hermosa,

Si aún existe la arteria de la rosa

Para tomarle el pulso a la poesía.

 

Si alguien llama a tu puerta una mañana,

Sonora de palomas y campanas

Y aún crees en el dolor de la alegría;

 

Si aún la vida es verdad y el beso existe,

Si alguien llama a tu puerta y estás triste

Abre que es el amor, amiga mía.




Hasta el próximo encuentro...


Navegante del Clío









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1 comentario


raul221063
hace 3 días

Mi favorito, el del mar.

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