Xantolo
En un pueblo de la huasteca veracruzana
Dice la leyenda que antaño el día de los difuntos era frío y triste; al punto que el día parecía gris, pero un atardecer un extraño enmascarado se apareció en el panteón, acompañado de música que nadie sabía de donde venía, bailando sobre las tumbas. Los que lo vieron corrieron a esconderse, pero pronto se armaron con palos y piedras para ahuyentar al espíritu. Estaban liderados por el sacerdote, quien le preguntó al aparecido:
—¿Quién eres? ¿Qué quieres?
—Soy Xantolo —respondió— y no deben temerme, pues he venido del otro lado para decirles que no deben estar sombríos ni decaídos, pues la muerte no es razón de tristeza, sino todo lo contrario. Si quieren honrar a aquellos que han partido, háganlo con danza, alegría y gozo.
Dicho eso, el extraño tocó un cuerno de vaca, y con él invocó a otros espíritus enmascarados, que bailaron con tal alegría que los habitantes de aquel pueblo pronto se sumaron a la fiesta, hasta mucho después de que se pusiera el sol, pues recordaron que aquel no era un día de luto, sino de recordar con alegría a los que partieron. Xantolo y su comparsa pronto desaparecieron, pero la tradición quedó viva, y los habitantes contaron esta historia a sus vecinos de pueblos cercanos: los músicos compusieron nuevas melodías y los artesanos construyeron máscaras para emular a aquellos que les enseñaron el baile.
¡Bienvenidos pasajeros! Ingenuamente había pensado que, con una agenda más libre; no volvería a quedarme sin tiempo para escribir; pero el día de ayer, entre escribir el musical del mes, planear un evento, procesar una noticia inquietante y vivir un duelo; me quedé sin tiempo para escribir. Sin embargo, de todos los inconvenientes se puede obtener algo valioso, y en este caso fue constatar, obligado por la necesidad, que sí soy capaz de escribir historias muy cortas; de un minuto de lectura de acuerdo con mi procesador de textos, cuando quiero; aunque lo normal es que me extienda más de lo que quisiera.
Si he de serles franco, no adapté esta pequeña leyenda para Navegante del Clío, sino para un evento en mi trabajo, que durante dos meses ha agotado todas mis energías, pero que por fin se presentó con resultados más satisfactorios de lo que esperaba: tras semanas de prácticas y ensayo, un grupo de profesores y yo le presentamos a alumnos de bachillerato una cuadrilla de Xantolo, pero los organizadores, además de mi participación en la coreografía, me pidieron una pequeña investigación que sirviera como introducción. Para contextualizar un poco más a aquellos que no estén familiarizados con esta tradición de día de muertos, y para que el día de hoy no tengan una entrega tan breve; me permito anexarles una versión del texto que se presentó el domingo pasado, con la esperanza de que despierte su curiosidad.
El Xantolo es una fiesta que combina la tradición y ritos de la Huasteca, región que incluye partes de Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Tamaulipas, Puebla y Querétaro con elementos católicos traídos de España, en una muestra de sincretismo cultural, desde 2008 reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su nombre viene del náhuatl xantolon, que a su vez es una derivación del latín Sanctorum, por lo que vendría a significar fiesta de todos los santos; en una ceremonia que es festiva, pero también reverente, pues el baile, aunque alegre, busca honrar la memoria de los antepasados.
La celebración inicia el 29 de septiembre, día dedicado a San Miguel Arcángel, quien concede permiso para realizar esta gran fiesta y bendice la comparsa, cuando se elige a los personajes realiza el ritual de la bajada de máscaras y se colocan arcos de caña en hogares y lugares públicos para abrir las puertas entre el cielo y el inframundo, que los huastecos llamaban Mictlán, pues el baile de Xantolo tiende un puente entre los dos mundos. Las máscaras del Xantolo se reutilizan año con año, guardadas en el tapanco de las casas. El día de la primera ofrenda, se deben restaurar, volver a pintar, limpiar física y espiritualmente con copal, incienso, rezos y dependiendo de la región, aguardiente, colocándolas en un altar antes de que se les permita a los danzantes tomarlas e integrar las cuadrillas.
Una segunda ofrenda, realizada el 18 de octubre en honor a San Lucas, incluye la finalización de altares con chocolate, pan y otros alimentos, dedicado a las almas olvidadas que no tienen quien las espere en el mundo de los vivos, así como aquellos que hayan muerto en desgracia, con violencia o deudas, para que encuentren la paz que les falta. Junto a los arcos se colocan siete travesaños representando los siete ríos del inframundo, y se construyen senderos de pétalos de cempasúchil y velas para iluminar el camino.
La fiesta principal del Xantolo empieza el 30 de octubre, cuando se construye el altar principal, adornado de flores y se colocan por primera vez los trajes; para recibir a las almas de los niños el día 31. La mayoría de las comparsas bailan el día 01 de noviembre, cuando las ánimas de los adultos cruzan a nuestro mundo, realizándose las ofrendas finales en los panteones el 2 de noviembre. Sin embargo, los arcos permanecerán colocados hasta el 1° de diciembre, el día de San Andrés, cuando se tumban de forma ceremonial y las máscaras vuelven a guardarse.
Aunque los personajes que bailan varían en región en región, hay cuatro que siempre deben estar presentes:
El vaquero: Representa a Xantolo, el guía espiritual, dirige la comparsa y a las ánimas de los muertos con el sonido de su cuerno. Es signo de autoridad y trabajo.
La muerte: Encarna el aire y lo impalpable, nos recuerda el fin inevitable de la vida terrenal, pero también el inicio de la espiritual, invitándonos a valorar cada momento.
El diablo: Símbolo del fuego, la tentación y la transgresión nos recuerda nuestra fragilidad, y la importancia de luchar contra el mal, pero con un poco de picardía.
La mujer embarazada: Representante del ciclo eterno de nacimiento y renacimiento, su fertilidad da esperanza de un futuro mejor.
Hasta el próximo encuentro...
Navegante del Clío
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